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JUVENTUD ESPAÑOLA.
POR EL LICENCIADO
B0n 3mn Mamá BüíU&Uyo^^
filíelo correspondiente de las reales academias de
medicina y cirugía de Cádiz, Sevilla y VaUa-
dolíd. Médico segundo del real colegio de sordo-
mudos de esta Corta.
TOMO IV.
Labor imp robus omnia <^encif^
El trabajo continuo io vence todo.
♦'
MADRID :
IMPRENTA QUE FUE PE BUElNO CALLE DEL CARMEN.
aí:o TO i>R iv34.
•*■«
Un año ha transcurrido desde que
principió á publicarse la Minerva de la
Juventud^ y desde su primer número ya
se conoció la importancia de este pensa-
miento ^ útil aun antes de ser agradable^ y
el vacío que llenaba en la educación de la
juventud. Los sucesos han correspondido
á las esperanzas^ y se me puede hacer la
justicia de que no he omitido medio para
conseguir el doble objeto que me habla pro*
puesto, instrucción y placer^ estudio sin
fatiga^ diversión y utilidad. He ido paso á
paso proporcionando á mis lectores todo lo
que podía serles útil y agradable. He to-
mado á la infancia de la mauo , y á mi la-
do siempre ha visto que mi lenguage esta-
ba á su alcance, que mi enseñanza care-
cia de aquellos perniciosos resortes era-
{>leados por algunos autoies para cautivar
a atención.
Entonces la infancia se ha entregada
enteramente á mí, n^^i ha escuchado con
favorable sonrisa , y aun dejando á veces
«US mas amables juegos..
(4)
¿De qué he hablado yo á los jóvenes?
Les he hablado de la vida común, de la so-
ciedad que les es propia. He desterrado de
las páginasde la Minerva pinturas de ocio-
sidad , no se han visto en ella niñas ele-
gantes á los seis años como lo son á los
diez y ocho, ni jóvenes raciocinando á los
doce como lo son á los veinte. He escrito pa-
ra todos los niños y no para algunos en par-
ticular. Este es el periódico de todos los ni»
ños, en el que se les habla teniendo presen-
tes las fuerzas, las necesidades, el talento y
su edad, y esto es un gran triunfo y he aqui
mi mayor felicidad. Despertar el primero en
estos tiernos corazones los sentimientos
honrado?, hablarles de virtud ^ de patria y de
honor. ¡Qué triunfo! y luego pasar de ahi á
los elementos de las ciencias y de las artes.
¡Qué satisfacción!
Esto es lo que he hecho hasta la pre-
sente, y por ello se puede congeturar lo
que practicaré en lo sucesivo , de lo que
sale garante la exactitud con que llevo cum-
plidas mis promesas. El segundo afio de la
Minerva será aun masinteresante é instruc-
tivo que el primero, pues aun tío he po-
dido realizar el vasto plan que habia con-
cebido. Sin olvidar á los que empiezan es-
(5)
te año á leerla , me íre elevando progresiva-
mente con mis antiguos áuscrltores á co-
sas mas sublimes, considerándolos ya en
mas dilatada esfera. El esmero en la im-
presión acompañará á la variedad de ma-
terias, y adexnas de las láminas mensuales
se añadirán otras cuando lo exija el asunto
ó sean conducentes á aclarar la esplicacioa
de algún pasaje. En .fin, ninguna mejora
se omitirá: en esta colección hallará su lu^
gar todo lo que sea bueno , y todo lo qu^
sea útil, pues ningún género de interés
quiero que falte á la Minerva de la Juven-
tud Española.
(«)
imm
Agosto en latín Jugustus de Au-
gusto que le dio su nombre , y de don-
de proviene el nombre de Agosto en cas^
tellano. Ceres era en Roma la divinidad
tutelar de este mes, durante el cual se ve-
rificaba la siega en toda Italia, Diana y Ver-
tumno presidian al dia de los Idus, y se
celebraba la fiesta de los esclavos en me-
moria de que Servio Tulo, hijo de una es-
clava, había nacido este dia. La fiesta de
los perros se celebraba también en el mes
de agosto, crucificando uno de estos ani-
males en memoria de que no se habian
dispertado ni ladrado cuando los galos sor-
prendieron el capitolio. En Inglaterra el
primer dia del mes de agosto, que es la fies-
ta de san Pedro-es-lie ns, se llama Semmas-
dajy es decir , dia del cordero ; probable-
mente á causa de una costumbre que habiá
antiguamente en el condado de Yorck : to-
dos los que poseian tierras de la iglesia ca-
tedral , estaban obligados á llevar en este
dia al tiempo de la misa mayor un corde-
ro para la ofrenda. En el número de los
(7)
fenómenos físicos, cuyo espectáculo se re-
nueva todos los años en el mes de agosto,
figura el de los efémeros^ insectos rnaravillor
sos que nacen, se reproducen y mueren en
el espacio de una sola noche. Aristóteles ya jM
habló algunas palabras, y Suammerdam ha
escrito la historia de este pueblo, cuya exis-
tencia es tan corta luego que ha llegado á
su estado perfecto de insecto , y que en-
cuentra su cuna y su sepulcro por lo regu*
lar en las orillas del Rin, del Marne y dtl
Sena.
LOS SEGADORES.
Asi que la aurora de la mañana espar-
ce, sin ser notada, una dudosa claridad por
los fecundos campos, los segadores se co-
locan en orden cada uno al lado de su que-
rida para aliviar sus fatigas y mitigar su
trabajo con dulces servicios. Se bajan to-
dos á una, y las gavillas van engruesan-
do entre sus manos, engañando las largas
horas y el tiempo caluroso con chanzas
campestres y dichos alegres. El amo llega
el último, sus miradas se dirigen por to*
das partes , y testigo de la abundancia de
(8)
Sil coseclia , su corazón puede apenas con-
tener la alegría. El rastrillo recoge loses*
pareidos restos de sus tesoros, y los espi-
gadores se esparcen por todas partes. ¡Oh:
vosotros labradores ¡^evitad la estreñía ava-
ricia, y dejad caer de vuestras manos al-
gunas espigas en ofrenda á la caridad y re-
conocimiento á aquel que enriquece vues-
tros campos. Vuestros semejantes, priva-
dos de lo necesario , vienen detras como
los pajaritos del aire, y piden humilde-
mente S.U porción. Considerad que la in-i
constancia de la fortuna puede obligar al-
gún dia á vuestros hijos á pedir ellos mis-
mos lo que hoy dais con tanta escasez y re-
pugnancia.
1 347. Toma de Calais por Eduardo III
Rey de Inglaterra.
Eduardo vencedor en la batalla de
Crecy , vino á poner sitio á la ciudad de
Calais, tratando de procurarse un es table-^>
cimiento en Francia , y -abrirse comunica-
ción con el conde de Ponihier. Juan de
Viena, gobernador de Calais, tenía á sus
órdenes una guarnición numerosa y todos
los habitantes estaban llenos de valor y de
(^ejdfdíceé un^ d¿a;éyoraíce od eét^cm^ rejerva/a^ó mMcmu í?&vaó y aowreó.
(?)
celo. Rechazaron con tanto vigor varios a-
taques, que Eduardo se vio precisado á
cambiar el sitio en bloqueo. Su campo si-
tuado entre la ciudad, el rio de Maye y
el puente, se hizo una verdadera ciudad
circuida de reductos, fosos y torres que
ponían al abrigo de toda sorpresa. El go-
bernador amenazado por el hambre hizo,
salir por primera vez mil setecientas per-
sonas entre ancianos, mugeres y niños, á
los que Eduardo acogió con benignidad
permitiéndoles que atravesasen su campo..
Algunos dias después hizo por la misma
causa salir otras quinientas personas, pero
esta vez , habiéndolos Eduardo negado el
paso, perecieron de hambre, de frío y de
miseria. En vano el Rey de Francia, Fell-
lipe de Valois 5 procuró librar á Calais ofre-
ciendo á Eduardo la batalla y aun comba-
te personal; la retirada de este príncipe
llenó á los ciudadanos de consternación y
él gobernador resolvió capitular. El rei
Eduardo habia pronunciado la sentencia^
de que todos habian de morir porque ha-
l)¡an muerto muchos de los suyos, mas
á vista de las representaciones de Manny,
enviado por el gobernador i, se limitó á pe-;
dir que le entregasen seis de los principa-
{.o)
les ciudadanos con la cabeza descubierta
y un cordel al pescuezo. Luego que se su-
po en Calais este terrible decreto, enme-
dio de la consternación general se presentó
Eustaquio de S, Fierre y dice: ^'No dejaré
perecer á mis conciudadanos cuando pue-
do salvarlos. Tengo tanta confianza en que
el Señor me perdonará mis culpas si mue-
ro por mi patria, que quiero ser el pri-
mero/' Juan de Aire se colocó á su lado;
los dos hermanos Willant y otros dos ciu-
dadanos, cuyo nombre no conserva la his-
toria , declararon que imitarian su ejem-
plo. El anciano gobernador les entregó las
llaves de la ciudad y los condujo á la puer-
ta de ella, invocando la clemencia de
Eduardo, mas este se mostraba inflexible
hasta que vio arrojarse á sus rodillas á la
reina su esposa, de cuyas lágrimas movida
les perdonó la vida. La reina llevó los pri-
sioneros á su habitación , y después de ha-
berlos convidado á su mesa, los envió bien
escoltados. Al otro dia Eduardo entró en
Calais, y haciendo salir á todos los habi-
tantes, los reemplazó con población ingle-
sa, pasando mas de doscientos años antes
que la ciudad volviese á poder de los re-
yes de Francia*
21 las \ovcnt&.
En el mes de agosto se celebra la íiesfa
(de la Asunción de la Santa Virgen, de
aquella muger sencilla y modesta que ha
sufrido todos los dolores; de aquella muger
tímida y delicada que ha padecido el des-p
tierro , que ha visto morir á su hijo que-
rido y que ha pasado todas las angustias y
penalidades de la vida. María está rodeada
de pena y de amor como todas las mugeres
fuertes; Bendecidla,
En su dia abandonemos el triste re-
cinto de la ciudad y atravesando los deli-
ciosos paseos y frescas arboledas vayamos á
visitarla en su santuario. Su fiesta es cele*^
brada hasta en la mas Ínfima aldea, ya des-
de la madrugada repican las campanas, el
tamboril suena por las calles, el altar se
colma de flores^ cada uno se viste y rego-
cija lo mejor que puede porque es la fies-
ta de María; la fiesta que los hombres han
conservado constantemente. Las demás fies-
tas y aniversarios han pasado, sola esta sub-
siste causando alegría universaL
Jovencitas bendecid á María , ella es
M
siempre nuestro consuelo ; todos se arrodi-
llan delante de ella, vuestros padres la in-
vocan en sus afliciones , y la han invoca-
do en vuestras enferniedades , vosotras es-
tais especialmente bajo su protección. El
soldado que va á la guerra, la implora cu^
bierto de polvo, y el marinero coloca su
imagen en lo alto del mástil batido por los
vientos. Alzad los ojos al* cielo y vedla que
se sonríe con su hijo en los brazos. Es tan
misericordiosa ^nos ama tantoj
La fiesta de María , de esta humilde
muger es tan antigua como el cristianismo.
El mundo no ha estado siempre como le
veis en el dia, antes no habla ciudades po-
bladas ni leyes conocidas, el poderoso opri-
niia al débil, y el rico abrumaba al pobre^
causaba lástima ver á los infelices sobre la
piedra desnuda , tanto mas cuanto que no
habia creencia en Dios ni caridad sobre la
tierra. Mas los infelices humanos fatigados
de verse oprimidos por los fuertes y pode-
rosos , todos los débiles y ios pobres se re-
fugiaron bajo la protección de una muger.
Esta los acogió bajo su poderoso amparo
los cubrió con su manto azul y desde en-
tonces los débiles ya se sintieron fuertes.
María curó todas las dolencias de la huma-
(>3)
niclacl, los imperios y monarcas poderosos
todos han caido después de ella , solo Ma-
ría reina aun en la tierra y en el cielo.
Jovencitas bendecidla ^ ella es el mode-
lo de la nuiger i no de la mnger elegante,
que se atavia , que baila y que pasa su vida
en las fiestas y placeres, sino de la muger
que se oculta que sabe amar y padecer; ella
es un modelo de paciencia, de resignación,
de virtud, de bondad , es el lazo que une
al cielo con la tierra.
Celebrad su fiesta como si fuese una
fiesta de familia , una fiesta inocente y cas-
ta. Conservad este nombre tan puro que
vuestras madres os dan como el mas dulce
de todos los nombres. Haced como la tier-
ra que se adorna, como los cielos que can-
tan , como el templo que se llena de per-
fumes y de oraciones. Sed felices un dia,
que bastantes es quedan de penas y dolores.
Porque vosotras tenéis taiDbien que soste-
ner esta lucha que se llama vida, lucha
oculta y sin gloria, asaltos continuos cuya
recompensa hallareis en vuestra concien-
cia; días de duelo y de turbación en los
qtie es preciso pedir á Dios por los que
lian muerto y consolar á ios que quedan
sufriendo. A3Í estudiad la vida de vuestra
•■;)r
(>4)
santa patrona^^ aprended de ella á ser fuer-
tes por que llegará el caso que necesitéis
todas vuestras fuerzas , corazón , alma,
constancia, trabajo y largas vigilias para
el cunípliaíientó de vuestros deberes. A es-
tos agregareis^ el estudio de aqueílos útiles
conocimientos que embellecen la imagina*
cion. Estudiareis la historia, esta ciencia
de lo pasado para provecho de la futuro,
la poesia , esta creeticia secundaría que con^
duce á la ínraortalidad, las lenguas estran-
geras, este pensamiento y vozí de los^ pue-
blos vecinos , esta grande voz: por ja que
la antigüedad nos ha revelado sus stícesoSy
en fin la música , este eco de las pasiones
inocentes, esta manifestación de los^^ trans-
portes del alma, este encanto de la tierra
que nos acerca á los cielos , siempre la
virtud al lado del talento modelándose unO^
por lo otro y concurriendo al mismo fía
la estimación publica y felicidad de la fa-
milia.
No es mocho lo que os pedímos joven--
seta , sabemos que o» acompañan las dis-
posiciones de mugeres formales, que tenéis
mas inteligencia que vuestros ||ermanos y
que vuestro padre cuando vpietve á casa
05 da en la frente el beso paternal.
(.5)
€1 plan iTí €tmcacion.
Kullum munus reipublic» afferre
mayus , meliusve possumus , quam sí
docemus erujimusque juventutem (Cíe.
orat. 3. in Yerrem),
m padre. Hijos míos , conociendo que
la mayor gloria de un buen padre, es Ja
selecta educación que procura dar á sus hi-
jos ; yo que os amo á vosotros con toda
la ternura de que e» capaz mí corazón , no
he omitido medio alguno de cuantos han
estado á mi alcance, para ampliar y mejo-
rar la vuestra como una base en la que se
han de cimentar vuestra propia utilidad y
bienestar enlazados íntimamente con el ge-
neral de la sociedad. No os he disimulado
falta ninguna de aquellas que pudiéndose
corregir en vuestra juventud , seria impo-
sible desarraigar dejándolas llegar á la edad
madura; conociendo la grande importan-
cia y el desvelo que se merece el cuidado
de vuestra educación, no le he querido
confiar á manos mercenarias, sino que la
he dirigido por mí mismo en cuanto lo
permiten mi instrucción y celo. Ya os he
dado algunas pruebas de él en lo que lle-
vamos transcurrido y tengo el consuelo de
que con vuestra docilidad y aplicación ha*
f,6)
beis correspondlclo enteramente á mis es-*
peranzas. Ahora que feJizmente hemos lle-
gado al primer periodo de nnestras tareas,
y se nos presenta otro segundo que recor-
rer lleno de placeres , quiero que renove-
mos nuestro plan de estudios y oír por
\uestra boca cuántos cuáles sean los cono-
cimientos necesarios para constituir una
buena y completa educación.
Tu Eugenio, como el mayor y mas
forrsial de todos empieza diciéndome cuál
es el primero y mas fundamental conoci-
miento que se debe adquirir.
Eugenio. Papá lo primero que se de-
be aprender según V. nos ha dicho es la
ciencia de nuestra Religión y los pricipios
de moral que de ella dimanan.
EL Padre. Seguramente: porque sería
muy insensato el que tratase de adquirir
alguna instrucción, sin empezar por el
santo temor de Dios que es el principio
de la sabiduría y del acierto en todas las
empresas. Todo descuido en esta parte es
criminal y origen de todos ¡os desórdenes
y reveses cjue se siguen en mayor edad.
Los preceptos y máximas morales tan efi-
caces para corregir los malos resabios y
perfeccionar las costumbres., producen ua
(■7)
efecto maravilloso en vuestra edad cuando
8C inculcan por medio de ejemplos apólo-
gos y cuentecitos que al paso que deleitan
y recrean, instruyen á cada uno de los
deberes que tiene que desempeñar en las
diversas circunstancias de la vida» Las pa-
rábolas de que se valió el divino Salvador,
para hablar á las turbas, serán siempre un
modelo y una prueba de lo que os acabo
de decir.
Vamos á ver Alejandro, prosigue tu
la serie de conocimientos que hay que ad-
quirir.
Alejandro. Hay que saber también la
Gramática y Ortografía para poder hablar
y escribir correctamente , y también la
Aritmética de la que se está usando á ca-*
da paso.
£1 Padre. A la Gríamática deben
acompañar también algunos elementos de
jRetórica que es la que perfecciona el len-
gnage y prescribe el acertado uso que de él
debe hacerse ; abriendo la puerta de las fa*-
cultades mayores á los que intenten seguir*
las. Prosigue Enrique.
Emique. La Historia especialmente
la de nueétro pais debe saberse perfecta-
mente.
(18/
*■ El Padre. Vava que el estadio de la
historia sea completo debe ir acompañado
de la Geografía ó conocimiento del terri-
torio donde han pasado los sucesos; de la
Cronología , que siendo la ciencia de los
tiempos enseña el modo de colocar los he-*
chos en las épocas precisas en que han su-
cedido 5 y se puede añadir también la i?f¿-
tología^ún la cual no se pueden entender
bien los artistas y los poetas. Supuestos los
i'eferidos conocimientos ^ no hay todavía
otros de notoria utilidad que deben hacer
parte de una esmerada educación ?
Eugenio. El Dibujo es una ocupación
tan útil como amena y el conocimiento de
las lenguas es indispensable al que no quie-
ra privarse de las infinitas ventajas que le
puede producir.
El Padre. La lengua Francesa mere-
ce la preferencia , no solo por haberse es-
tendido generalmente en estos últimos años^
sino también porque la han ilustrado con
su pluma autores famosos. En la elección
de estos autores es. preciso un poquito de
discernimiento , pues no siempre la fama
•va fundada en aquello que mas debiera
contribuir á ella.
Isabel p contiaúa tu ahora con lo que
('9)
resta y mas particularmente con las ocupa-
ciones que os son peculiares.
Isabel. Una joven de mérito debe saber
bailar con garbo, y cantar con gracia , si
quiere sobresalir y no hacer un papel ridi-
culo en las reuniones.
£l Padre. Bueno está eso, y mas si se
añaden los principios de Urbanidad y
buena crianza ; pero no son esas las princi-
pales ocupaciones de una joven. Me parece
que ya os he dicho en otra ocasión que
esos son adornos que deben ceder la prima-
cía á las cosas de utilidad real y de aplica-
cacion inmediata en el seno de la sociedad
donde estáis destinadas á vivir. El baile so-
lo se luce un poco en la juventud, no se
hace casó de él en la edad madura y es in^
útil en la vejez. Tocante á la música , ya
es otra cosa, pero siempre debe ser prefe-
rida la instrumental á la vocal, porque si
se desmejora tu yoz por raro accidente,
siempre te quedará tu piano ó tu guitarra.
Eugenia. Tampoco olvidamos nosotras
las principales obligaciones de una muger
como son el gobierno de una casa y las la-
bores de costura , planchado y demás.
£1 Padre. Eso es lo que yo quiero que
no perdáis de vista la importancia de estas
igaciones que á pesar que no se llevan
las atenciones del gran mundo, son mucho
mas preciosas que las primeras. En primer
lugar, traen la ventaja de la economía y de
la independencia que proporciona el no
necesitar de nadie para el desempeño de
vuestros quehaceres, y el segundo, que aua
dado caso de que vuestra posición os exi-
ma de intervenir en ellos, siempre podréis
juzgar y apre>ciar debidamente el trabajo
de los demás. Otra de las cosas que yo haria
entrar como parte muy esencial en la edu-
cación de una muger, es el cuidado de los
enfermos^ atendido que han de ser algún
dia esposas y madres de familia y que na-
die hay en el mundo que desempeñe me-
jor que las mugeres el cargo de enfermera:
una cosa me parece que se nos ha olvidado.
Enrique. Me parece que ya sé yo lo
que es.
£1 Padre- Pues vamos á ver como lo
dices.
Enrriqzc. No nos hemos acordado de
lo que tenemos que aprender tocante á
Historia naturaL
El Padre* La has acertado ; y con mu-
cha razón exijo de vosotros este conoci-
mieato, por que no hay estudio que nos
manifieste mejor el esplendor y sabiduría
del Criador. Nos hace njodestos al ver las
asombrosas facultades de ciertos anímale?,
y bondadosos al observar las ventajas que
casi todos nos proporcionan. Ademas que
vosotros ya sabéis cuan aijieno es este estu-
dio y lo adecuado que es á satisfacer vues-
tra natural curiosidad,
Tal vez os parecerán desmasiados tan-
tos conocimientos como hago entrar en
nuestro plan de educación ?.... ¿Eh ?;::: ^Qi\é
es esto: no respondéis?
Eugenio. Ño habrá cosa por difícil y
complicada qtie sea , que nosotros no em-
prendamos gustosos, por nuestra propia
instrucción y dirigidos por un padre tan
bondadoso como V.
JE I Padre. No esperaba yo una res-
pneéta menos caballeresca de Eugenio. Ad-
vertid hijos raios, que no todo se ha de
hacer en un dia , y que el mismo anhelo
que tengo por vuestra felicidad , es el que
me anima á no omitir nada de cuanto pue-
da contribuir á vuestra ilustración. Me
consta que bajo un plan de estudios bien
arreglado, bien podéis adquirir simultánea-
mente on vuestros tiernos años una buena
educación de la que pende indudablemen-
(22)
tela {elicvdad de vuestra vida y que os
facilite la entrada y progresos en las facul-
tades que intentéis seguir. Por el método
que hemos seguido hasta ahora ^ podéis juz-
gar del que seguireniós en lo sucesivo. No
hay dificultades que ño venza un ardiente
deseo de saber V acompañado de un asiduo
trabajo. Yo me felicito al ver en vosotros
tan felices disposiciones^ por lasque presu-
mo qué llegareis á perfecciotiar vuestra
educación hasta elevarla á aquel grado que
yo me he propuesto yy al que os hace acree-
dores vuestra docilidad y aplicación.
F. F. nilabrille.
(a3)
LOS CANGREJOS.
ío&e<
Fábula.
Un sagaz cangregillo
hubo de reparar,
que su linage anclaba
contra lo natural.
Pregúntale á su padre
cangrejo ya de edad ,
el fundamenro ó causa,
de absi^do tan tenaz.
¿ Qué ba de ser ? responde
! buena curiosidad !
Porque asi los mayores,
lo dispusieron ya.
Mis padres, mis abuelos
andaban hacia atrás,
y en mi ascendencia toda
fue esta práctica igual.
Yo cuando vine al mundo
solo vi recular,
(H)
rcculanclo he vivido^
reculo y no sé roas.
Pues que lo hacían ellos,
muy bien hecho se está,
cangrejos tan sesudos
no pudieron errar.
^^Tales son las respuestas>;
f>que á sus rivales dan
í>\os rancios profesores
»>d€ cada facultad/^
%.
(»5)
EDUARDO Y FLORENTINA.
Ó LOS FRUTOS t)R LA PEÍLRZ A.
Negocios particulares obligaron al pre-
ceptor de Eduardo y Florentina á dejarlos
eolos por algunos dias ; mas como quería
que estubiesen ocupados durante su ausen-
cia, designó á cada uno la tarea que habian
de tener hecha á su vuelta para que no pa-
sasen el tiempo en la ociosidad. Los do$
niños hicieron muchas promesas á su maes-
tro asegurándole no quedar ia descontento
de ellos.
Asi que cstubleron solos, Eduardo pro^
puso á Florentina que fuesen á dar un pa-
seo diciendo: ^^Hoy es imposible estudiar^
gocemos de nuestra libertad ; mañana nos
levantaremos muy temprano y recobrare-
mos el tiempo perdido.,, En consecuencia
salieron y no volvieron hasta la hora de
comer; lo restante del dia se estuvieron di*
virtiendo en el estanque de su padre pa-
seándose en la barquilla. Se acostaron con
la resolución de levantarse de madrugada,
y para esto encargaron á un criado que les
despertase, mas después que este les avisó
(.6)
á las cinco de la mañana se volvieron á
dormir y ya eran las nueve antes que hu-
biesen salido de la cama. Mientras que es-
taban desayunándose en una sala baja llegó
á la ventana un pobre ciego tocando el vio-
lin y pidiendo una limosna. ^^Hermana di-
jo Eduardo de buena gana bailaría yo si tu
quisieses acompañarme." Florentina con*
sintió y se pusieron á bailan Después de
este ej( rcicio que duró algún tiempo ^ se
fueron á descaiisar al jardin, bajo un verde
cenador y alli se estuvieron distraidos con
unos pajaritos que Eduardo habia pülado
eíi su nido y que se prometía criar; maaí
abandonando el proyecto por la inconstan-^
cid de su edad 5 cuando llegó la noche los
pobres pajaritos ya estaban muertos de
hambre. Después de comer fueron á visitar
á los amiguitos de la vecindad y asi pasa-
ron el segundo día. ¡Oh! dijo Eduardo al
ti empo deirseá acostar estoy determinado á
estudiar mañana y asi voy á poner mi li-
bro bajo de la almoada para cogerle luego
que me despierte.
Florentina hizo lo mismo porque de-
cia que el señor maestro se enfadaría mu-
cho al ver que le habian desobedecido. Lo
peor es que tengo tanto que hacer maña-
"M^iS
(^7)
na^ pnes sino compongo mi vestido tendré
que ir con él todo rasgado.^—^Tues yo, di-
jo Eduardo^ tengo que ir á comprar una
pelota para jugar con mi amigo Pepe. Pues
bien, sino podemos estudiar mañana , lo
haremos al otro dia y una vez que nos pon-
igamos á ello pronto estará concluido, on
Al otro dia y aun al siguiente encon-
traron nuevos pretestos para no estudiar,
por que la mala voluntad siempre halla es-
cusas á su favor y lo va dilatando hasta que
ya no es tiempo de obrar.
Ya hacia una semana que su preceptor
-estaba ausente, cuando una tarde qqe es-
taban jugando delante de la' puerta de su
*casa , le vieron venir á lo lejos; al motnen*
%to se acordaron de su tarea y en lugar de
salirle al encuentro , corrieron á buscar
sus libros ; en vano recorrieron, todas las
piezas de la casa y el cenador del jardín
preguntando á los criados si los habian vis-
to. Después de haber andado toda la casa
fueron á ocultarse á un rincón de la coci-
na para que feu maestro no los encontrase
y allise acordaron que no habian registrado
el gabinete de su padre. Vaa allá poseidos
de la inquietud y lodo lo revuelven libros,
estampas , carteras , mapas 5 hasta no dejar
cosa con cosa. Después de este trastorno
universal dijo Eduardo. Hermano me ocur-
re una idea, cojamos nuestros sombreros y
salgamos sin que nadie nos vea como si
fuésemos á dar un paseo. Vendremos muy
tarde cuando el maestro no pueda tomar-
nos la lección y mañana la estudiaremos
antes que se levante. Cómo, sino tenemos
los libros, csclamó Florentina. No tengas
miedo que ya los encontraremos respondió
su hermano.
Salieron con apresuracion sin que na-
die los viese y se alejaron bastante de la
casa hasta que entrada ya la noche deter^-
minaron volverse á ella. El miedo les hizo
equivocar el camino y cuando notaron su
error ya habian pasado buen trecho de su
habitación que era hacia el fin del otoño y
la noche estaba muy obscura. Ah ! Dios
mió! donde estamos! esclamó Florentina llo-
rando. ¿Qué hemos de hacer? Qué va á ser
de nosotros? ^^Yo no lo sé contestó Eduar-
do mas volvamos atrasas Se agarraron de
la mano y caminaron un poco, bien pron-
to tropezaron y cayeron sobre unos cardos;
se levantaron sollozando , llenos de araña-
zos y empezando á sentir el mal éxito de
susaventuras.
(-9)
Oh! dijo Eduardo si hubiéramos apren-
dido nuestras lecciones, á la hora de esta
nos hallaríamos muy contentos al lado de
papá y mamá. El aire frió de la noche los
incomodaba mucho 5 asi como el hambre
que empezaban á sentir. En esto vieron bri-
llar una luz á corta distancia y cobrando
ánimo se dirigieron hacia ella creyendo ser
alguna casa , mas se engallaron ^completa-
mente. Después de tropezar mucho en la
maleza encontraron que la luz engañadora
era un fuego fatuo de la laguna próxima,
fatigados, medio muertos de hambre y
temblando de frió tuvieron que sentarse
bajo un árbol y alli entre lágrimas y sus-
piros les cogió el sueño quedándose clor»
midos abrazaditos uno á otro.
Durante este tiempo sus padres admi«
rados al ver que sus hijos no volvian en-
viaron criados á buscarlos por todas par*
tes; el maestro salió también con la misma
intención , mas todos volvieron sin haber
descubierto nada, toda la noche estnvieron
de pie derecho, esperando ver entrar á los
niños en cuanto se oia algnn ruido. El pa-
dre no pudiendo disimular su inquietud sa-
lió también á hacer sus pesquisas, mas fue-
ron tan infructuosas c(p^o las de los demás
(3o)
Eduardo y Florentina déspértaí*on al
romper el día, y reconociendo el campo
en que se hallaban , cuál fue su admira-
ción al ver se encontraban á tres cuartos
de legua de su casa ? Acordándose de los
sucesos de la víspera, al instante se pu-
sieron en camino, y á las siete de la ma-
piaña llegaron á la casa de su padre. Al mo-
mento que los divisaron todos les salieron
al encuentro, abrazándolos con estrema
alegria , mas apenas entraron en su casa ,
cuando su papá les píeguntó por qué ha-
bían estado fuera toda la noche. Se queda-
ron indecisos y mas encarnados que la
grana, mas bien pronto arrojándose á los
pies de su padre le confesaron todas sus
faltas. Este les mandó que se levantasen y
no les habló palabra mientras que duró
el desayuno, mas acabado éste, cogió á ca-
da uno de su mano y los llevó á su gabi^
nete, donde vieron todo el desorden que
habían hecho, sin que les hiciese ninguna
reconvención; lo que causó mas senti-
miento á los nuios que si los hubiera re-
gañado mucho. Son mas sensibles las re-
convenciones que uno se hace á si pro-
pio, que las que recibe de los demás, y
íes parece á los niños que con la repren-
(3i)
sion se expía la falta que han cometido.
Vueltos á la sala , su padre les hablo
así «Aunque yo esté muy disgustado por
la pereza que os ha ocasionado tantos tor-
mentos , sin embargo no os castigaré por-
que veo que estáis arrepentidos ; mas no
puedo dejar pasar esta ocasión sin daros
tin consejo que os haga evitar en lo suce-
sivo las faltas en que habéis caido. Decís
que vuestra intención no era de omitir la
tarea, sino de dejarla para el otro dia , y
esto es decir que no estabais del todo re-
sueltos á no cumplir con vuestros debe-
res. Conociendo que desobedeciais á vues-
tra maestro, no habéis querido cumplir-
los, procurando hallar placer en dejar pa-
ra mañana lo que debiais hacer hoy: mas
confesad ingenuamente que si habéis teni-
do algún placer ha sido mezclado con tal
inquietud , que casi os privaba de él en-
teramente»^' Verdad es papá ; respondie-
ron los niños. — El padre continuó. - -^'De-
jando vuestra obligación de un dia para
otro, habéis encontrado un aumento de
dificultades, y cada vez mas irresolución
y mas pereza. Para evitar el sor desculñer-
tos habéis recurrido á un medio muy ma-
lo^ y los inconvenientes que os han re^ul-
(3.)
fado son demasiado recientes para que yo
los renueve , y espero no me pondréis en
iel caso de recordároslos.-*- Nosotros lo pro*
metemos papá "dijeron los niños"-- Cuen*
to con esta promesa, mas sin embargo 03
voy á pintar las consecuencias de vuestra
pereza, consecuencias que vosotros no co-
nocéis. Perdiendo el tiempo, empleándo-
le de ese modo, habéis ofendido á Dio»
con vuestra conducta , y habéis causado
angustias mortales á vuestra madre y á mi.
Ignorando lo que os habla sucedido, mas
siempre creyendo lo peor como sucede á
los buenos padres, hemos pasado toda la
noche entre los horrores de una conster-
nación é inquietud mortal. Vosotros que •
reis reparar vuestras faltas ¿no es así? — Si
señor, papá ^^respondieron los niños/^~*
Pues bien ; la única expiación que el cie-
lo puede aceptar y que me será tan grata
como á vuestra madre, es de que no os
volváis á portar de este modo. Estad se-
guros que sino tomáis una sincera y fir-
me resolución , ejecutándola desde la pre-
sente , de perder la indolencia habitual á
que os habéis acostumbrado, nadie puede
calcular la funesta posición en que os ve-
réis colocados, porque la pereza y la ir-
resoluciop son el origen de la mayor parte
de las desgracias de la vida. La primera
expone á los que se entregan á ella, á una
pobreza espantosa sino tienen caudales , y
á perderlos si los tienen por su nacimien-
to: la segunda indica un alma débil, y la
debilidad conduce á cometer faltas de las
que provienen pesares y amargos remordi-
mientos. Para probarme que desde ahora
queréis ser mejores, id á pedir perdón á
vuestra mamá cielos tormentos que la ha-
béis causado , y á vuestro preceptor por
vuestra negligencia. No olvidéis nunca que
es un representante nuestro, y asi le de-
béis el mismo respeto y obediencia.
Eduardo y Florentina hicieron lo que
su padre acababa de mandarles, y vista su
fidelidad en cumplir sus promesas n© tuvo
mas queja de ellos en lo sucesivo.
-r^'
REAL ACADEMIA
DEi CÍENClAá NATURALES.
Con aplauso de todos los profesores de
ciencms inuurales y de todos los aficiona-
dos á sü interesante estudio^ se acaba de
establecer en esta corte ^ una academia des-
tinada al adelantamiento de ellas en todos
iBus ramos, Si hubo un tieiiipo en que se li-
mitaron los medios del humano saber, en-
torpeciéndole cada dia con nuevas institu-
ciones ; si, llegó época en que vanos rece-
los obligaron á cerrar el santuario de Mi-
nerva, hoy que felizmente vemos disipa-
dos aquellos temores , las artes , las cien-
cias y útiles conocimientos, se presentan
dispuestos á recobrar con ahinco lo perdi-
do en tiempos calamitosos* El establecimien-
to de que hablamos es una prueba convin-
cente de lo que acabamos de decir. ¿Qué
progresos no debemos esperar todos, de
una reunión de profesores ilustrados que
se proponen como único objeto su ilustra-
ción y la de sus contemporáneos en el vas-
to campo de las ciencias naturales? Tanto
(35)
entre ios socios de número como en lof
honorarios se encuentran sujetos de cono-
cida reputación en la literatura y de vastos
conocimientos en el ramo. Con tales ele-
mentos el porvenir de la academia no pue-
de ser dudoso; mucho mas, cuando en sus
estatutos entra el estar al corriente de to-
dos los adelantos que se hagan en el estran-
jero^ y el proponer y distribuir premios á
los jóvenes que se distingan procurando
conseguirlos/
Las ciencias naturales están distribui-
das para los trabajos de la academia en cua-
tro secciones : en la primera se incluvea
las ciencias /26/íura/r5 r/e5cn/7£/vas ^ en la
segunda las fisico-matemáticas ^ en la ter-
cera las fisico químicas y en la cuarta la
Antropología ó ciepcia que trata del hom-
bre , que ocupando el primer lugar entre
todos los seres creados 5 merííce muy bien
que se le dedique sección parTticular, For
fin ya tenemos planteado en la corte este
establecimiento de que carecía , al paso
que hacia largo tiempo estaba fundado en
Jas principales ciudades del estranjero y
aun de España. Mas no está todo hecho ni
es este tan solo el adelantamiento que de-
bemos esperar en esta época de regenera-
don. Sí es cierto que hay mucha afiélon á
las ciencias naturales, tanta ó mas hay á
]a bella literatura ¿y que razón hay para
que esta no goce del privilegio que acaban
de disfrutar aquellas? En este admirable
pais que habitamos y bajo la influencia be-
nigna de nuestro despejado cielo; pero so-
bre todo en nuestra capital, multitud de
circunstancias han reunido una juventud
viva, pronta en concebir y en decir , que
al acordarse que pisan el suelo clásico de
]os grandes hombres que honraron la lite-
ratura española , se inflama y pretende ele-
varse al alto grado de aquellos.
) Para que no se pierdan tan felices dis-
posiciones, que podrian también ayudarse
de otras muchas circunstancias favorables
á su desarrollo, seria muy con veniente por no
decir indispensable, viésemos también plan-
teada una Academia literaria. Venga el
impulso de donde quiera , lo necesario esí
que se saquen del aislamiento en que se ha-
llan , estas riquezas intelectuales que per-
manecen ocultas é ignoradas , espuestas á
perderse por falta de dirección y de cultivo.
Ejercitense no abandanadas por lo prdnto
á si mismas, sino en el seno de una corpo-
ración en la que la mutua publicidad *y
comparación de ideas , los estímulos de la
emulación y del pundonor y mas que to-
do una sabia y constante dirección de per^
sonas inteligentes, que apliquen con opor-
tunidad las reglas fundamentalies, contri-
buyan unánimemente á fijar el buen gusto
y el acierto en las composiciones. Entre
profesores beneméritos y entre gentes de
buen gusto y de sentido no podrían tole-
rarse cosas medianas y sin valor, que ten-
drian que ceder el campo á las de un mé-
rito sobresaliente. Póngase pues en contac-
to estas preciosas disposiciones y estos ta-
lentos que permanecen abandonados á si
miamos y bien pronto brotarán una infini-
dad de ricas producciones que no espera-
ban mas que un poco de calor para desar-
rollarse y que hagan recordar el siglo de
oro de nuestra literatura*
Bí la Efli0íon Cristiana.
La religión cristiana es el culto que se
tributa á la Divinidad , funclado en lo que
la revelación del mismo Dios nos ha ma-
nifestado. Se llama cristiana por haberla
establecido visiblemente Jesucristo autor de
la igleaia que tiene el mismo nombre.
La religión cristiana enseñándonos sus
gloriosos atributos eleva nuestra alma y en-
grandece la dignidad del hombre. Nos con-
suela en las miserias inseparables de la vi-
da , y nos muestra después como nuestro
verdadero fin , ima felicidad perfecta y
ctetfia.
Gomo medio de civilización la religión
merece todos nuestros respetos^ porque ella
es la que ha sacado al mundo del fango
de la ignorancia , y le ha puesto en el ca-
mino de los descubrimientos útiles. ¿No es
ella la que nos ensena á resistir y contener
nuestras inclinaciones viciosas y desorgani-
zadoras? ¿La que nos enseña los deberes pa-
ra con nosotros mismos y para con los de-
mas? La que da á nuestras leyes civiles el
roas poderoso apoyo y la mas fuerte sanción
rrguíandd la coriciencta J este foro Interno
sin el cual nada pueden Jas leyes?
Siendo asi debe mirarse la religión crls-
tiana-como una de las j^riucipales bases del
orden social, y constituir la primara parte
de la educación de la jiaventud. En doiíde
$é ha de ericoncr^r, en efecto, un niodeío
mas completo que proponer á los boaibrc^
de. que ren Jesucristo cuya vida fue un
vivo . cuadro de todas hs virtudes sq-
cíales ?¿
líijO: del Eterno^ y ^n representante en,
la tierra idiira n te el ii:un3é de su vidí^^ijesu-»
cristo es hoy rnisnw representada por-^ii
Iglesia que se compoíie de rodos los* fieles
que una fe une á sus doctrinas, lEi Papa,
sucesor de sari Pedro.- uno de^ los, doce
apmtofes elegidos por Jesucristo para iinun-
ciar spí-évaimelio al univi^rso cuando él su-
biese á los ci elos , es el que vela sobre to*-
da Ja cristiandad. 4
p/ Se distinízuen en la rellmon cristiana:^
\ 9 hos dogrnas é fii ndarpeníos «de Ja
creencia V como la trinidad de personas, la
encarnación del blp de Dios, su resurpc-p»
clon , &c.
a? La moral que consiste en las máxi-
mas para la práctioa de nuestras accione?
y qtíe se lialhn derramarlas en los libros
inspirados por el mismo Dios.
3? El cuko ó el conjunto de acciones
interiores y exteriores, por las que se rin-
de «J debido homenage á la Dividad.
á^9 La disciplina eclesiástica que con»
cierne especialmente á los negocios de la
iglesia y sus ministros.
Entiéndese por escritura sagrada , libros
santos ó biblia, el antiguo y nuevo testa-
mento. Se llaman libros santos porque tra-
tan de cosas santas y fueron inspiradas por
el Espíritu Santo. El antiguo testamento es
por decirlo asi , la historia de las revela-
ciones de Dios con los primeros hombres
y Si3 pueblo escojido , y las promesas que les
fueron hechas por el Criador. El segundo
mani fiesta el cumplirniento de estas prome-
sas , el establecimiento del cristianismo y
su estado hasta la^ elección de san Pedro co-
mo gefe de la iglesia , la que dirije hoy dia
el Sumo Pontífice, los cardenales , obispos
curas párrocos y otros eclesiásticos, todos
sometidos á las doctrinas declaradas y reco-
nocidas por los concilios.
Un concilio es la reunión de los gefes
de la iglesia para arreglar ciertos puntos
de la religión ó de ia disciplina eclesiásti-
(4!)
ca. El último general celebrado en Tren' o
eh Italia es dé ibs mas füfmosós*
Se llaraa clsnva las. disensiones y disiden-
cias que han aparecido en la iglesia en or-
den á doemnas dogma ticéis j; y heregia las
doctrinas contrarias á la fe y qne tiendeii
á destruirla. Todo culto que en lugar de
dirijlrse al Criador se dirije á la criatura,
se llama idolatria ; tal es el que ciertos pue^
blos sal vages rinden abn al sol. ,
La religión es una filosofía sublime que
demuestra el orden y unidad de la natura-
leza, y esplica el enigma del corazón hu-
mano el móvil mas poderoso para guiar al
fcombre albien , un supleímento de la con-
eiencia que perfecciona las virtudes y esta-
blece nuevos vínculos de humanidad; nos
muestra en los pobres unos acreedores, h er-
íjanos en nuestros enemigos, y en el Ser
Supremo un padre: la religión del corazón,
k virtud en acción , y el mas bello de los
códigos demora!, cuyos preceptos son otros
tantos beneficios-del cielo.
vi^ ^^ ^^
^^^ ^- ^e^
tA SALUD VALE MAS QUE LAS RIQUEZAS.,
Martín era un pobre niSD:x|ue gana**
ba el pan con hartó trabajo , ya báciend<;>*
recados, ya desifm penando otras comisio-*:
nes, y á veces se vela precisado á pedir
una íiaiosna/Si^dtóse una noche niny íati^
gado á la puelitaíide un café de los mué
suntuosos de ia icorte, con ánijpo de im-
plorar la caridad de bsrriuchas señoras y?
caballeros que concurrian á eiv Entretanto^
se puso á comer un pedazo de pan more'*-
noque le habiandado, cuando levantó los^
ojos para ver un elegante coche que aca--^
baba deparará la puerta del café. Al móil
mentó se presentó un mozo á ia puerteci--
lia del coche iuTitándoá que bajasen 4
vn señorito y á un señor líiayor que pare-^
cía su ayo ó preceptor , únicas personas
cjue venían iep el coche. Mas ellos no c6n**
sintieron, y mandando lesítmgeaen refresfi
co, le bebieron alli mismo sin bajar.
Mientras Martin engullía su mendru-
go, no apartaba sus ojos del niño que ve-
nia en el coclie, comparando su opulen-
cia con el mísero estado en que él se en*
centraba. El ayo taoibicn fijó en él la vis-
ita por casualidad y adivinó sus pensamien-
tos. ^ Mirad,' dijo á so pupilo, aquel chir
coque nos contempla con la boca abierta,
imagino que está diciendo en su interior
¡Cuánto me alegráia yo hallarme en el lu-
-^gar de aquel señorito!. En efecto , res-
pondió el joven , que aunque enfermi^
zo tenia muy buen hümor^ pues bien
vamos á proponerle cambiar de estado por
un instante. El ayo llamó á Martin á la
portezuela y le dijo: Al ver la atenciom
con que mirabas á este caballerito, me ha
parecido que te alegrarlas mucho de caní*
biar su suerte por la tuya. ¿Quieres que
asi sea?
jAh! respondió Martin 9 V. se burla de
mí. — No, va de veras, respondió el smof
rito. — Pues si V. consiente, replicó Mar-
tin , por mi parte la cosa ya esta hecha. Mis
veciutís se van á quedar atónitos al verme
llegar en fan boiíitQ coche. Esto es hecho,
ya no iré mas á pie. Que vengan ahora á
enviarme á recados y traerme de ceca en
meca... Vaya señorito , baja V ó no*
Espera un poco hombre, respondió el
^tro riyénddse.— ¡ Qué! se ríe V, dijo 'Mar-
tina no sea cosa que Y. me cngañe»--NQ
(44)
lo creas, te Voy á regalar mi coche y tnla
caballos. Te voy á dar todo lo que no tie-
nes , mas tu también me has de dar lo
que tienes y á mi me faha. Martin aceptó
estás condiciones , y entonces el señorito
llamó á los lacayos para que le ayudasen
á bajar del coche, jiih! Dios mió, qué ra-
ra figura; sus piernas en forma de Z no
podian sostenerle; para que se tuyiese
fue preciso que le ayudasen su maestro/y
im lacayo mientras que el otro sacaba del
coche unas muletas de madera fina con al-
mohadillas de terciopelo galonadas de pro.
Luego que con la ayuda de las muletas píc-
elo guardar el equilibrio , le jdijo á Martí-
Tiito. ¿Y ahora quieres cambiar conmigp
<1e salud , de estado y de fortuna? Oh! no
-geñor, esclamó Martin, no quiero cambiar;
yo prefiero mis piernas á vuestras mul^-
^as 5 y mas quiero comer pan seco y coi|-
rer' cuando quiera , que no comer^ cosas
delicadas y me lleven en andas como uria
imagen. No señor, de ningún modo.
Tienes razón , replicó el joven estro-
peado ; mas como yo procuro aliviar nú
ilesgracia mitigando la de los demás en
cuanto me es posible , tampoco quiero que
fea yas consentido ea mejorar de fortuna sia
(45)
darte al mismo tiempo alguna cosa para
que comas algo mejor que ese pan moreno,
y al decir esto puso algunas monedas de
plata en la mano de Martm, Muchas gra-
cias señor mió, muchísimas gracias, pero
yo voy á hacer otro uso de vuestro diñe-*,
ro. Con el voy á principiar á comerciar, y
á fuerza de trabajo conseguiré aumentarle
y establecer una tienda muy surtida ; ya
que no quepan en ella los géneros, toma-
ré un gran almacén, y como mis negó*
cios han de ir siempre á mejor , seré un
comerciante riquísimo, y luego un ban*
quero muy poderoso , y luego..»
Y luego ministro de Hacienda; inter-
rumpió el señorito. Yo no sé que es eso
de ministro de Hacienda , mas no habrá
inconveniente. Bien hecho, dijo el ayo;
cada uno en su carrera debe elevarse al
mas alto grado posible.
El señorito subió como pudo á su co-
che , y Martin habiéndose despedido , y
creyéndose ya hombre poderoso, se fue
saltando y brincando , felicitándose de te-
ner tan buenas piernas.
Concluid aqui amiguitos míos, que un
pobre que goza salud y puede correr, go-
za de una felicidad mas verdadera que un
rico enfermo y que no puede hacer usa dé
sus miembros. La salud es el primero d§.
los bienes , y por tanto debéis poner el ma-
yor estudio en conservarla , pues ya habéis^
Visto que Id salud vale mas que las ri^
i^uezas.
(47)
LOS PERROS CELEBRES.
Entre tof^os lo$ animales el perro es
ciertamente el que poseeaieiores cualidades,
las que resaltan tanto mas que rara vez sf
ven oscurecidas por algún defecto.
El perro tiene sobre todo una adhesloa
y fidelidad que pueden citarse por mode-n
li) 5 y que ofrecen muy pocos egem píos aun
entre los mismos hombres. Siempre igual,
asi en la buena como en Ja mala fortuna,
ni aquella le atrae servütilente, ni esta le
aparta. Después de haber disfrutado Ias pla-
ceres y manjares delicados de la opulencia,
se condena sin murmurar á las fatigas y al
negro pan de la miseria ; es el liltimo ami-
go que nos queda que no nos abandona has- ^
ta el borde del sepulcro^ adonde también
ie suele conducir el pesar de una eterna se-
paración.
Desde vuestra tierna infancia, amlguip
tos míos, el perro es el primer compañero
de vuestros juegos en el jardin ó sobre la al-
fombra de la sala, se presta á todos vues^
tros deseos y á todos vuestros caprichos; os
ofrece su espalda para tomar vuestra pri*
(48)
mera lección de equitación; abandona en
vuestras manos su cola sedosa y íus largas
orejas , y cuando sé las tiráis demasiado no
grane por miedo de asustaros. Podria muy
bien encaparse, mas se está quieto porque
adivina vuestra debilidad y el placer que
os causa , y poi^que obedece á su naturale-^
za que es toda de sufrimiento y sumisiQn;
; Guando mayórcitos no siempre sois agí a-
decidos á estos pobres animales que han si-
do tan buenos para con vosotros. Los mal*
tratáis y golpeáis sin motivo^ y es preciso
que sean muy lindos para que los tengáis
á vuestro lado. Infeliz del que no tenga la
tall$ airosa del perro de aguas ó las platea-*
das sedas del faldero^ y sin embargo todos
los perros de cualquiera especie que sean,
merecen vuestra piedad y consideración*
Aquel perrazo que os hace gritar ¡qué feO
es ! lleva arrastrando todo el dia el carre-
toncillo que su amo le ha puesto , y por lá
noche defiende su casa de ladrones y mal
intencionados, y aquel otro perro viejo y
sucio que ahuyentáis al pasar con vuestra
bastón, es el vínico sosten y apoyo de ua
pobre ciego, implora por él la conmisera*
cion pública, y le guia por las calles pató
impedir que le atropellen los coches.
(49)
Porque el perro aguanta asi vuestros
malos tratamientos no creáis que sea cobar-
de; al contrario, es un animal muy valien-
te pero que sabe los límites de sus fuerzas,
y solo las emplea en las grandes ocasiones
y sobre todo para defender á su amo. No
creáis tampoco que sea por embrutecimien»;
to; al contrario, el perro llene mucha inte-
ligencia y aun malicia ; escuchad un egem-
pío que se me ocurre ahora.
Una seilora tenia un perro que habla
criado y estimaba mucho; él por su parte
correspondia al amor de su señora. Sucedió
pues, que regalaron á ésta otro perrito, y
sea que el recien venido fuese mas agrada-
ble, sea el atractivo de la novedad, las ca-
ricias se reservaron á él todas, y el perro
antiguo quedó enteramente abandonado. El
pobre animal se apesadumbró de modo que
iba perdiendo terreno cada dia hasta que
im amigo de la dama que iba á salir para
Bretaña le pidió que se le diese y lo llevó
consigo. Lejos del objeto de su envidia y
con las caricias de su nuevo amo el pefro
recobró prontamente la saluda Mucho tiem-
po después la señora vino á [)asar algunos
meses á Bretaña, y al ver á su perro se rer
novó su ternura y pidió á su amigo que se
4
(Se)
líe volviese, á lo que accedió con repugnan-
cia. El dia de la partida la dama se quedó
sorprendida al ver que el perro cojeaba ma-
cho y que no podía andar un paso sin dar
tlri quejido. Por raas que le exarainaba las
patas no le enconirabaí nada, pero no se
atrevió á llevársele viéndole en tal estado.
Apenas babia salido cuando el perro cura-
do como por encanto vino á saltar y ladrar
al rededor de su amo muy regocijado por
el buen éxito de sit astucia*
El perro está dotado de un instinto
de fidelidad que ni el tiempo ni la ausencia
pueden destruir; la antigüedad nos ofrece
un egemplo muy notable^ Cuando Ulises
volvió á su patria después de veinte años de
ausencia nadie le reconoció. La noticia que
se había esparcido de su muerte, y mas que
todo las mudanzas que habian producido en
él las pesadumbres y el tiempo, espliean su*
ficientemente la poca impresión que produ*
jeron sus facciones aun en sus mas fieles
servidores. Su perro solo consumido por la
edad y las enfermedades conoció á su anti-
guo amo. Se fue arrastrando hasta él ma*
nifestaado su alegria y murió de la que tu-
vo por volverle á ver.
A todas estas cualidades el perro añade
(5.)
Otra no menos recomendable y es el amor
á sus hijos. Un joven queriendo hacer Ja
prueba^ cojió los siete perrillos de sn per-
ra y los llevó á una legua de alli. El pobre
animal fue á buscarlos, mas como no po-
dia traer mas que uno cada vez, tuvo que
hacer siete veces el viaje y andar catorce
leguas ^ fatigándose tanto que murió al dia
siguiente.
Algunos pueblos de la antigüedad te-
man al perro en tanta estimación, que le
hablan dedicado una especie de culto. I^os
Egipcios le adoraban con el nombre de
Jnubis y los griegos le han colocado en el
cielo en el número de las constelaciones, le
dan el nombre de can. Sócrates , uno de
los siete sabios de Grecia juraba por el perro
considerando á este animal como símbolo de
la franqueza y fidelidad.
Un negociante de Corinto tuvo que sa-
lir repentinamente para Salamina isla si-
tuada cerca de Atenas con una comisión de
los magistrados de su ciudad. Antes de sa-
lir encerró cuidadosamente en su cuarto á
un perro que acostumbraba llevar consigo
á todos los viages. Melamphites, que asi se
llamaba el perro según nos dice la historia,
sorprendido de que su amo le dtjise solo
(5.)
por tanto tiempo, y sospechanclo alguna
cosa esiraordinaria, salta por una ventana,
busca á su amo por toda la ciudad , y no
encontrándole en los sitios que solía visitar^
se dirige al puerto donde muthas veces se
habia embarcado con el. El navio que con*
duela á su amo, favorecido por el viento
ya no parecia mas que un punto negro en-
niedio del profundo piélago. El perro guia*
do por un instinto sobrenatural y un cierto
presentimiento, se arroja al agua y nadacoii
todas sus fuerzas hacia el navio que se di-
visaba á lo lejos. Un terrible huracán oscu-
reció el horizonte y conmovía las olas que
con sus alternadvas, subidas y bajadas pa-
recia quería sumergir á cada instante al po-
bre nadador que continuó su ruta peligro-
sa hasta llegar á vista del navio.
La calma se había restablecido , y el
amo de Melanphites que estaba sobre el
puente vio de pronto á su perro fiel que
hacia los mayores esfuerzos para llegar á
donde el estaba. Vivamente conmovido su-
plicó al piloto que diese tiempo aun gru-
mete para bajar y ayudar al perro á subir,
mas como se negase á ello, Melanphites tu-
vo que ir siguiendo el navio.
Al fin llegaron á desembarcar , mas el
(53)
griego no distinguía á su perro ^ hasta que
pasado algún tiea)|)0 le vio venir, pero tan
fatigado, que solo algunos momentos se ma-
nifestaba en la superíirje del agua. Llegó sin
embargo á tomar tierra, y tendiéndose á
los pies de su amo, espiró después de ha-
bérselos lamido , dichoso por haber conser-
vado sujs fuerza5 para venir á exalar el úl-
timo suspiro á los pies de su dueño.
Vosotros, niños mios, habréis formado
muy mala opinión del piloto , que por no
querer parar un instante el navio causó la
muerte de Melanphites. El griego también
le hizo fuertes reconvenciones , tanto mas
que le habia prometido una rica recom-
pensa. Mas aquel hombre era responsable
de su embarcación , y por un perro no
pocha es ponerse á las consecuencias de la
tardanza; cumplió con su deber , y el grie-
go á pesar de la pérdida que esperlmenta-
ba hizo mal en encolerizarse.
Alejandro el grande rey de Macedonia.
hizo edificar en honor de su perro la villa
de Pebite con templos; de este modo riti'^
dio homenaje á la bravura de aquel ani-^
mal, que un dia en su presencia luchó con
tin elefante, uniendo el valor á la astucia
cansó á su enemigo , y tanto que éste bu-
millado de no poder rendirle siendo tan
débil adversario , se dejó caer al suelo y
murió en seguida.
Los celtas llevaban al ejército batallo-
nes de perros que habían enseñado al com-
bate y que les servían de vanguardia. Iban
armados de collares con puntas de hierro,
y cubiertos con corazas y láminas de acero.
Se dejaban matar hasta el último antes de
retroceder un paso, y mas de una vez de*
cidieron de la vitoria.
Muchos perros se han hecho célebres
por su valor, fidelidad ó raro instinto. La
historia que hace mención de todo Jo que
sale del circulo común, nos ha conserva-
do estos rasgos que tendremos ocasión de
manifestar en el curso de este periódico.
(55)
ARTICULO PRIMEBO^
Orandum est ul «it mens sanus ¡n corpore sano.
Es menester pedir dice Juvenal, un buen
.espíritu en un cuerpo sano.
De aquí provienen c!os partes en la edii*
caclon de las cuales pna tiene el alma y la
otra el cuerpo por objeto. La que pertenece
á el alma es ia parte inoral que trata de la
cultura y deaarollo de las cualidades que en
la sociedad distinguen al iser sensible, do-
tado de razón y exento de las preoc vi pacio-
nes y preyenciones de la ignorancia. Como
esta parte tierie ya consagrados en la flíi-^
jiewcL una serie de artículos en los que se
indican los medios que pueden contribuir
á ensanchar el círculo de nuestros pensa-
niientos y de nuestros conocimientos^ enno-
bleciendo nuestras pasiones, ahora vamos á
ocuparnos de las facultades del cuerpo ó
educación física que es también muy inte-
resante, pues si no se disfruta salud, mal
se podrá raciocinar y filosofar. Así se del>e
pedir y procurar, elevar nuestro espíritu al
mas alto grado dejc^pacickd y de bondad.
(56)
y mantener nuestro cuerpo con todo el vi-
gor de la salud y de la fuerza.
Hace ya mucho tiempo que se ha dicho,
y se dirá aun después de nosotros, que el
arco no puede siempre estar tendido. Es pre-
ciso desahogo á la juventud; aun mas, es
precisa la alegria, este don precioi^o del
rielo que debe siempre acompañarnos, tanto
en los estudios, como en las diversiones. To-
do el arte de los maestros consiste en hacer
encontrar atractivo á los jóvenes en todos
los ejercicios que pueden darles agilidad, vi-
gor y destreza; mas antes de hablar de los
ejercicios necesarios al desarollo de las fa-
cultades y gracias del cuerpo, hablemos
ima palabra de los medios de adquirir y
fortificar la salud principiando por estable-
cer la siguiente comparación.
Comparación entre un niño criado en el
campo^ y otro criado en una población.
Ved este lindo jovencito de ^:an distin-
guidos modales y gentil ademan. Ved sus
finas y agradables facciones y su lenguaje
eeductor; mas la palidez reina en su rostro
interesante; sus miembros son débiles y de-
licados; todo en él manifiesta la molicie y
(5?)
811 poco valor: nn poco de movimiento le
fatiga, un paseo un poco distante le alarma
ly le escede; el alimento tomado fuera de las
horas señaladas le causa indigestiones; el
sol le quema, el menor movimiento le in-
comoda, la mas ligera niebla le resfria, la
lluvia le pone enfermo , la oscuridad le
.aterra y el mas mínimo objeto por la noche
le hace temblar como un azogado, todo lo
que exige un poco de espíritu y resolución
le hace llorar; y concluye por sucumbir
sin saberse servir ni aun de sus pies y
manos.
- A el lado de este niño de distinguido
«¿acimiento, ved á este otro palurdo de la
misma edad, mantenido y ejercitado en la
-pobreza. Su conversación y sus respuestas
como todas las gentes del campo, no son
ni estudiadas ni elocuentes, pero llenas de
sentido y siempre lacónicas; vedle empren-
der unos trabajos penosos que harian pere-
cer al niño criado en la ciudad; vedle llevar
fardos, correr descalzo sin pensar en ello,
arrojarle al agua á todas las horas del dia,
trepar por las montañas y aun por los ár-
boles, montar en los mas corpulentos ani-
males que conduce y lleva donde quiere,
vedle correr por ios bosques, divertirse;
(58)
reír y cantar nieciio desnudo ya en los ar-
dores de la canícula, ya sobre la nieve y hie-
lo; comer á todas horas lo que le viene á la
mano y dormir sobre la paja ó el duro sue-
lo, caminar lo mismo de noche que de dia,
y hacer envidiar su salud y su vigor á los
niños criados en el lujo y la riqueza.
A fin de criar á los niños de la ciudad,
tan robustos como los del campo que aca-
bamos de pintar, seria preciso criarlos siem-
pre al aire y con la cabeza descubierta.
4< Ten la cabeza fresca , el vientre libre y
los pies calientes y riéte de los médicos ^^ :
tal era la inscripción que se ieia según di-
cen en el frontispicio de un libro hallado
en casa de Boerhaave después de su muerte,
pero el libro estaba en blanco desde Ja pri-
mera hoja hasta la última. Que este hecho
sea verdadero ó no, lo cierto es que para
preparar una buena constitución á los jóve-
nes es preciso acostumbrarlos indiferente-
mente á toda clase de aumentos, sustancias
animales y vegetales, y renunciar absoluta-
mente á las confituras y licores. Nada des*
truye tanto la salud como las salsas irritan-
tes y el café, té y otras cosas de este género.
Es menester acostumbrar á la juventud á
todas las variaciones del clima, á lavarse
(59)
en agua fria todos los días si se puede cómo-
damente, pues contribuye mucho á la lim-
pieza y al aumento de las fuerzas. El movi-
-miento es necesario á toda edad, pero mas
particularmente á la juventud que es cuan-
do la sangre está mas agitada y corre con
mas rapidez. Es preciso habituarla al vien-
to, á la lluvia, á la nieve y al hielo, mas no
á la tempestad, y es aun mas importante ha-
cerles esperimentar gradualmente el frió
roas intenso en el invierno y la calor mas
ardiente en el verano. Nunca el calor y e?
frió deben impedir los juegos, los paseos y
fias carreras. En fin, es una sabia precaución
irlos endureciendo poco á poco para lo que
puedan esperimentar algún dia.
(Se continuará. J
(6o)
Pedro Baenaventura Metastasio , na-
ció en Roma el 3 de enero de 1658. Hijo
de un pobre artesano llamado Trapassi, tuvo
por padrino al cardenal Pedro Octoboni que
le dio su nombre. A los diez años su talento
poético se manifestaba ya por sorprendentes
improvisaciones. Un dia que una multitud
de curiosos le estaba escuchando en el cam-
po de Marte, el célebre jurisconsulto Gra-
dina se acercó, y admirado de lo que escu-
chaba, después de elogiar al poeta le ofreció
una moneda de oro. Viendo que rehusaba
tomarla fue á buscar á su padre, y obtuvo
de él que le confiase la educación de su hi-
jo. El joven poeta cambió su nombre de
Trapassi por el de Metastasio y tomó el tí-
tulo de abate según el uso romano. A los
catorce años, Metastasio compuso su Jiihúno
y tradujo la Riada en versos italianos, Gra-
vina quiso que á la cultura de las letras
añadiese el estudio de la jurisprudencia, y
Metastasio ya se ocupaba en él á pesar suyo,
cuando Gravina murió de repente, deján-
dole la mayor parte de sus bienes. Metasta-
sio á los veinte años se vio dueño de un
(6.)
caudal considerable, y á pesar de lo sensible
que le fue la muerte de su protector, á los
dos años tenia mas acreedores que amigos.
Tomó la resolución de salir de Roma para
Ñapóles donde compuso la célebre Dido
abandonada^ cuyo buen éxito le puso en
estado de pagar á sus acreedores y de volver
á Roma. Como el emperador Carlos VI Je
ofreciese el título de poeta Césares, Metasta-
.sio antes de adoptar una nueva Patria ase-
guró un asilo á su anciano padre, una dote
á cada una de sus hermanas, y ayudó coa
sus bienes á su hermano menor abogado en
'Koma. Metastasio tenia en su biblioteca mas
de cuarenta ediciones de sus obras publica-^
das en diversas épocas, mas la edición de
Paris es la que él llamaba gloria y corona de
su vejez. El emperador le ofreció los títulos
de barón y consejero áulico, mas respondió
que su título mas honorífico era el de poeta
de su magesíad. A la emperatriz que le ofre-
cia la cruz de san Esteban , contestó que no
tenia tiempo para cumplir las obligaciones
de caballero. Al papa Clemente XIV que
queria coronarle, lé repondió que era muy
viejo para subir al Capitolio, Metastasio
que toda su vida habia cnmplido los pre-
ceptos de la religión, consagró á Dios las úl*
M
timas centellas de su genio poético , y trazó
con desfallecida mano aquellos versos que
empiezan Eterno Genitor llenos de unción
edificante. Metastasio murió en 178a á la
edad de ochenta y cuatro años y tres meses.
Su aspecto era imponente^ sus ojos negros
tenían una espresion particular, y su esta-
tura era alta y proporcionada. La fortuna
se habia complacido en colmarle de sus do-
nes, y dejó una sucesión considerable. Las
obras poéticas de Metastasio constan de se-
senta y tres tragedias líricas y óperas de di-
versos géneros, doce oratorios, cuarenta y
ocho cantatas, una multitud innumerable^de
elegías, idilios, canzonetas, sonetos, y en fin
traducciones eo verso de autores latinos.
(63)
^tst0ria Itaturrtl.
^» DIALOGO PRIMERO*
XAS HORMIGAS-
Isabel: diga Y. mamá ¿quién ha hecho
todos estos íUontoncitos de arena que vemos
conforme nos vamos paseando?
La madre t Han sido construidos por
esos animalitos que veis correr por todo el
campo. Las laboriosas hormigas han cons-
truido esos montoncitos para hacer sus hor-
migueros. Mirad aquí : ¿no veis muchos agu^
jeritos? pues bien, si pudiéramos ver lo que
hay interiormente, venamos una gran ciudad.
Eugenia: ¿Una ciudad mamá? vaya no
se burle V. de nosotras.
La madre: No hija mia , hablo de veras
y os aseguro que lo que digo es muy cierto.
Las hormigas socavando la tierra van for-
mando esas ciudades que veis , y para que
la tierra no se caiga y obstruya las calles
que van formando, traen pedacitos de ma-
dera, de musgo ó yerba seca, y construyen
como un techo; consolidan la tierra y for-
man declive para que el agua no quede de-
tenida*
Isabel: 'Yo creo muy bien que harán
todo esto, y mucho mas puesto que V. lo
dice. Mire V. aquí una hormiga que lleva
una mosca muerta en la boca, y allí van
otras con granos arrastrando.
La madre: A veces llevan cosas muy
pesadas para ellas, y son infatigables en sus
tareaSi Dividen su ciudad en diferentes cuar-
teles: tienen almacenes en los que encierran
toda clase de provisiones, teniendo buen cui-
dado de roer los granos para que no nazcan^
y egecutan todas sus labores con estremo
cuidado y regularidad , acompañada de una
mutua armonía, pues se ayudan unas á
otras en todas sus necesidades.
y Eugenia: Es posible mamá que unos
animal itos tan pequeñitos sean capaces de
todo esto?
La madre: No por ser pequeñitos son
despreciables, todo al contrario, en su es-^
pecie son tan perfectos como tu lo eres en
la tuva. Tiene patas para andar con suma
celeridad, y manos y garfios para sujetar su
presa , ojos para ver los objetos que están á
su alcance, un tacto delicado para alejarse
de los cuerpos que pudieran dañarle, ór-
ganos de la resj)¡racion y de la digestión ^
arterias en las que corre un licor que hace
(65)
ks veces cfie la sangre qué corre en nuestras*
venas, y una carpintería huesosa con los
nervios que la mueven sostienen este deli-
cado y admirable edificio. Esta estructura
maravillosa que se descubre en el insecto
mas despreciable al parecer; nos muestra vi-
siblemente la sabiduría de Dios que los crió.
Isabel: ¡Oh! Dios es muy bueno; yo
quiero darle las gracias todos los dias pues
no ha hecho nada inútlL ¿Mas no es tam-
bién Dios el que ha hecho estas feas orugas
que se comen las hojas de los árboles? Vea V.
aquí una que me ha caido en la cara.
Za madre: De esas orugas salen luego
aquellas bonitas mariposas, tras de las cua-»
les vosotras corréis con tanto ahinco.
Isabel: Pues cómo es esto ¿acaso hay
una mariposa en cada oruga?
Za madre: Sí hija mia, está encerrada
como tus tijeras en su estuche. Yo no pue^
do esplicarte esto ahora, mas ya te lo haré
ver algim dia.
Eugenia: ¿Mire V. allí un pájaro que
lleva una oruga?
Za madre: Es para dar de comer á sus
hijos. Sin los insectos, las aves no tendrían
que dar á comer á sus hijitos cuando aun
no hay granos ni frutos maduros.
S
(^6)
Isabel: Los pájaros no sirven de nada,
puesto que no se les puede coger. Ese que
es tan bonito si yo le pudiera echar la ma-
no, no le haria daño ninguno, antes al con*
trario le pondría en una bonita jaula y le
cuidaría como á mí gílguero.
La madre: ¿Qué dirías tu si te quitar
sen de mi lado para criarte en una casa muy
bonita? ¿Y por qué has de causar tú á la
madre de un pajarito la pesadumbre que no
querrías causar á la tuya propia?
Isabel: ¡Ah! Dios es muy bueno pues
cuida de los pajaritos, de las orugas y de
las hormigas, yo me alegraría mucho de
conocer á Dios,
Za madi e : Puedes conocerle , haciendo
bien á su ejemplo. Abstente de hacer daño
á los animales en ninguna ocasión. No ha-
cer daño á los animales es el primer ejer-
cicio para hacer bien á los hombres.
Isabel: No mamá, no les haré daño
ninguno, todo al contrario, les voy á echar
unos granitos de trigo para divertirme en ver
como los recogen y lo llevan á sus almacenes.
Eugenia: Mira, mira, como acuden
todas á porfía, no parece sino que unas á
otras se dan algún aviso cuando tienen que
hacer algún avance.
(«7),
La madre \ Felices vosotras y felices to-
dos aquellos que como las hormigas traban
jan el verano para encontrar en el invierno,*
y'que emplean la juventud de modo que
puedan descansar en la vejez, esta edad
que careciendo de fuerzas puede ser aflif
gida de muchas enfermedade? y encontrar
muchas espinas en el borde del sepulcro.
Continúa la Biografía de los ciegos cele'»
bres en las ciencias.
Weissemhourg de Manheim^ quedó
láego á la edad de siete años; escribía y
leia perfectamente con caracteres que in-
ventó él mismo sin haberlos visto nunca<
Era escelente geógrafo, y compuso mapas
y globos que le servian para su estudia
de geografía; inventó también una tabla
aritmética, que difiere en poco de la de
Saunderson. ( i )
El ciego de Puzeaux se ha hecho co-
nocer demasiado, y por lo mismo no cree-
mos necesario entrar en muchos detalles
respecto á él. No hay persona que, habien-
do leido las cartas dé Diderot sobre los
ciegos, no sepa cual era la sabiduría de
este homtre estraordinario; era hijo de un
profesor de filosofía de la universidad de
París, y habia seguido con bastante apro-
vechaniiento los cursos de química y bo-
tánica en el real jardin. Después de haber
disipado una parte de su fortuna, se reti-
( I ) Diario de JParís , íibr U i ^84,
Í69)
ró á PuisseauXj pequeña ciudad del GatW
inaiK, donde estableció una fábrica de liJ^
cores que venia él mismo á vender á Pa-
rís. Era original en todo lo que hacia: su
costumbre era dormir durante el d¡a
levantarse al anochecer; trabajaba toda la
noche, porque según él decia, de este mo-
do liadie le incomodaba. Su muger todo
lo encontraba perfectamente dispuesto
cuando se levantaba; hablaba muy juicio-*-
samente/de las cualidades y de los defec-^
tos del órgano, que le faltaba,. y respoii^
<lia con mucha precisión á las preguntas
que se le hacían, interrogado sobre la idea
que se formaba de un espejo , dijo : ^- es
una máquina que pone las cosas en relieve
lejos de ellas mismas; si estas se eijcuen-^
tran colocadas convenientemente con re-
lación á ella. Es como mi mano que no
necesito ponerla al lado de un objeto para
sentirlo," Hizo á Diderot cuando fue á vi*-
sitarle á Puisseaux, dos preguntas bastan-
te estrañas sobre la transparencia del \\r-
drio y los colores &cc. Le preguntó igual-
mente si solo eran los naturalistas los qucj
velan con el microscopio, y si los astróno^
mos eran los únicos que velan con el te^
Icscopioj si la máquina que aumenta los
Í7o)
Íbjetoá era mayor que la que los repite , y
lila que los acerca era mas corta que la
que los aleja. Creía que los astrónomos te-
nían los ojos de otra forma que los demás
^ll^ombres , y que nadie podria dedicarse á
tal ó tal ciencia , sin tener unos ojos dis-
puestos especialmente para ello. Conserva-
ba en grado admirable la memoria de los
sonidos , y reconocia por la voz á personas
que no habia óido mas que una vez. Po^
d ¡a decir si se hallaba en una sala grande
ó pequeña , en una espaciosa calle ó en un
callejón sin salida. Juzgaba de la proximi-
dad del fuego por los grados de calor, y
€onoeia si , las vasijas estaban mas ó menos
llenas por el miólo que hace ellíquido al
pasarla de unas á otras. La acción del aire
en su rostro, le hacia conocer la proximi^
dad de los objetos. En el colegio de los
Quince-veintes habia un ciego llamado Le-
vé con un oido tan fino que al volver á su
casa notaba si habian movido algunos mue-
bles de su sitio ordinario. Preguntándole
un dia al ciego de Puiseaux si se alegrarla
de tener vista, respondió.-- ^^Mas me ale-
grara de tener brazos muy largos, que me
Instruirían mejor de lo que pasa en la luna
que vuestros ojos y telescopios. Puesto que
(7 O
antes cesan los ojos de ver que las manos
de tocar, vale mas perfeccionar el órgano
que tengo que no concederme el que mé
falta.
Se servia de caracteres en relieve para
enseñar á leer á su lujo, que nunca tu\|)
otro maestro que él.
Fácil me hubiera sido aumentar la mi-
ineraclon de los ciegos célebres en las cien-
cias con la lista de Iob otros muchos que
fueron eii épocas mas ó menos avanzadas
de su vida, muy notables también por los
grandes talentos que adquirieron después
de su ceguera; pero no quiero fatigar á
mis lectores esponiéndome á repeticiones
que me serian inevitables ^ por lo que me
Timltaré terminando esta noticia biográfica
á indicar muy sucintamente los mas distin-
guidos dejando á los curiosos que deseen
detalles mas circunstanciados que consul-
ten las obras del padre Zahn ( i) y do
Trinckhusius [2) que han tratado por es-
ten so esta interesante materia,.
(1) Oculiis artifieblis seu speculse phisico-ma-
themátíco hisrorise^ Joanne Zahn^ sacri ^t candídi
ordinis prsemonstatensis.
(2) Trinckhusius. Dissertatiunculam de caecís
sapientia et erudiiione ciaris &c, TeiicJe iñ 4 ijj^a.
No hay persona de mediana instruc-
ción qne no conozca las poesías de¡ Ossian
fcardo ó druida escocés del siglo III hijo
de Fingál. Que habiéndose quedado ciego
este guerrero se retiró del servicio para
^ntar los hechos ilustres de sus compañe-
ros de armas y mas particularmente las de
6U hijo Osear , muerto á traición. Malvina
viuda de Osear aprendió de memoria Jos
versos de Ossian, y los transmitió á los
otros sacerdotes bardos, y de este modo es
cómo por una tradición de mil cuatrocien-
tos años, se han conservado fielmente es-
tas poesías en Escocia , hasta que las reunió
é hizo imprimir, Mr. Macoherson cuya ad-
quision logró en su viage al norte de Esco*
cia é islas vecinas, imprimiéndolas en in-
glesen 1765. Dos volúmenes en folio, y de
donde las tradujo después al francés Mr.
Torneur en 17779 dos volúmenes en octa-
vo con notas.
Ambrosio Calepino religioso agustino,
nació en Calepio pueblo de Italia en los
estados de Venecia de donde tomó su nom-
bre; se hizo célebre por el famoso diccio-
nario de las lenguas que conserva el mis-
mo título, impreso por primera vez en
i5c3, y que podemos considerar como el
'(73)
moclelo de les demás diccionarios qne éte
han publicado después murió ciego
en i5io. V
Jna Marquéis religiosa dominica de
Poissy , conocia las dos lenguas griega y lac-
tina y componia muy buenos versos; ha
hecho igualmente muchos sonetos y lemas
según el gusto de aquel tiempo, y una co^
lecion de poesía3 piadosas^ traducciones 6cc»
Fue tan laboriosa que no dejó de trabajar
Jiasta su muerte acaecida en i588 al cabo
de muchos años de ciega.
Daúd JBlondel nació en Chalons sobre
Marne en iS^i ^ fue ministro protestante
len 1614 y profesor de historia en Amster-
dam en i65o en donde perdió la vista á
tausa de su estremada aplicación unida á
la continuada humedad del aire. Murió el
6 de abril de 1655 á los sesenta y cuatro
años de edad. Hay pocos sabios que hayan
sido mas profundos en el conocimiento de las
lenguas de la teología , de la historia civil
y eclesiástica. Su memoria era tan prodi-f
giosa que ningún hecho ni fecha se le es-
capaba. Blondel fue un escelente crítico pe-
ro sus escritos eran demasiado confusos.
Entre las muchas obras de suma utilidad
que nos dejó p tenemos su respuesta contra;
y74)
Cbiflet que escribió sobre la ley Sálica^, ti-
tulada Asertio Gónealogm Irancice í6ó¿
en folio ^ una de las mas apreciables y qué
la escribió cinco años después de baber
perdido la vista,
Antonio Esteban^ e\ iiltlmo de una
familia muy célebre en la Topografía yestu-
To ciego una gran parte de su vida, y sin
embargo , continuó con tanta gloria como
gus antepasados el egercicio de su profesión.
Acosado por las crueles persecuciones que
sufrió por baber abrazado la doctrina dé
Lutero se vio reducido á ¡a «mayor miseria
en la que murió ya de una edad abanza-^
da en el hospital de Ja caridad de París
en 1674.
Georgio'-Hehrardo Siumphius , íiacló
lóaj, era dotor de medicina en la univer-
sidad de Anhault y de la academia de Cu^
riosos de la naturaleza y cónsul en Amboi-
11O5 una de las islas Molucas , en donde se
estableció y perdió la vista, y aunque nun-
ca babia recibido ninguna lección de bo-
tánica antes de su ceguera, tomó tal afición
y gusto al estudio de aquella ciencia, que
sin mas ausilio que propias investigacio-
nes , logró bacerse muy hábil en ella. Sabia
distinguir perfectamente por el gusto y
(75)
por el tacto, la naturaleza y forma de una
planta de con la otra. Reunió todas las
plantas que había recogido en sus herbori-
zaciones y formó un hervario dividido en
doce libros que dedicó en 1690 al consejó
déla compañía de las Indias. Esta colec-
ción se publicó con un suplemento á be-
neficio de los cuidados de J. Burman, eú
^eis volum. en fol. con el título de Heri^a^
Tium JimbóincnsQ^ también nos dejó Ima'^
'^ines pisciumtestaccoram Leiden i7ii cñ
foL Por último, este ilustre ciego habla
compuesto también una fisiona política
de Aríiboino^ que no llegó á imprimirse y
de la que se conservan dos egémplares ma-
nuscritos , uno que está en esta isla del
Asia y el otro en el archivo de la Compa-
ñía de Indias de Amsterdam.
Matías Guillermo Lou^rés^ nació en
Lieja en i665 adquirió conocimientos muy
profundos en el derecho civil y canónico, lo
que unido á su probidad y talento , le dio
mucha reputación. Habiendo sabido Fene-
lon en el único proceso que tuvo que de-
fender en su vida, que Louvres defendía
la causa de su adversario 5 quiso leer su
memoria, y penetrado de la justicia que
arrojaban las pruebas dadas por el abogado
(76)
áesistió desde luego de sus pretensiones y
envió á Louvres la eoleccion de sus obras,
acompañadas de una carta en la que se ma-
nifestaba las mayores demostraciones de es»
timacion, suplicándole ademas la conserva-
se siempre en su amistad- Su memoria era
la mas infalible que puede verse: no sola-^
mente conocia los libros de una biblioteca
(aunque fuese grande), áiino que desigua-
laba muchas veces el lugar del pasage que
tuviese necesidad de consultar. Dictaba
aunque ciego, con mucha facilidad ,^^ y rara
vez enmendaba sus escritos. Murió <en Lie-?-
ja en i3 de setiembre de 1784 Se conser-^
van un gran numero de disertaciones y
Comentarlos suyos sobre la jurisprudencia
eclesiástica; que se imprimieron en Lieja
durante su vida*
Antonio Feliciano Castillo^ ciego de la
edad de seis años. Este joven favoreci-
do de las musas; publicó á la edad de
quince años una epicedia sobre la muerte
de la reina María I,* y á los diez y ocho un
poema en tres cantos, bajo el título de A.
Aamazao del rey don Joáo VI. Sus heroi-
das impresos en Coimbra 1820, con el tí-
tulo de cartas, Eco é Narcizo, están llenas
(de numen y de sentimiento p y son tanto
(7?)
mas apreciadas de sus compatriotas, cuan-
to que se prestan nueva vida á la literatura
portuguesa en este género.
Leonardo Eider , nació en Basllea
en 1707. fue un hábil matemático, y des-
de su mas tierna juventud se vio favoreci-
do constantemente con la amistad de J.
Bornouille. Sus adelantamientos en el es-
tudio de las lenguas orientales y de la fi-*
losofía, le hicieron llamar á S. Peterburgo
donde desempeñó las cátedras de física y de
matemáticas. Inventó el cálculo de los se^
nos, perfeccionó el integral, y dio una nue-
va ilustración á todas las partes de las ma-
temáticas. En 1741 f^^e á Berlín ,, época
en que esta corte estaba muy brillante , y
en 1766 regresó á Petersburgo donde per-
dió la vista* Desde esta época hasta la de su
muerte , acaecida en 17B3, no dejó de tra-
bajar en la ciencia á que mas inclinación
tenia , y sus últimas obras no desmerecen
en nada de las que publicó antes de que-
darse ciego.
Sino temiese ofender la modestia de
otros muchos ciegos que existen en el día,
me complacería en citar al caballero de
Pougens que está concluyendo una grande
obra que contiene las investigaciones mas
w
curiosas é Interesantes de la lengua fran-i
cesa; á Mr, Berard, sáhio ciego autor de
varias obras de mateitaáticas y últimamen-
te profesor de física en el Real colegio de
Brlanzon; á Mr. Isaac Rocques de Montan*
ban sugeto tanto mas admirable cuanta
qne se ha formado él mismo y otros mu-
chos la mayor parte de discípulos del ins-
tituto de ciegos trabajadores, que asi de
estos como de los ciegos célebres españoles
procuraremos dar una verdadera idea á
nuestros lectores , en los diversos artículos
concernientes á este ramo de educación.
(79)
MoxaL
Nuevo método de enseñarla.
En tanto que los moralistas nos digan
secamente Haced esto , absteneos de aque-^
llo^ sin demastrarnos el ínteres que tene-
mos en tomar un partido mas bien que otro,
sus preceptos producirán poco fruto, y
¿por qué? porque el hombre eneueptra
placer en hacer el mal como en hacer el
bien, de otro modo se abstendría de una ma-
la acción. Consiste en que hay cierto atracti-
vo, cierto interés en el vicio como en la
virtud. Por la mentira compra su tranqui-
lidad y espera evitar las reconvenciones
que tenia merecidas. El que se hace culpa-
ble de un robo, le mira como un medio fá-
cil de enriquecerse y satisfacer sus deseos á
costa de otro. Por eL asesinato el hombre
quiere llegar al mismo fin ó satisfacer sus
deseos de venganza. Asi al lado de cada fal*
ta y de cada crimen hay áiempre un in-
terés que determina ya sea al mal ya sea
al bien , esto es lo que nadie puede ne-
gar, mas lo que importa probar á ios hora
N
bres es que la suma de las ventajas que
resultan de una buena acción es m^yor que
la que resulta de una mala , y que af la-
do del mal se halla el castigo que le si-
gne como la sombra, que una mala^ con-
ducta acarrea siempre mas desgracias y pe-
sadumbres que no satisfacciones, de donde
se infiere que en realidad cada uno está in¿
teresado en obrar bien* Este interés nos
proponemos demostrar pasando revista á
las principales acciones humanas ; á el la-
do de cada disposición moral, se espresa-
rán los motivos que la han hecho erigir eii
precepto, y este nuevo método de tratar
esta ciencia , ofrecerá según creemos una
grande utilidad. Ilustrando á cada uno so-
bre la determinación que le interesa tomar
en las diversas circunstancias de la vicia, es^»
tos motivos serán el mejor comentario de
las leyes de la moral , y darán á conocer
su feliz influencia. La intemperancia ser-
virá de primer egemplo á nuestro método.
'Be Ui íittftttpmíHdiL
Este hábito como cualquier otro pro»
ávLtQ inccntestablemente una mezcla de bie-
(8.)
nes y de males ; los efectos que resultan na
llegan á un mismo tiempo ; los unos se
csperimentan al instante de la ac ion , los
otros se sienten mas tarde, y desgracia ,)-
mente por falta de juicio y de previ^/oa
se presta mas cuidado á los efectos i naje-»
diatos que á los uluriores, y asi se aban-
dona uno á ellos mas fácilmente.
La iutemperancia , por Jo pronto , va
acompañada de cierto placer , y produce
ciertas ventajas; de ctro modo, lo repeti-
mos^ se evitaría ; satisñice á un deseo exa-^
gerado y produce en el hombre una em-
briaguez momentánea que le hace olvidar^
por un instante los {tesares de la vida. Por
otra parte los gastos que hace para eatis^
facer esta intemperancia aprovechan á los
demás hombres.
Mas si el racional reñexionase sobre las
consecuencias de su intemperancia, veria
que esta debilita las facultades intelectuales
y morales del que se abandona á ella , que
altera sus órgarios físicos y le h^ce incapaz
de ningún trabajo sostenido de alma ó de
cuerpo. Comprenderia que al misn)0 tiem-
po que los multiplica , sus necesidades lo
privan de los medios de satisfacerla^ , qno
priva^ también á su fuugerj á sus hijos v 4
(82)
sus anciano» padres de los recursos de exis-
tencia y de apoyo que hallaban en él, que
destruye la confianza que les inspiraba, que
disminuye su afecto y los hace víctimas de
su brutalidad, esponiéndolos á perecer de
miseria ó á entregarse á los vicios mas ver-
2;onzosos; que perjudica, en fin, no solo á
si mismo, á su familia, sino también á todos
los que arrastra con su mal egemplo, y á los
que hubiera sido útil sino hubiese contraí-
do semejante vicio. Si compara estos fu-
nestos efectos con el cortísimo placer que
le procúrala intemperancia, deberá nece-%
sariamente abstenerse de ella.
(83)
CURSO
iTf fnstrufíion primaria Ítí las ninas
ÚTIL A LAS PERSONAS ENCARGADAS
DE ESTE RAMO DE EDUCACIÓN
ARTICULO PRIMERO,
Preceptos generales.
Quien haya de emprender la difícil ta»
rea de instruir á las niñas, exaniíneae biea
ante todas cosas. Sin una vocación particn-»
lar no se consigue este objeto. Antes de ins-
truir á los demás es preciso instruirse así
propio, hay pocos estados que exijan tantos
conocimientos como el de maestro ó mae^^-t
tra. La persona que quiera desempeñar
dignamente estas funciones, debe renun-
ciar á toda ocupación , y consagrar todos
sus momentos al cumplimiento de estos
deberes.
Una buena maestra, debe ser buena,
paciente, dulce, indulgente, previsora,
atenta, amante de las niñas, cuya felicidad
DO debe perder un punto de vista. Lo pri-
mero que debe procurar es ganarse su con-
fianza, su respeto, su estimación, su con-«
sideración y su afecto.
Es preciso que su concJucta sea irre-
prensible que esté exenta de debilidadjes,
de caprichos, de pequeneces, que sus pa-
labras sean sencillas , claras, precisas ; sus
níódales políticos y graciosos , su corítitieil-^
te, en fin natural y sin afectación.
La niña que ama á su maestra , teme
perder su afecto y está dispuesta á obede-
cerfa , la que la respeta , es sensible á sus
reprehensiones y laque la estima teme su
justicia.
Con las niñas debe evitarse, escepto et^
estreñía necesidad , un trato áspero y de^
sabrido, austero ó demasiado imperioso;
con sus padres debe tenerse mucho mira-
ipJcnto, sobre iodo en su presencia, por-'
qne una conducta contraria podria dismi-*
nuir el respeto que deben tenerles.
ARTÍCULO %^
Del local que debe elegir la maestra.
La salud de las niñas debe ser el objeto
principal de los cuidados de la maestra,
porque el alma se resiente de las dolencias
del ^.uerpo. La escuela debe situarse en uu
lugar cómodo, bien ventilado, y sobre to-.
'(si)
áo , exento de la humedad* Que esté d¡$*-
tanto dé aguas estancadas é inmundicias
que producen exalaciones fétidas é insalu-
bres, y por consiguiente calenturas y otras
enfermedades. Si hay patio en el cole^ilo
rio debe tener escavaciones peligrosas, rii
pozos descubiertos, asi corno las chimeneas
de las clases, que deben tener un enrejado
por delante.
El jardin debe estar situado agradable-
mente y con calles, en las que las niñas
puedan correr y jugar á la sombra de los
árboles durante el Veráho, lo que es mejor
que los bosquecillos en los que pueden
sustraerse á la vigilancia saludable.
Las clases deben estar en el piso ba;p
de la casa, pero al abrigo en lo posible de
las distracciones de la calle y de las mirada»
de los transeúntes. Para recibir á los foras-
teros ó á los padres de las niñas , debe haber
una pieza separada.
Los dormitorios deben estar en pisó
principal hacia el medio dia , es posicioii
que conviene principalmente á las niua^
de un temperamento delicado. No se muú
tipliquen los dormitorios , á ña de que sea
inas fácil la vigila ti cía, uno ó dos bastan, y
cada discípula debe tener »u cama , tltíicá
(86)
Ser Visitados á diversas horas de la tioche^
pues con el tetiior de las visitas no se in-»
fringirá el orden y la disciplina*
Evítese todos los privilegios y preferetl-
cías en el dormitorio ; pero cuídese de po-
ner lejos de la Ventana ó de nna corriente
de aire ^ á la discípula qtie esté mas predis-
puesta á constiparse^ tampoco se deben co-
locar junto á la claridad de tina ventana las
que tengan la vista débil. En los dormito-
rios debe reinar mucha limpies^a y renovar-
se el aire contínuamentéi, debe haber siem-
pre una guardia y tener dispuesta agua ca-
llente para el caso de una súbita indisposi-
ción* Debe haber lienzo preparado para las
cortaduras y alkali ó vinagre para disipar
los desmayos Scc, Todo debe estíir previsto
en estos establecimientos^ un hábil médico
debe visitar á las alumnas diariariamente^
á fin de prevenir las enfermedades ú ocur-
rir á ellas desde un principio asi que se
declaren. La maestra no debe dormir en los
dormitorios para que con esta familiaridad
las discípulas no la pierdan el respeto que
la deben tener. Deben hacer sus veces per-
sonas atentas y de confianza que deben
acostarse las últimas y levantarse las pri*
meras.
(8?)
La maestra debe consagrarse entera-
mente á los deberes de su estado, de los
que no debe distraerse por ninguna consi-
deración Debe tratar lo mismo á la hija del
pobre que á la del rico, y aunque tenga en
Ja clase una hija ó una sobrina, no debe
preferirlas por no escitar la envidia de las
demás , y aun ella misma en todo debe te-
ner el mismo tratamiento de las discípulas.
ARTICULO 3.^
Ve tos ejercicios gimnásticos.
Nada hay mas propio para conservar
la salud que un egercicio moderado , pero
este es mas útil á las niñas que á cansa del
estudio están una parte del dia en una inmo-
vilidad contraria á sus gu?tos, asi es indis-
pensable permitirles recreaciones de cuando
en cuando, especialmente después de la co-
mida. Que corran salten y bailen , con cuyo
movimiento desarrollarán las fuerzas y se
dispondrán á nuevos trabajos.
Los paseos en el campo son muy salu-
dables cuidando que no se sofoquen, y si
esto sucede, que no se expongan en seguida
al aire frió.
(88)
Que ios juegos que se permitan para el
cgercicio que les hace tanta falta, sean siem^
pre decentes y no presenten ningún peli^
gro á la salud y á las costumbres. Tampoco
se les debe hacer que trabajen mucho,
pues esto solo produce el disgusto del es-
tudio*
( Se continuará. )
Mosaicos
Un sabio Inglés cuenta habef Visto nii
hueso de cereza en el que estaban gravada»
cuidadosamente ciento veuite cabezas dife-
rentes, pero con tal claridad que por la
forma de las coronas y las mitran se distin-
guían los emperadores^ reyes y obispósv Se
elaboró en Prusia^ fue comprado en 75oo fr.
y traido á Inglaterra, en donde ocasionó un
ruidoso pleito entre dos familias.
miimmmmmmáHilmmimmlk
Cuando los Indios de Asia y América
emprenden algún largó viáge, mezclan suco
de tabaco con cc^nchas pulverizadas, y^ ha-
cen bolas con las que se libertan del bam-
bre poniéndolas dentro de la boca para qué
vayan destilando.
■é
En el desierto de Azaoad báy do$ monu-
mentos para conservar la memoria de dosf
hombres que allí murieron. El K® era un
íico comerciante, y el otro un simple con-
ductor de camellos. El comerciante comiera
í(9o)
á sil compañero nna copa de agua en mil
ducados, mas en vanp; no siendo suficiente
la bebida para conservarlos, ambos murie-
ron de sed, después de concluido el con-
trátu
En las escavaciones de Poñipeya se ha
encontrado una cocina con vanos pedazos
de carbón, un pedestal antiguo sobré el cual
habia una lámpara de relieves; varias vasi-
jas con un polvillo que disuelto en agua sa-
bía á vino, y un esqueleto de la muger ó es-
clava que servia en ella.
El observatorio de París se ha puesto en
€§tado de competir ventajosamente con to-
dos los conocidos. Al sud-est del edificio se
ha construido nna azotea bajo la dirección
del arquitecto Mr. Biet, y debajo hay un
lindo salón y gabinete para la observación
y el trabajo. A virdud de un mecanismo sa-
biamente combinado por medio de registros
como los de los pianos, se transportan todos
los instrumentos y se mueven hasta las pa-
redes, ventanas, piso y techo de la pieza»
(90
. Ha mftcrtd en Lenham, jcondado de
Xent en Inglaterra^ una niuger llamad^
María Honey.»clejandp una familja de ciento
sesenta y siete indiviJuos. A la segunda gq-
peracipn ya tenia diez y seis nietos^ cientp
catorce ala tercera, y doscientos veinte y
ocho á la cuarta»
&í ® o; , - ••■ . . -
En la parte septentrional déla Finían?
dia^ existe una piedra que sirve de barónie'-
tro público. Cuando ha de haber lluvia la
piedra se pone negruzca^ y cuando vuelve
el buen tiempo se cubre de manchas blan-
cas. Es sin duda arcillpsa que contiene algu-
nas sales, las que cristalizándose forman las
manchas blancasi* ^
Teatro de Mr. Comte. Con este título
hay en Paris uno dedicado enteramente á
Ja juventud dirigida por dicho profesor y
que merece sin contradicion alguna el favor
del público. Recibe continuamente conoci-
das mejoras: es un teatro moral. La pieza
que representan compuesta por los Yaude-
^íHisfas en voga, versan sobre I03 defectos
toas orcVmarios de la juventud de ambos
bexos, los pegares que de ella resultan, bellos
iiiodelós de virtud y lindas anedqeta^ li-
íeranas. Los discípulos dedicados ai arte
dramático bajo la dirección de un literato
distiuguido que les consagra todos sus cles-^
velos dan ya mas que esperanza; asi es que
sin ser niñas asisten á dicbo teatro muchas
personas con el mayor interés unido á la
ítías inócétíte diversión.
(93)
Cttíralura.
\
r
- ' i m I t il
Hemos léido con singular placer un tomiifo de
composiciones poéticas publicadas por separado^ y
en distintos tiempos por don Diego Conesa. Se no-
ta en todas mas que genio , cierta honradez que las
recomienda, y á ninguna envilece la destemplanza
del estilo.
En la epístola sobre la inconstancia trae lo^
siguientes versos ;
Quieres que el mundo te retrate al vivo\
todo en él es voluble , é inconstancia
jamas completa , ^ mi pincel suspende.
En la composición intitulada mi suerte actual^
se csplica asi:
Ecos simpáticos de placer un día^
ecos en otro son de pena y muerte*
La verdosa pradera que otras v^ces
lenitivo á mis males y cuidados
ser solia y por los tristes recuerdos
aumenta mi dolor; y su fragancia
aviva del pesar la causa fiera
A mi cuitado corazón agita
seca tormenta ; encendido fuego
voraz le abrasa , y le devora impío.
Todo fuego se vuelve ^ y en incendio
puro todo se torna. Ni una gota
ni una gota betíéfica d^^tUcvia
humedece mis ojos que jlamantes
mi consunciQ retratan^ ini tsterminio^
La sátira el Cortesano l2iQom\xíy^ en estos tór^
minos;
Tal es el cortesano y caro Anfriso^
que te alhaga y te estrecha contra el seno i
falso es su amor^ su amistad fiingida.
No te alucines ^ el cuidado d(xbla ,
dóblale y pues ^ que entre odorantes flores
yace el áspid de tu esterminio cierto.
Hablando acerca de como el favorito que no
tiene méritos, los exige del que los Uei^e ^ se cspli*^
ca del modo siguiente;
Caro Arnesto^ conoces a Farfanta
hijo mestizo de Mercurio y Plato ,
aquel que su carrera abrevió en tanta
que á centenares se invistió de luto ?
Pues mírale qué méritos demanda
en Salustio infelice y desgraciado ,
á quien el oro no^ la virtud manda
en respeto tener cual don preciado*
Lo creyeras amigo ; petulante ,
por solo honores al favor vendido
es ora de servicios dejnandante
el vicio solo: el vicio es inquirido.
Soló la vida del pudor nos queda
para morir sin humillar la frente
á la inverbe demencia ••*%.**
Por líltimo , cuando nuestra escéisai Gobérna«
dora estaba embarazada de la que es hoy nuestra
Reina , escribió é imprimió la composición que co-
piamos íntegra por las buenas ideas que contiene, y
porque el deseo que entonces manifestaba el aiutor
ha sido posteriormente profeta de realidad* es co-»
mo sigue ;
Composición en verso suelto por Don Diega
Conesa y Rosique, Oficial de la Inspección
general de Instrucción publica jCon motivo dej
embarazo de S. M. la Reina N. S. Doña María
Cristina de Borbon*
í Cuantas debe gozar la patria un día
mercedes alias de la mano eterna ,
siyá depuesto el que pibró indignada.
Mayo fiulminador , de su inefable
suma bondad el don primero es este !
( Por Leandro Fernande2; de Moraliii. )
I Qué grato anuncio vagoroso cunde
por la afligida Hesperia , y vá y recorre
el valle humilde y la encumbrada cima
de su ámbito feliz ? Cuál grata nueva
llevan al mar las ninfas de los rios
que el contorneado pecho relevando
de la^ diáfanas ondas ^ dan al viento
la voz sonora que el amor dilatal
Rápida parte desde el regio Alcázar
la Fama voladora , y al ruido
de las alas sonantes y la trompa
por los campos hesperios vá anunciando
como del alto Olimpo al suelo baja
[alma fecundidad \ y presurosa
de Filipo al Palacio se dirije^
y ^ m los altísimos decretos
(
Madre vd á ser la sin igual Cristina^
Consorte fiel del Ínclito Fernando.
Cual en visión de venideros tiempos ,
mil géneros y mil la musa mi a
vé llegar á los campos de la Tberia^
por la arena dorada conduciendo
fogosos alazanes : reverentes
la Regia Prole tímidos acataní
y hasta los brutos cuyo hijar oprimen
el cuello enarcan y la tierra besan*
El coro de virtudes que corona
él Solio de Borbon^ y al que preside
la Religión augusta^ ya se acerca
enjuto el llanto , y del dolor profundo
la vo¿i ya muda , y cual si respirara
jiuevo aliento vital ^ $ñtre armonías
viene^ indita Reina á festejaros^
unte la Regia cuna derramaudQ
indios aromas y purpureas flores.
Rompe las auras la inmortal Astrea , .
c(^r\ su balanza de oro y el acero
que qI protervo castiga^ al bueno ampara^
y^Ot el momento bienhadado espera
en que al amado fruto tierna estrecha
en dulcísimo lazo. Llegue , llegue
á v^rle el español trasunto hermoso
de las maternas amorosas gracias \
I Ah ^ ba^t^n ya las padecidas perias ^
cese de la discordia el duro estnigq í
£1 placer na^ca en el feliz instante
qi^e un astro ni^epo en el oriente brille ,
y su claro reflejo y resplandores
ú entrambos mundos para siempre bañen%
o¿^
projñ^ruiaa m? j¿emJ2re OiZmiJz^ma-^ m em/a^ n€iam4^yóo:
(97)
Setiembre en latín September era co-
mo indica su nombre el séptimo mes áú
año instituido por Rómnfo, y tomó el oc-
tavo logar cuando Numa introdujo dos
nuevos uieses^ uno al piincíplo, y otro aí
fin del año , y finalmente eí noveno lugar,
cuando los Decen^iros colocaron al mes
de febrero según se halla hoy dia. En va-
no intentó varias veces el senado cambiar
el nombre de setiembre que no tenia ya
significación alguna , y sustituir nombres
de emperadores. El nombre de setiembre
ha prevalecido siempre contra todas ks in»
venciones de la adulación.
Via 14, de setiembre celel)ra ía iglesia
la exaltación de la Santa Cruz/ Esta fiesta
es muy sofemne y antiquísima, usada ya en
Grecia desde el tiempo áe\ emperador
Constantino Magno, La fiesta de la inven-
ción es m^s moderna y no se introdujo en
la iglesia universal hasta después de oeho
filólos, á pesar que en la iglesia Romana ya
la celebraba S, Gregorio.
la Cruz 5 signo de n^stra n
7
(98)
fue exaltada en el año de 627 por el em-
perador Heraclio que entró con ella en
triunfo en Constantinopla , en una carroza
tirada por elefantes y con una pompa y
magnificencia sin igual, y con una alegria
universal por \^er libre del poder de los
bárbaros aquel sagrado depósito que había
sido cautivado por Cosroes, Este rey de Per-
sia en las guerras contra los emperadores
de Oriente , en 614 conquistó á Jerusalen
y se llevó la santa Cruz y una multitud de
prisioneros y de despojos. Quiso imponer
la paz al emperador Heraclio , con tan in-
dignas condiciones, que este á pesar del
conflicto en que se hallaba , haciendo los
mayores esfuerzos y ayudado del Cielo,
consiguió vencer y perseguir repetidas ve-
ces á los Cosroes y recuperar las provincias
y todo lo que aquel rey habia tomado.
Cosroes murió asesinado por su mismo
hijo, y en el año de 628 el emperador
Heraclio llevó la santa Cruz á la ciudad
de Jerusalen restituirla por Siróes junta-
mente con el patriarca Zacarías.
(99)
LOS HIJOS DEL REY EDUARDO IV.
El Padre. Donde queréis hijos míos,
que pasemos esta tarde?
Eugenio. Yo en parte ninguna.
Enrique. Pues yo sí, papá; Eugenio
no quiere salir porque está enojado.
El Padre. Enojado , porqué ?
Enrique. Porque ayer cuando fuimos
con mamá al campo, vio que iba en coche
Juanlto el hijo del mayordomo del señor
marqués D....
El Padre. Bien : y por eso está eno-
jado?
Eugenio. Si señor; nosotros no vamos
en coche , ni iremos nunca porque; : : :
El Padre. Porque no somos marque-
ses, ni ricos, para poder gastar coche. No
es esto Enrique? Mas hay hijo mío, si tie-
nes envidia por ello, y piensa^ que siendo
poderoso no tendrías que sufrir disgustos
te engañas.
EuLjcnio. Pues que papfi ^ ios hijos de
los poderosos no tienen una vida como ía
de un príncipe?
El Padre. Y qué quieres decir con eso
Eugenio ?
(loc)
Eugenio. Quiero decir papá que como
los hijos de los príncipes se llevarán bue-
na vida , también la tendrán los hijos de
los grandes y poderosos.
El Padre. También te engañas hijo
mió, si asi piensas; porque ni aun los pro-
pios hijos de los príncipes viven sin sufrir
disgustos , y disgustos mayores de los que
vosotros podréis sufrir, como desgraciada-
mente os lo hará conocer el tiempo.
Enrique. Sí , sí.
El Padre. Sí, hijos mios, y supuesto
que la tarde se presenta lluviosa y no muy
á propósito para pasear, nos estaremos en
casa donde os contaré una verdadera his-
toria por la que conoceréis vuestro engaño;
haciéndoos ver como los hijos de los prín-
cipes no siempre tienen la vida tan gustosa
como pensáis,
Alejandro. Sí, sí, papá, cuente nosla
usted.
El Padre. Sentaos con juicio que voy
á complaceros.
A fines del siglo quince por los años
de 1483 , reinaba en Inglaterra un rey lla-
mado Euardo IV. él que se habia casado
<x)n una dama tan distinguida por ?us ta-
lentos 9 como por su belleza , llamada Isa-
bel Wooduvílle. A pesar de que era de
condición muy diferente á la de su rey,
los atractivos y buenas cualidades de Isa-
bel , pudieron mas con Eduardo qne las
consideraciones políticas. Largas y desas-
trosas guerras habiau agitado á la Inglater-
ra y hecho correr torrentes de sangre. El
advenimiento al trono de este príncipe pa-
reció debía poner término á las desgracias
del pais , y en efecto durante algunos años
el reinado de Eduardo fne feliz y pacífico.
Amaba mucho á la reina su esposa, que
cada día justificaba mas la elección del mo-
narca, por sus virtudes que le concillaban
el amor del pueblo , á pesar de la envidia
que le tenian algunas damas de la corte
por su elevación. Edttardo é Isabel tuvie-
ron dos hijos , cuyo nacimiento completó su
felicidad. El primogénito se llamó Eduar-
do como su padre, y el segundo Ricardo.
Según costumbre de Inglaterra , Eduardo
tomó el título de principe de Gales ^ del
nombre de una provincia que aun al pre-
sente sirve de patrimonio al primogé-
nito de los reyes de la Gran-Bretaña.
Eduardo IV. cuidó que sus dos hijos se
acostumbrasen desde la mas tierna edad á
los egercicios corporales tan usados en
aquel tiempo, y Ricardo no tenía mas que
cinco años, cuando ya su padre le armó
por sí mismo caballero. Esta era una cla-
se de dignidad de la que eran entonces re-
vestidos todos los hijos de reyes y grandes
señores, asi que hubian probado por su va-
lor y su conducta , por su destreza en mon-
tar á caballo y en el manejo de las armas,
que serian algún dia valientes guerreros.
El joven Ricardo, se anticipó en la época
ordinaria de su consagración y bien pronto
se le preparó otra ceremonia no menos
imponente.
Ún Señor poseedor de inmensos bienes
llamado el duque de Norfolk, murió de-
jando por única heredera una niña mas jo-
ven aun que Ricardo. El rey determinó
agregar á su casa los bienes de Norfojk ca-
sando á la joven Ana, cuyo nombre tenia
la hija del duque, con el príncipe Ricardo.
En aquellos tiempos eran rnuy frecuentes
estos enlaces entre niños , cuando grandes
y alcas consideraciones de interés no per-
mi tian esperar para ello á la edad de la
razón , pero los dos jóvenes esposos perma-
necian después entre sus respectivas fami-
lias hasta que tuviesen edad competente
para gobernarse por sí y renovar el empe-
(io3)
ño que se había contraído en su nombre.
Se resolvió pues casar á Ana con Ricar-
do. Todo se preparó para la ceremonia en
una capilla de Londres la que estaba mag-
níficamente colgada de telas de tisú de oro^
Un soberbio dosel se habia erigido cerca
del altar mayor. El rey , la reina y toda la
Real faiDÜia vinieron á colocarse bajo el
dosel. En cuanto á los dos jóvenes despo-
sados, ya podéis considerar si estarian es-
pléndidamente vestidos. El novio iba con
vestido blanco de seda recamado de oro y
una preciosa cadena del mismo metal con
mucha pedrería preciosa. La novia llevaba
vestido de brocado de plata con visos de
color de rosa. Sus pequeños , blancos y bien
formados brazos, adornados con braceletes
de perlas. Piedras preciosas brillaban en la
toca triangnlar usada en aquella época , y
que cubría los bucles formados por sus lin-
dos cabellos.
En este trage fueron conducidos los des-
posados á la capilla de S. Esteban acompa-
ñados de un numeroso séquito de damas y la
principal nobleza. Un obispo los recibió á
su llegada, y el rey condujo por sí mismo
la desposada al altar. Colocada al lado del
joven Ricardo, el obispo les dictó lo que
(,o4)
debían contestar á las preguntas del cere-
monial , y ellos respondieron con afectuosa
gravedad: después el buen prelado hizo que
se diesen las manos entre sí y les echó la ben-
dición que debía consagrar estas primeras
promesas. Los dos niños á pesar de su tier-
na edad , no podían menos de estar con-
movidos en vista de un aparato tan impo-
nente, y todos los circunstantes se enter-
necieron contemplando á aquellos casados
de seis años cuya boca pura y sonrosada re-
petía resp^etuosameute las fórmulas del ri-
tual. No hubo persona que no implorase en
(avor suyo la bendición divina y una serie
de felices años.
Después de la ceremonia , toda la cor-
te se reunió para un ^ran convite en un
Suntuoso salón del palacio real. Los recien
casados se colocaron á la Cíjbeza de la me-
sa y todos los convidados Us manifestaron
una deferencia á la que ellos correspon-
dían con la franqueza propia de su edad.
Sin embargo, como estaban acostumbrados
á acostarse temprano, y las largas ceremo-
nias los hablan ftuigado bastante, el rey y
la reina dieron bien pronto la señal de re-
cogerse.
El joven príncipe y su esposa, se hicie*
(.05)
ron mutnamente una profunda reverencia
y en seguida el príncipe siguió al rey su
padre, y la princesa iba acompañada de la
reina y de las damas ^ y se separaron para
no volverse á ver hasta la época fijarla á la
celebración del segundo matrimonio, que
debia verificarse cuando llegasen á la edad
de la razori, Todo este tiempo se empleó
en educar al príncipe en el palacio de sü
padre y á la princesa en el de sü madre.
Hasta ahora me diréis, la suerte del
príncipe Ricardo y de su hermano ha sido
muy feliz. Tal vez habéis envidiado sus des*
tinos viéndoles rodeados de una corte bri-
llante ansiosa de agradarlos, y disputándose
á porfia el honor de proporcionarles nuevos
placeres. Pero pronto veréis si su suerte
fue siempre tan envidiable, y si aun en el
mismo tiempo de su felicidad que os pare-
ce tan grande no tenia n bastantes moles-
tias que sufrir. Por ejemplo , cuando ellos
hubieran estado de mejor gana jugando y
corriendo libremente en el jardui de pala-
cio ó en el parque de un sitio Real, su ca-
lidad de príncipes les privaba gozar de pla-
ceres que á vosotros nadie os prohibe. Era
preciso estar muy oprimido con los bonitos
vestidos de raso y terciopelo, teniendo una
(,o6)
posición grave y violenta á la franca ale- ^
gria de su edad. Pero todas estas mortifica-
ciones noson nada en comparación de las hor-
rorosas desgracias que tuvieron que sufrir.
El rey Euardo IV ^ murió pocos años
después del casamiento del joven Ricardo:
el trono pertenecia al primógito de los
dos hermanos, Eduardo príncipe de Gales
de edad entonces de trece años. Mas un
hermano del difunto Rey, el duque de
Glocester, hombre de no sana intención y
ambicioso, habia resuelto aprovechándose
de la juventud de su sobrino, apoderarse
del trono y reinar en lugar suyo. Consiguió
hacerse nombrar regente, es decir encarga-
do de gobernar el estado hasta que su so-
brino estuviese en edad de hacerlo por sí
mismo. El duque aborrecia á la reina Isa-
bel á pesar de las virtudes que la hacian
amar de todo el mundo escepto de los en«
lidiosos que nunca pudieron tolerar su ele-
vación. Asi empleaba contra ella todas las
astucias y perfidias que le sugeria su malig-
nidad. Isabel que le conocía á fondo des-
confiaba de sus intenciones , y temia sobre
todo ver al joven rey en manos de su mal-
vado, tutor. Mas este supo manejarse coa
tal destreza , mostrándose tap decidido por
(io7)
los intereses de su sobrino, que la reina se
vio precisada á licenciar las tropas que ha-
bla congregado por la defensa de su hijo.
El joven Eduardo que se hallaba en una
provincia lejana al tiempo que murió su
padre 5 fue conducido á Londres donde el
duque redobló las muestras de su respeto
y ternura para engañar mejor á la reina y á
su partido.
Pero no se veía satisfecho mientras no
tuviese en su poder á sus dos sobrinos. La
reina con su hijo segundo ^ se había refu-
giado en la abadía de Westminster edificio
de Londres muy antiguo y respetado. El
ducjue de Glocester, nias por amenazas que
por persuasión, la decidió á que le entrega-
se ci Ricardo. La pobre madre sabia muy
bien que le arrancarían su hijo por fuerza
si no le entregaba voluntariamente al re-
gente, asi pues le entregó á los señores en-
viados por el duque dirigiéndoles un enér-
gico discurso, rogándoles velasen sobre es-
te hijo tan querido. Sus palabras fueron
interruQipidas por sus sollozos, y cuando el
joven príncipe se separó de ella se deshacía
él también en lágrimas y arrojándose á los
brazos de su madre para darla el último á
Dios, partió con los encargados de su custodia.
(,o8)
El malvado duque apenas pudo ocultar
su alegria cuando se vio dueño de la suerte
de sus dos sobrinos. Bajo pretesto de confor-
marse á una antigua costumbre que debia
preceder á la coronación del joven rey,
hizo conducirlos á la torre de Londres, for-
taleza célebre que ha servido largo tiempo
de prisión á los reos de estado. Los princi-
pales partidarios de la reina fueron senten-
ciados á muerte por el infame GKiCester, y
cuando vio que ya no habia obstáculo que
se opusiese á sus proyectos , el que debia
velar con tanta solicitud por aquel niño
confiado á su guarda , usurpó el trono y se
hizo coronar rey*
Mas no era esto bastante. Los dos jó-
venes piríncipes no dejaban de causarle in-
quietudes á pesar de su cautividad. A cada
momento estaba temiendo el que los vasa-
llos fieles tomasen las armas en favor de su
legítimo soberano. Resolvió asesinarlos.
Tembláis á vista de tan horrible designio,
no es asi hijos mios? Mas quien da el primer
paso en la carrera del crimen, no se detiene
después por crimen mas ó menos. La salud
del joven rey , débil y lánguida por natu-
raleza, se habia empeorado desde que habi-
taba en aquella horible morada de la torre
(io9)
de Londres- Estaba triste, mefancóllco,
abandonado á su dolor. Su hernicino mas
fuerte y animoso procuraba distraerle por
sus chistes , y sostener sus esperanzas. Una
noche que después de haber hablado largo
tiempo se habian quedado dormidos los
dos hermanos abrazados sobre el mezquino
lecho que componia el mueblage de su pri- '
sion, tal vez soñaban que en días mas feli-
ces se veian transportados fuera de aquellas
tristes murallas en una risueña y verde
campiña, cuando de repente la puerta se
abre silenciosamente. Dos asesinos enviados
por el duque de Glocester entran con una
lúgubre linterna en la mano. Se acercan at
lecho en que reposaban las dos inocentes
víctimas; y á pesar de su dureza no pueden
menos de conmoverse , pero uno de ellos
recordando á su camarada la recompensa
prometida le dice. Vamos te vas á dejar
enternecer? Y al mismo tiempo los dos ase-
sinos tomando las almohadas de la cama las
apretan contra la boca de Eduardo y de Ri*
cardo que mueren sin hablar palabra ! Ar-
rojaron los dos cadáveres á un boyo
abierto de pronto al pie de la torre y allí
fueron enterrados sin honor.
Jilo necesito hablaros del dolor de la
(rio)
reina al saber tan horrible atentado; pero
la divina justicia no tardó en manifestarse.
El duque de Glocester que se habia coro-
nado con el titulo de Ricardo III, fue derri-
bado del trono y pereció en una batalla con-
tra su competidor. Los asesinos que hablan
servido de instrumento, murieron afrento*
sámente, Largo tiempo se lloró la suerte de
las dos victimas á quienes la regla digui-
dad habia sido tan funesta y las madres
acordándose de esta horrible catástrofe de-
cían á sus hljo« estrechándolos contra su co-
razón. Hijo mio^ yo doy gracias á Dios
porque no eres hijo de Rey.
Ved ^ hijos mios, como no es tan cierto
lo que pensabais acerca de la gustosa vida
de los hijos de los príncipes ni tan envidia-
ble este estado. No creo que lo envidiareis^
como tampoco el de otros poderosos aun-
que os parezcan mas felices que vosotros,
porque en verdad no lo serán , pues en su
estado , á las desgracias que pueden esperi-
mentar los hombres se aíiaden frecuente-
mente infortunios peculiares á los podero-
sos, catástrofes originadas por la ambición,
rencores , odios , enemistades, intrigas, per-
secuciones y todas las calamidades que afli-
gen los imperios. Si vosotros habéis envi-
(I,,)
diado alguna vez á los hijos de los grandes,
la magnificencia que les rodea , los nnme-
merosos criados ansiosos de servirles, Ja va-
riedad de placeres que disfrutan. | Oh ! creed-
me, niños mios, creed que si os fuese posi-
ble cambiar vuestra suerte por tan elevada
fortuna queriais mas permanecer en la
modesta condición en que el cielo os ha
colocado.
instrufíion primaria.
»«MB
jReglas de conducta que deben observarse
con los niños.
Los principios que se reciben en k
primera edad, son como los caracteres tra*
zades en la corteza de un árlx)J, que cre-
cen con él y no se borran jamas. Por eslo
los encargados de la instrucción primaria
son responsables ante Dios sino procuran
y se esfuerzan en infundirlos buenos senti-
mientos, aun desde la misma cuna
Háblese siempre á los niños sin impa-
ciencia , sin cólera y sin aspereza, no se les
inspire un funesto temor á aquellas pe rso-
nas que deben amar y respetar. Hágaseles
conocer que se tiene una autoridad real so-
bre ellos, pero con moderación.
Úsese á menudo de la influencia de los
egemptos, la simpatía natural de la infancia
con nosotros hará mas provechoso este mo-
do de obrar con ellos.
Las caricias no deben prodigarse con
csceso y deben concederse á tiempo como
las recompensas»
(..3)
Se les debe dar una idea de la propie*
dad, para que sepan respetar ias de los de^
mas; inspirarles liberalidad , haciendo que
den ó presten algo de lo que les pertenez^
ca. Inspirarles pudor tanto á los de uno co^
mo á los de otro sexo.
Corregir con calma y serenidad, no re-*
ganar dando gritos, querer solo lo que sea
justo y razonable, pero quererlo con firme-^
za y sin ceder jamas. Para evitar la envidia
entre los niños, póngase al mas joven baJQ
la protección del mayor, que este papel de
protector le impide todo sentimiento de
adversión.
Hágase conocer á los nulos el valor de
la verdad; no se debe reir en su presencia
de las astucias que emplean y ¡as mentiras
de que se valen para conseguir lo que quiq-
ren, se deben desconcertar sus planes y
recibir sus caricias con frialdad.
Después de haber ganado su confian-
55a y conseguido la declaración de sus falti-
Has, perdóneseles después de una 3uave nw
ral. Todos los intereses deben sacriíkarsie
al de la verdad; todo es reparable con Jps
piños, fuera de la mentira*
Sirviéndonos de nuestra propia convic*-
cion , hágase conocer á ios niños la idea del
8
("4)
fleber, aprovechando los momentos en qtie
están mejor preparados para darles las no-
ciones morales y religiosas.
Saqúese partido de la imaginación ac-
tiva de los niños, aun en sus juegos; pero
cuidado con abusar, causándoles miedo de
cualquier modo que sea.
Hágase nacer en ellos el deseo de las
buenas acciones , cada vez que se presente
la ocasión, y procúrese desde los primeros
años inspirarles ei deber mas bien que dic-
társele.
El primer cuidado del maestro, de este
hombre de bien que se ocupa en formar
ciudadanos virtuosos, útiles y afectos á la
patria , es instruirse él mismo en el arte di»
ficil de la enseñanza. Por conocimientos que
^adquiera siempre serán inferiores á los que
requiere su alta misión.
Se deben aplicar á ganarse la confianza
de sus discípulos , porque si estos no aman
al maestro, harán poco caso de sus leccio-
nes. Es preciso conocer sus caracteres para
dirigirlos bien.
Empléense los medios de persuasión
mas bien que los de castigo, solo se debe
hacer uso de este en circunstancias mayores,
cuando sea iusuficidute una dulce severidad.
o .5)
Solo se puede enseñar lo que se sabe
perfectamente, mas no todos los que saben
mucho son capaces de enseñarlo, y suelen
hacerlo mejor otros menos instruidos. La
facultad de espresar y demostrar bien lo
que se sabe, pertenece á un corto número
de hombres.
Un maíístro debe hablar su lengua sino
con elegancia á lo menos con claridad. Mu-
chos discípulos que palidece prestan mucha
atención á las lecciones, no entienden la
mayor parte, y asi es preciso que el maes-
tro tenga una paciencia á toda prueba para
repetir diez y mas veces una mi&ma cosa y
de diez; y mas modos diferiputes, ha$ta que
jo entiendan.
Si la moralidad del maestro deba maní^
festarse en todas sus acciones, su bondad
debe ser también evidente para sus discí-
pulos , y esto no impide la justa severidad
para corregir la§ faltas. Mas cuando se vea
precisado á usar de ella , que sea con la ma-
yor equidad ; pues si muestra parcialidad ó
castiga por capricho, se hará incapaz de
gobernarlos.
Le es útil mucha igualdad de carácter,
que tenga algunos ratos de complacencia y
alegria con sus discípulos, y que antes de
pretender dominarlos procure dominarse á
si mismo*
Es conveniente dividir las escuelas en
secciones en las que se abrace todo loque
constituye la primera educación y demás
conocimientos que influyan en los intere-
ses de la patria.
Los discípulos cuando salen de la es-
cuela, llamados á otros trabajos, olvidaqi
fácilmente lo que han aprendido y para que
no suceda asi es conveniente tener algua
repaso aunque sea en los dias festivos y
consolidarlos en las partes esenciales de la
enseñanza.
Sobre todo inspírense á los dispipulos
los sentimientos morales y religiosos , res-
peto á las autoridades, obediencia á las le-
yes y amor á la patria.
Ignacíio y Clemente eran dos niños her-
ínanitos é igualmente amados de sus pa*
dres, pero mimados y agasajados estraordi-
nariamente por sii abuelo* Así es que los
líiños á todas partes querían ir acompa-
ñados por él, seguros de satisfacer á su lado
todos sus antojos, y mas tiempo pasaban en
¿asa de su abuelo que en la suya propia,
ñilbo sin embargo un dia en que los ni-
ños quedaron dueños absolutos de sus ac-
ciones, y este dia fue uno de las presentes
ferias. Mucho antes qué estas llegasen ya
hablan estado los niños importunando á su
abuelo é indicándole tanta multitud de ob-
jetos que querían les comprase , que el
pobre hombre por libertarse de ellos y al
tnlsmo tierripo por hacer una prueba que
deseaba , entregó a cada uno cierta cantidad
de dinero, dejando enteramente á su elec-
ción que lo empleasen como quisiesen. El
abuelo deseaba ver el uso que hacían de él
y isacar de allí partido para hacerles al-
guVia corrección saludable; porque babia
rrotado en Ignacio cierto egoísmo que le
hacia ocuparse solo de si mismo, é iiiquie^
(.i8|
tarsé poco de que los demás se incornoda-
sen con tal que él satisfaciese sus deseos.
Salieron pues una tarde los doá niños,
seguidos de im criado que tenia órded de
ácoítipañárlos por donde qnisiesen ir^ sin
oponerse de modo ninguno á sus determi*-
tiacionfes» Entraron en la espaciosa calle de
Alcalá por la que ihan regocijados coii
tanta Variedad de cOsas como sejes presen^*
taban y mudando á cada instante de pa«
recer$ de modo que liabian recorrido ya uil
gran trecho sin hacer ninguna adquisición^
hasta que Ignacio el primero to'-ció hacia
lina confitería y entrando en ella compró
ciertas golosinas ^ sin que pensase en repar-
tir con su hermano por la razón, para él
muy convincente, de que teniendo él tam*
bien dinero^ seria mal empicada su genero-
sidad.
Llegaron por fin á un surtido puesto
de quincalla en el que Clemente realizó el
proyecto que tenia premeditadp, eligiendo
al golpe ün dedalito de plata y un lindo
par de tijeras « ¿ Qué es lo que vas hacer
con eso le preguntó Ignacio? A loque res-
pondió, quiero regalárselo á nuestra hernia-
nita Rosalía que se ha quedado en casa,
para quíe vea que me he acordado de ella**^
Pues yo, replicó Ignacio, si me sobra dinero
|a compraré alguna rosa. Entre los objetos
que habia de venta, se hallaba un bonito
cortaplumas con embutidos de plata que;
llamó la atención de Clemente, y aunque
algo subido de precio se determinó á com-
prarle viendo que aún le sobraba con el
dinero que tenia. Ignacio por su parte se
dirigió á otro puesto donde habia una mul-
titud de elegantes figuras, y empleó de una
vez todo su caudal en la adquisición de
una brillante pareja de airosos contraban-
distas. En vano su hermano le indicó que
podría según su parecer emplear el dinero
de un modo mas conveniente. « Que poco
entiendes tú de esto (le contestó] cuando
lleguemos á casa y los ponga yo encima de
la cómoda uno á cada lado del tocador, to-
dos cuantos entren y los vean se han de
quedar admirados y me han de alabar por
el buen gusto que he tenido.^^ Verificada la
compra se acercaron á ver que habia en uii
corrillo formado por varios curiosos, y ha-
llaron que era un pobre soldado estropea-
do que pedia limosna contando sus desdi-
chas á los que le rodeaban. Clemente sin
escuchar mas voz que la de su piadoso co-
razón entregó al pol?re todo el dinero que
(lao)
le había quedado á pesar de que Ignacio Id
décia « no se lo des todo^^: ño tengo yo fé
con estos soldados parlanchines, que suelen
ser algunos vagamundos que todo lo que
cogen Jó gastan en borracheras. Este tt^
plicó Clemente no se puede confundir con
los que tú dices, es un pobre militar rtiuti^
lado que no puede trabajar para cortier, y
de haberle socorrido me resulta la mas dul-
ce satisfacción/^ En efecto Clemente la tuvo
al oirse colmar de bendiciones por el pobre
méndigo y al ver qu^ apiadados algunos dé
los circunstantes le dieron tatubieti limosna
íuovidois con su ejemplo.
Continuaron paseándose por la feria,
hasta que viendo se acercaba la noche y ya
íio podían andar cómodamente por el oeiu
tío que iba acudiendo, trataron de volverse
á casa. Mas quiso la mala suerte que al
atravesar la calle, Ignacio aturdido con la
muchedumbre, y mas que todo por apar-
tarse (on ligereza de un coche que venia
atrepellando, dio un fuerte tropezón y fue
á caer á dos ó tres pasos con las figuras, que
siendo de barro, se hicieron quinientos pe-
dazos. En vano el criado le había pedido se
las confiase para llevarlas, Ignacio no ha-
bla querido soltar de sus nianos^quella
(12 i)
presa con que se envanecía , hasta entonces
que levantándose humillado y lloroso em-
pezó á conocer lo mal que había empleado
su dinero. Cuando se acabó de confundir
fue al entrar en casa viendo á Clemente
ufano con su cortaplumas y )a alegría de
6U hermanita por el regalo que este la ha-*
bia hecho^ y verse él con las manos vacías
sin tener cosa para sí ni para ofrecer á lo3
demás. El abufelito entonces viendo que el
que reconoce sus faltas está próximo á en-
mendarse de ellas, le hizo una severa re^
Convención poniéndole á la vista et ejemplo
de Clemente que era feliz porque habiá
querido que los dettias lo fuesen antes que
él. Ignacio con el ejemplo de su hermano
y la reprehensión de su abuelo, fortificado
con la nueva esperienria que acababa dé
hacet, desechó completamente el egoismo
y determinó si habia de ser Tecompensado¡
causar antes al¿:un placer á los demás.
Clittfacimí física Ir^ la iutientulr.
CAPITULO SEGUNDO:
Que las madres sensibles no se alarmeii
porque hemos dicho en el artículo anterior,
qne es preciso enciurecer poco á poco á lo$
niños para que algün dia puedan resistir á
las fatigas. Los niüps no sufren tanto como
ellas se imaginan^ ;y tienen una idea muy
equivocada de su temperamento si le juz-^
gan según sus propias disposiciones á la de^
biiidad. Supongamos dos hombres que esr
táiidé ligeramente vertidos en el rigor del
verano, son sorprendidos por un vientq
ji^ip ; será incotniodado quien siempre ha
consultado al tiempo para vestirse, al paso
que estará al abrigo de ella el que se hallQ
Jiabituadó, desde su infancia á las intera-
peiries del aire.
En cuanto á la cama, ya se sabe cuale3
eran los lechos de los Griegos y los Roma-
nos, y aun en los siglos anteriores nuestros
generales y nuestros príncipes no eran muy
exigentes en este artículo. Cuanto mas dura
sea la cama y mas ventilada la habitación,
mejor están los niños. En orden al alimento
está probado que los pueblos que viven
iK>to dé arroz ^ írutas y raíces no cometen,
escíesos, y que estos son siempre originaJos
de la Variedad y abundancia de manjares.
Asi es que los manjares mas simples son
menos i t rila ti tes para el gusto, y por con-
siguiente mas análogos á la salud^ que se
acomoda áiempre mt jor á las susiancias ve-
getales que á las animales. Se puede con-
eluir de todo lo que precede^ que los ni-
ños que se bañen todos los di^s en agua,
friaj y se vayan ejercitando por grados en
todas las variaciones del clima, ligeramente
vestidos en toda esta, que coman frugal-
mente y no esperen que les traigan almoa^
dones para dormir, $e criarán fuertes, ágif
les y robustos.
Endurézcanse (dice Mon tagne) los jó-
venes al calor y al frió , al viento y al sol ,
príveseles de toda molicie y delicadeza ea
el vestir, dormir^ comer y beber; acostúm-
breseles á todo, y se criarán jóvenes fuertes
y vigorosos. Esto se ha de deber principal-
mente á las madres que con carácter y
energía deben apartar á sus hijos de una
Vida frivola y sedentaria gn la que aunque
no serán víctimas def hierro ó del fuego que
los deje tendidos en el campo de batalla^
lo serán de su propia debilidad que los
(i 24)
consumirá á los menores trabajos que ten-
gan que pasar.
Demasiado civilizados, ya no conocemos
¿r mérito de nuestras fuerzas que hemoé
perdido en la molicie, podemos sin em-
bargo triplicarlas por el hábito de un ejer-
cicio constante que nadie mejor que las
niügéres pueden hacernos apetecer. !Ohi
vbsotráís^t^íiyas interesantes cualidades y
afecciones virtuosas tienen tanta influencia
en nuestra felicidad desde la cuna hasítá
el sepulcro, manifestad únicamente el mas
leve deseo dé ver m^yor energía y desrre<.a
en la juventud, y esta al punto envidiosa
dé agradaros , deseosa de patentizaros su re-
conocimiento y de merecer vuestra apro-
bación abandonará esta molicie y esta iner-
cia de que se avergüenza, y buscará los
ejercicios aptos para: manifestar á ks cla-
ras su destreza y su fuerza.
i§^-
J¡^e Itt íuevza.
Se distinguen generalmente hablando^ tres
clases de fuerzas :
1.® La fuerza de levantarfy de llevar á
peso. Esta se aumenta considerablemente
con el ejercicio, pues se han visto hombres
que llevaban en cada mano quinientas li-
bras de peso, y mozos llevar fardos de mas
de novecientas. Hay cocheros que en un
apuro levantan su carruage con cuatro per-
sonas dentro , y ya se sabe qqe fuerza tan
prodigiosa tenian los Dende, Saxe Nemours
y otros, pues no hay ciudad ni aun pue-
blecito que no tenga su Hércules ó su Ro-
lando.
a.^ La fuerza* de caminar y de correr.
Los corredores de profesión en Ispahan an-
dan treinta y se\s leguas en catorce ó quince
horas. Se ve frecuentemente á los andarines
camina^ veinte y dos y veinte y cinco le-
guas por dia, mas sin necesidad de andar
tanto se pueden ejercitar muy bien las pier-
nas y los pies, para de];ir los carruages á
los enfermos, á los ancianos y á las mugcres.
3.^ La fuerza de resistencia es nccesa-
ria*en todos los estados y condiciones, el
cansancio , la intemperie de las estaciones,
los malos alimentos, el hambre, la sed
y las enfermedades, son dotes de todas eda-
des y sexos; con esta fuerza se puede
soportar toda especie de fatiga sin ser in-
comodado, y hé aquí el motivo sino para
aumentarla, para conservarla al menos.
Una buena salud es tan necesaria á la vir-
tud como al vicio. Delicados jóvenes víc-
timas prematuras del placer; vosotros que
sois el retrato de vuestra sensible madre;
si aun conserváis alpn resto de amor pro-
pio, y por consecuencia resolución de ven-
cer ese desaliento é indolencia que va en
aumento para salir de ese estado de langui-
dez tan vergonzoso en vuestra edad, recurrid
á ejercicios que haciendo circular la fuerza
en vuestros nervios, hagan también vuestra
salud mas fuerte y duradera, procurad en
estos ejercicios mostrar gracia y destreza;
porque no hay cosa que dé una idea mas
desfavorable de .nosotros que los modales
torpes, embarazados y comunes.
(127)
JDf la ^^eetYtza.
Se entiende regularmente por destreja,
él talento de sacar todo el partido posible
de sus fuerzas, ó de servirse ventajosamente
de sus pies, manos y dedos, ó de ejecutar
como sin pensar, es decir, con la mayor fa-
cilidad, pruebas muy difíciles, movimientos
trabajosos y casi imposibles para los que
no se han ejercitado en estos juegos y en
estas acciones*
(Se continuará.)
€1 amor fralirrnal.
En 1 585 naufragaron unas tropas por-
tuguesas que iban á las Indias. Parte de la
gente llegó al pais de los Cafres, y otros se
hicieron al mar en una barca construidqi
con los despojos del navio. El piloto notant
do que el barco llevaba demasiada carga,
advirtió al gefe Eduardo de Mello, que to-
dos iban á ir á ípndo <como no se arrojasen
al agua una docena de víctimas. Entre los
que les toeó la suerte, se hallaba un sol-
dado cuyo nombre tío conserva la historia,
pero tenia un hermano menor, el que hin-
cado de rodillas delante del capitán, hizo
las mayores instancias para ser arrojado al
mar en vez de su hermano. « Mi hermano
decia, tiene mas disposición que yo, man^
tiene á ri)is padres y á mis hermanas, si le
pierden todos moriián de miseria; conser-
vad sus vidas conservando la de mi her-
mano, y arrojadme á mí al agua que no
sirvo para nada. ^^ Mello consintió y le
mandó an^ojar al mar. El pven siguió na-
dando tras de la barca durante seis horas,
hasta llegar á ella. Le amenazan con la
muerte si se atreve á entrar en ella , mas el
amor cíe su conservación pnerle mas que la
amenaza; se acerca^ y aJ querer herirle ron
una espacia, asede ella y no la snelta habta
estar dentro de la b3rra. Todos admirados
de sn constancia le permitieron qnedarse
con ellos, y él consignió salvar de esta suerte
su vida y la de sa hermanot
(i 3o)
ODA,
Salló Ciipiáo un día.
Yo no sé porque antojo,
A coger ciertas flores
A un jardín delicioso;
Y al tomar una rosa
Sus punzantes abrojos.
Hiriéndole los dedos
Le aparraron medroso:
Volvió triste á su niadre^
Y con amargos lloros,
Mostrándole la herida
Le contó el lance todo,
« Niño, le dijo Venus,
Tu te asustas de ooco :
¿Por una punzadllla
Suspiras de ese modo?
¿Cuál no seria tu llanto
Tu sinsabor y enojo,
{■30
Si los dardos probaras
Que tu tiras á otros?
j Ojalá que el suceso
Que escita hoy tus sollozos,
Te vuelva en adelante
Mas humano y piadoso;
Y que á sensibles pechos
No asestes con arrojo.
Esas flecbag de acero
Que causan tal destrozo !^^
MÚSICA.
jSuutilií^aír en es^tatfo íre salulr g f nfernuíralr*
La sensibilidad es indubitablemente la
propied id que; distingue los animales de
los cuerpos inanimados, y por la que siem-
pre medimos el grado de perfección de ca-
da uno; al mismo tiempo que sirve para
establecer una relación constante entre los
cuerpos á que pertenece, y los objetos que
los rodean. A pesar de la justa permanencia
que debe merecer de la ateucion de los mé-
dicos por su estension é influjo bohíe la
misma vitalidad, no parece que se hayan
ocupado muchos en examinar todas sus
relaciones , in en hacer aplicaciones úri*
les á la práctica de los grandes conoci-
mientos que íia adquirido la fi-iologla en
tuiestros dias acerca de las propiedades
cíe la vida. ¿Qué remedios se han admi-
f}istra<lo aiHi en aquellos casos dr una ] ér-
ilida de sentibi!ida<l absoluta , capaz ck»
confundirse con la muerte, para escitar-
ía en los órganos de los sentidos, que
m^p dlgámolos asi 9 sut depósitos? El
(i33)
tacto únlcamameute con los estimulaníei-
estemos, y el oltaio con los esternutato*
rios reciben felizmente los aiisiliosHel ar-»
te : mas si por desg,racia no ( orrespondeii
á sus iuij)resiorje8 , p()C(»s habrá que in-
tenten repciirlas en el oido, y ipie ten-
gan presenle^l poder a.^omhroso de la ar-
Uionia , tanto sobre el hombre civdizado,
como en el estado de rndtz y de barba-
rie. Es verdad , que si ai^uno arrostran*
do la oposición y la mota de un vulgo
insensato, ó de la ignorancia autorizada, se
atreve á recurrir á la música en la cu*
ración de una enfei meil id ^ se espone des*
pues, si su tentativa fuere desgraciada á
nuevos escarnios y á mavores contiendas.
4 J
No me detendrán ahora á mí tan frivolas
causas para manifestar las ventajas de esta
arte encantadora, y los orgullosos censores
t\wt la consideran como una vana y fútil
diversión, que miran como inútiles las
gratas sensaciones del oido , y que se cora»
placen contra el voto did universo en re-
probar un egerciclo que consuela y vi\ifica
á todíjs los seres sensibles, aprenderán asi
á apreciar por lo mmos sus virtudes.
No me toca hablar de su origen , de
•US progresos , ni de su dignidad ; la histo-
^34)
íia nos presenta innumerables hechos que
la testifican^ la religión se ha servido de
ella para sus actos mas sagrados, y en to-
dos los cultos ha exortado á la virtud^ ha
proclamado á la divinidad ^ á los héroes y
á todos los hiimbres ilustres, y ha sido el
medio mas eficaz para imprimir en el cora-
zón humauo los principios de la moral y
los conocimientos de sus deberes. Mas el
gran cuadro que nos ofrece el mundo en
tocias sus épocas , debe fijar nuestra aten-*
cion para conocer desde luego , cuántas
utilidades pueden sacarse de este don del
cielo en favor de nuestros semejantes. Ella
conviene á todas las edades y á todas las
condiciones, impone silencio en los con-
cursos mas tumultuosos, embellece la sole-
dad^ recrea á los morrales y disi()a las nie-
blas que eclipsan con frecuencia su espíri-
ritu ^ anima los festejos ^ aparta de ellos la
aílicioh y el dolor, convierte la tristeza en
alegría *> el temor en confianza, en esperan-
za el despecho y la ferocidad en compasión*
Ella sola desarma á los mas intrépidos y
orgullosos, en medio de las desgracias nos
conserva la tranquilidad y es el único
socorro en nuestra pena. Asi vemos á la
mayor parte de los trabajadores animarse
(i 35)
en sus fatigas con sencillas cantinelas , in-
flamarse á los combatientes en el horror
dé una batalla al son de su música marcial
y hasta el iVo abismado en un lóbrego ca-
labozo alivia su pesar acompañando tal vez
sus caiuares con el triste sonido de sus ca-
denas. En una palabra , escita ó modera á
su arbitrio to«ias las pasiones. Y no es el
hombre so!o el que participa de las sensa-
< iones de placer que produce la armonia,
pertenece á todos los seres dotados del sen*
ti io del oido, y desde el elefante hasta el
bruro mas estúpido, todos sienten su bené-
íiio influjo Ni> por otra razón el camello,
el torpe jumento y el perezoso buey sufren
su carga y sus labores con menos trabajo,
cuando los alienta el cántico ó algún ins-
trumento por mas grosero y desagradable
que sea.
Bichat ha demostrado la determinación
de las pasiones sobre el corazón y todo el
sistema sanguíneo , y esta idea debe ser la
basa fundamental de nuestroB principios
relativamente á los efectos saludables de la
miisica. Perteneciendo á las sensaciones de
placer ha de colocarse forzosamente entre
los agentes escitantes que no siendo dema-
siado enérgicos^ó duraderos , producen un
(i36)
nuevo vigor en las funciones animates^ rea*»
niman la fuerza vital, la exaltan y Ja cor^
roboran, aumentan ia acción en tocios los
órganos cíe la economía , y principalmente
en el de la di¿ie-tion , de la circulación y
secreción. As^i Huffl.nd, hablando de los
estímulos agradables, da ía preferencia á la
música , y demuestra que sus iu) presiones
aumentan ódirminuyrn la celeridad del
pulso, prestan un tono igual á toda la má-
quina, y obran con mas actividad á las
veces que los remedios medicinales y la
elocuencia del profesor. Comparemos el
influjo de ías pasiones en nuestros órganos
según le esplica el céleÍ)re Tissot , con el
poder mágico de la armonia para poneilas
en movimiento ó mcxlerarlas , y hallaremos
qn auxilio seguro para la curación de las
enfermedades y un medio eficacísimo para
aplicarle.
Recorramos sino las historias antiguas
y modernas, registremos los fastos de la
medicina y alli se nos presentan hechos
prodigiosos que comprueban su utilidad,
aur.qne envueltos entre ía oscuridad de la
magia y ríe la astrología, bajo cuyas ilusio-
nes ocultaban lo^ antiguos charlatanes los
verdaderos efectos de la música para sedu-
(
tir al pueblo, líanrlo un aspecto misterip-i
so á las cosas man naturales y comunea^^
»Puede dudarse dice Bolierave, si iodos loi'
portentos que se refieren de los encanta-,
mienros v de los verbos en la curación de '
las enfermedailes , deheráu aírii»nu>e á '^^
música , tn cuya ciencia estaban completa-
te instruidos los médicos antiguos."
1 ciertamente pudieron tener resultan-
dos mas felices^ porque se dedicaban mas
bien á conmover el corazón queácscitar,
el alma é iivsjnrar el placer , y porque su
música mas sencillj y mas imirahle, era
también mas patética y eficaz, Distiugnie- ^
ron tres tonqsrpriní ipiles con el fin de '
mover con ellos diferentes afectos; llega-
ron á pn^ftindizar sus efectos basta en sus
ultrmas modificaciones y asi se verificaron v
los prodigios que cuentan tos bi^toriadores
de Tiuíoteo y (1,^ Terpandro
¿Mas cómo es que entre nosotros no
obra la nuisica como entre los griegos y
los orientales aun (liando mueva librem< n-
te y sin oposición todf>s los recorres? ¿Pro-
viene acaí^o esta degrd<la(ion de que no co-
nozcamos las liras de los atenienses , el sal-
terio lie Sillón, y los íristros dorados de
Menfis ? Las obras de Pargolesi^ de Piccini
(i38)
j de Paísíello , son acaso inferiores á las de
Terpdndro y de AHon? ¿O hay por venta^
rá eri la específe humana una tendencia-
gfadna<1a hária la rn^eusibilklad '^ Yo creo,
que si la niúsixa se u^^ase ahora entre noso*
tros í n los rasos en cpie la etnpléaban los^
ahtignos, profluciriá los misniós efectos que
entonces. Y !a historia moderna nos ofre-*
ce algunos hechos maravillosos semejantí^s á
los que admiramos en 1 1 antigüedad. Nues-^;
ttó'céléhre Mens antft de tomar en la ma-
no el diestro pincel con qué aHÍmaba ous
lienzos, hacia mucijas ve<*es que se Je to-
case algún concierto acomodano al objeto
que metütarabá para despertar su fecunda
fantefeía.
' Parece que hasta este punto la música^
n6 pasaria de un objeto de mero agrado,
úfd lio obstante á la sociedad ; pero los an-
tianos miraban también como un remedio
poderoso en la práctica de la medicina.
! El mismo Cí^hb Anrelimo dice haber
ob'^ervaílo su utilidad en los dolores, y ha-
ce ya mucho tiempo que según B >!Uiet , ss
conocieron sus buenos efecms en la gota.
Desault, Bagü vi , Geoffroy - Mead , Floyer^^^
Siuvages y Bourdelet la han usado venta-
josamente y la íceomienda en males diver-
(i39)
«OS, y entre ellos principalmente en k Hí^
drophobia. ^
El gttsto general por la música y sus'
asombrosos efectos obligaron á muchos iin-|
tigiios y moflen IOS, á a|>licar la armonía en
lú epilepsia^, en el histerismo, en la nim-
phomatíía y en las inumerables dolencias'
que por Jo común padecen las mugeres
cloróticas. Casos ha habido en nuestro
tiempo, que han confirmado las ventajas
que Asclejyiades concede á la másica para
la curación de los frenéticos, como püédé
verse en las actas de la academia de 1^5"
ciencias, en las cuales se encuentra entre
muchos el caso siguiente.
^'ün múbico ( I ^ célebre fue acometido
de calentura que acrecentándose de dia en
día ^ llegó á hacerse continua con recargos, ^
y al dia séptimo sobrevino el delirio,
acompañüdo de ligrimas , de terror y de
perpetua vigilia: calmó algini tanto á los
tres dias, y el enfermo pidió se hitiese un
breve concierto en su cuarto. Al primer
sonido qoe oyó, se serenó su vista, éus
ojos se aquietaron , ceísaron enteramente '
(t) Hist. ifof.
las* cotiVnlsíones^ y estuvo limpio de ca-
lentura mientras duró el concierto: mas
des{)ues de concluido .volvió á caer en su
primer estado de languidez, del cual no sa-
lía, sino rc|)itien(1o el mismo rcuiedio,
y al fin después de diez dias de musirá re-r
cobió su salud/' Yo pudiera presentar aquí
dos obí^ervaciones nujy seoicjantes , sino te-
miese of líder la uiodestia del sabio profe-
sor que las hizo.
E-^te rápido examen parece que da ya
alguna luz sol)re el modo con que obra la
mu iqa en la máquina aniuíal: mas |)ara
confirmar los datos anteriores y despojarlos
(^el aire ele maravila que los hace im reí-
Ll;s, es necesario todavía considerar á la
inii;ica, como estimulo mrcáíiico lonsi-
guiente á las impresiones que causa en no-
sotros el aire puesto en movimiento desde
el cuerpo sonoro, y que alcanzan á todos
los cuerpos Í!)mediatí s, especialmente cuan-
do están unísonos , ) notar ademas en ella
la cansa de una sensación grata y delí*-
cioíS'i. Eí^te últuuo m< do de obrar aur que
hablando rijioro^ammte debe reftriíse al
primero, tiene inia relación |>articular con
Ja sensibilidad de cada individuo.
La música uo es otra cosa que una po-
('40
ficion (Je sonidos graves y agudos que jnn-
tos concuerdan peí fecta mente, disminu-
yéndose por iuíervalos, de donde se delei-
tan los sentidos y la imaginación. Los tres
géneros en qne se ha divi<tido , da Ingar á
iníiiiitas raodiBeaciones. por me lio de las
cnales pnede pasarse de una pasión á otra/
Y esta imprevista mudanza, estos admira-
bles efectos de la rnu/ica, son fáciles de es-
pliearse, si se reñexiona ^obre la efiracia
de los sonidos, y se examina atentamente
el órgano del oido. No son ellos mas qne
niovimientos ti émulos y prontos del aire^
producidos por la conmoción de las partes
que componen el cuerpo tatiido. Si se hie-
ren las cuerdas de un instrumento, se des-
cubre el sacudimiento que im|)rimen á los
átomos que las rodean, obtierváiHlolos á
los rayos del sol. Resultan pncs en el aire
vibrariones tan frecuentes, que corre en el
espacio de \m\ srgruxio i 148 pies, cnal-
qiiiera que sea su intensidad , y todas las
el if< rentes d s|)Osiciof>es de tonos forman
i/na cantidad de sonidos niodlficados, que
seguí, sn graduac ion escttan en nosotros una
sensación mas ó n>enos dulce, como que él
órgano del oido , viene á ser en estas cir-
€uo tandas una especie de tacto. Asi la muí-
3Jqa considerada como un simple soníf^o
ó un ruido obra principalmente sobre ]as
ramificaciones del nervio acústico; mas sea
por la comunicación que este nervio tiene
con los de toda nuestra máquina, sea por
una especie de simpatía nerviosa, ó en fin
por la unidad de !a sensibilidad, esta ac-
ción se manifiesta en las diversas partes de
la economía.
El gran Boherave observó, qne siem-
pre que tocaban un instrumento junto á
un sordo , todo su cuerpo se estremecia : y
abundan egemplos de personas, que solo
con oir un cañonazo, sienten una inquie-
tud y construcción en el estómago, han
caldo en la sordera , ó han su Frii lo horr¡-
ble3 convulsiones. En la historia de la aca-
demia Real de ciencias se lee, qne una
doncella acometida de violentos accesos de
histerismo, u^ó en vano de los mas poderosos
remedios que los méílicos la prescribieron, y
habiéndose un dia disparado un pistoletazo
al lado de su lecho, ocasionó en todo su sis»
tema nervioso una revolución taii grande y
tan feliz, que al momento se disipó el pa*
roxismo y nunca jamas volvió aparecer (í ),
(i) Sin embargo, este caso puede atribuirse
i, la sorpresa mas que al efecto del ruido.
('45)
Tal es el efecto de los simples sonidos:
¿cuáles pues deberán ser cuando estos es-
tén combinados y dirigidos por las leyes
admirables de !a armonía? ; Qué auxilios
no podrán ofrecer para la curación de tan-
tas enfermedades nerviosas, para el alivio
de tantos síntomas del mi^nio carácter ? No
es necesario esplicar el mecanismo de esta
acción, después de establecidos los princi-
pios filosóficos que hemos insinuado: la
gran dificultad está en que el médico co-
nozca á fondo las inclinaciones, el carácter
y gusto de sus enfermos , su organización
y el estado y variedades ele sus dolencias.
Algunos poco sensibles, ó como vulgar-
mente se dice duros de oido , ni distinguen
el tono ni la cadencia , y para ellos la mú-
sica es un ruido incómodo y confuso;
otros, no conocen mas que un tono fnnda-
menral, y los mas tienen un gusto parti-
cular para cierto género de nm?*ica ó para
determinados instruínentos , fruto de la
preocupación, de la educación^ Q del
hábito.
De aqui se infiere , que cuando quiera
aplicarse la música á la medicina, deben
elegirse aquellos tonos que mas propios
cean para inspirar las pasiones convenien-
('44)
tes al estado de la enfermedad y del en-
feripo, y vallera mas en cualquiera caso
hacer la iliíí^lón m^s ron)|)leta con la dui^
rura del caíito. Por este medio se vería cal-
ríiar el furor de un fíeíiético, desvane-
'cerse las negras nieblas de ima melanco-
Hi, Mauíauelo la atención del doliente ha-
cia otros ol)jetos halagüeños, mitigar les
<lolores, moderar la cólera , precaver sus
funestas consecuencias y finahnente alejar
el temor.
Conviene no obstante advertir, que en
las mugeres recien paridas, en los dolores
idel oido y de cabeza , este mismo remedio
seria pernicioso y qtie nunca §erá vuil apli-
carie respectivameure, y con una unifor-
niidad fastidiosa , sino que deberá irse au-
mentaudd gradualmente, y siempre con
variedad á proporción qne el enfeimo re-
cobre su vigor y energía. Uno solo de estos
objetos bastalia por cierto para dilatar es-
traordinaiiamente nuestro discurso; pero
muy presto podrán verse todos tratarlos (on
la crítica y solidez ccrrespondientes en la
obra que ofrece el piofe-or Mojón en una
elegante memoria , de la cua! hemos earac-
tado la mayor parte de las ideas que pro-
ponemos. Sin embargo , si ellas son $u6-
(145)
cíente$ por aliora para dar ma^ cstcnsion y
vulgaridad á Jas de otros, que nos han pre-
cedido cu la misma materia ^ serán satisfe-
chos todos nuestroi deseos.
f. G. S,
LO
(146;
biografía.
MILTON.
Mil ton, gran poeía inglés, nació en Lon-
dres en 1608; su padre era notario y le
dio una esmerada educación, A los doce
años, el joven Milton se apupaba tanto que
sus prolongadas vigilias empezaron á perju-
dicar su salud y debilitar su vista, se han
elogiado mucho entre sus primeros ensayos
el Alegre y el flíelancóUcQ^ do3 piezas en
las que no se halla el construíste que pro-
mete la oposición de m título, ül genio de
Milton parecia destiqado á ideas tristes y
elevadas, y el Comus^ especie de comedia
de magia que corppuso á iaiitacioq de los
Italianos, presenta mas de estrav^gancia
que de chiste. Milton habiendo perdido á
su madre, viajó por Italia, y asistiendo en
Milán por casualidad á la representación
de un drama italiano de un tal Andreini,
acerca de la caida del primer hombre. Mil»
ton conociendo la grandeza del asunto, con-
cibió el plan de su poema. Pe vuelta á In-
glaterra, el entusiasmo de la libertad, una
especie de candor é ignorancia de la vida
común, y la ilusión continua de un espíritu
04?)
que no ve mas que sus propios pensamien-
tos; todo esto que hacia de Milton un genio
singular le disponía á los errpres políticos
mas culpables, al contagip de Jos fanáticos
y ascendit-nte de los apibiciosos que bien
pronto dí?§pet]azarpn la Inglaterra , rñanci-
liando su libertad con el gran crimen de Ja
causa y rnuerte de Qáilp? L Miltqn no se
mezcló pn esta escena de horror, ni influyp
nada .en Ig muerte del rey, pero su^ talen-
tos y el ardor de su ppinjoq fueron cansa
de que Cromwell le nombrase secretario
intérprete ppr la lengua latina, la que que^
ria hacer pnico medip de comunicación con
las potencias estrapjeras. Milton tuyo de
sU primera muger tres bijas ^ despges p,é
caso con pfra joven que murió al segtindo
año de nigtrimonio, y finalmente se pasó
con upa ippger virtuosa que fpe Ij qpe le
cuidp eq su vejez, Crpriiwe)! muertp^ Cárr?
los lí., siíbió al trono de ^u padre, y Blíitpn
fue puesto en prisión , nías se salvp por la
mediación del poet^ Pavenant á quien en
otro tienipo había hepho igpal faypr. Millón
viéndose libre, ppbrp y olvidado, prpisiguió
con ardpr su obra subliriie á los pipppt pra
y seis añps de ed^d , ciegp y jgotpsp. Habia
hecho aprender á sus bijas a leer pl griega
(i48)
y el hebreo, y una de ellas recitaba mucho
tiem{io después 5 versos de Homero que
había aprendido ún comprenderlos. Mil-
tou cada dia al levantarse se hacia leer
un capítulo de la biblia hebraica, y des-
pués dictaba versos de su poema, á su
rnuger, á un amigo ó al que iba á visitarle,
de este modo el Paraíso Perdido tanto
tiempo meditado se acabó prontamente.
Este poema se publicó en 1667 y no ob-
tuvo a! pronto mucha celebridad, debiendo
ser algún dia el orgullo de la Inglaterra.
Milton ge divertia con la música, cantaba
y tocaba el órgano bastante bien, y murió
en 1674, á ios sesenta y cinco años de
(»49)
€[ ctxro M iHiral por ^on Wie^a Canfga.
CONVERSACIÓN PRIMER V.
En el reino de Murcia hay un rnéino-
rabie y apartado sitio á donde condujo la
tormenta al esclareí:ido santo, Adelardo
Ginés , y en él se halla un cerro conocido
con el nombre del Mirab Le adornan nueve
hermltas enriquecidas con varios cuadros
de los penitentes mas famo-^os de ías sole-
dades de Egipto y Tebaida, y ademas con-
tienen diferentes gerogiíficos y poéticas coni-
posiciones. Entre levante y mediodía está el
Atalayon de las Ftientes por e! que todavía
suspiran los Mores, y mas adentróse en-
cuentra la admirable y prodigiosa Cinta ^cn
la que campean varias isletas.
Parage despoblado, desierto de las pal-
mas que solp visitan de continuo bs aves
df-1 Mediterráneo, yo te saludo. ¡Monte del
Mral ! td eres acomodado asilo á los des-
graciados sin culpa propia; en tu cima se
respira el aire libre, ella es la región de los
hon)bres.
Solo estoy... A>i hablabí en el cerro y
á mediarlos de abril de 1820 don Pruden-
cio, bueno entre los patricios que por Es-
(.5o)
paña y Fernando derramaron generosa-
mente su preciada sangre en la guerra de
la independencia nacional y legitimidad
del troho^ fespefaíldó á don Honorato, ami-
go y compañero siiyd erí lá inmortal lucha
de la guerra esprésada , qué con eí fin de
distraerse en lá Perdiguera y hablar coa
él, había sahdo aqüfellá manaría dé uno de
los inmediatos puertos en donde desern-
1 1 T í *
barco días antes procedente de Inglaterra
Después dé las demostraciones mas Córdia-^
les de afecto mutuo, coriiéimrbrí á espli-
carsé de la manera siguiente.
í). Honorato: Llamado al seno dé
nuestía idolatrada patria , de la que hace
cinco años me ausenté á la fuerza , deseo
amigó, qué éón lá itri parcialidad que acos-
tumbra, me indiqué aígtmá cosa acerca de
la situación eri qué ríos encontráriios á con«
secuencia de íos iiltiriios süéesos. En la
hospitalaria ínglatérira donde he vivido...
Aquí Ían2Ó uri süsjíifo penetrante y ver-
tió lágrimas dé fuego.
D. Prudencio: ¡Qué es eso! ¿tanto es
el dolor que ós causa la auáehcia de Ingla-
terra ?
D. Honorato :l>ío\o estrañeis. Espatria*
po sin causa, prófugo é incierto en mi des*
(.5.)
tino, 6oltí encontraba en el testimonio dé
mi buena Conciencia la imagen de mi pais:
sus lares iéran los recuerdos de los servicios
que le presté. Triste y pobre pasaba los
dias como el agua qtie no itiipele el viento;
y en medio de tantos males, sin guarismo^
solo me consolaba un ser benéfico que los
padecia simultáneamente por amor: á su
compasión debo tni existertcia. Enlazada re-
ligiosamente conmigo^ cifró toda su gloria
y toda su dicha en inmolarán en mi obse-^
quio y en el de un hijo que el cielo nos
cencediéra; á estose dirige toda su aten-
ción, sus cuidados, su tierna é inquieta vi-
gilancia. Quizá en este mismo instante ten-
drá en sus brazos á nuestro Juanito (me-
moria de mi buen padre), y mirándole con
enérgica tristeza templará el dolor que Ic
ocasionan los peligros y riesgos de su que-
rido esposo; cada beso que ittiprime en el
traslado de este infeliz; será para ella un
rasgo de fidelidad í^ de inalterable constan-
cia, un recuerdo de pasiorí y de vida. ¡ ído-
los miosí No puedo proseguir, y pasóse bas-
tante árites de volver á la empezada con-
versación.
D. Prudenciox Hombre sensible, me
preguntasteis sobre el estado de nuestrat
(,5.)
cbsns; pero antes de responderos lo necesá**
rio luiicatíiente quiero, por deshaogarme
también, referiros en breves palabras algo
de mi historia. Lo sabeiá; jtiguete desde
que nací de la suerte mas fatal y mezquina
bajo todos aspectos, que á criatura pudo
caber, lá misma suerte ha úóo el primer
estímulo al afdieiite dcsfo que demontre
siempre por e} bien de la Peíjínsula , como
sin unión no hay nación , eíj todos tiempos
fue mi primer cnidsdo contribuir á ella
con todas mis riébiles fueiza«. Mi conducta
durante el marasmo político fue aplaudida,
encomiada; mas á la venturosa desaparición
de aquel, se interpretaron de mil modos di-
ferentes y encontrados los mas nobles pro-
cederes. Con ijablillas se calumnió á bue-
nos ciudadanos, por lo qne en su deia¿-
cuerdo ar'ístiuubrart abatirlo todo para su-
bir ílel fango del abismo, á la esfera que
traza el lionor. Plisóse en duda entre algu-
nos mi opinión bien sentada, y me vi pre-
cisado á sancionar por medio de hechos po-
sitivos mi honradez y á fijar mi reputación
en la sociedad.
Lo (|ue es absolutamente 5nd¡«pensa-'
ble en cualquier sistema juicioso en qne
á la vez toman parteé intervienen auna-
(i53)
idamente con razón y equidad los subditós
de la ley. En nna memoria presentada
á S. M., tuve td lioiior de esponerle entufe
otras co^as lo que sigue;
¡r< La vida de los reve^ buenos decía, es
una vigilia sin descauso ui término, y ^i\
contenió es mouíentáueo, [uíique (ou el
saludable y plausible afaii de hacer mas y
mas íeliees á los pueblos, en el placer ad-
quirido balian j)Or contrapeso el disgusto
cíe no poder efectuar á la vez los saluda-
bles proyectos que de uuevo descul:)re sii
perspicacia y adhesión al pais. El rey |)ru-
dente es en cierta manera dueiio del liem-
po; Ij ateueion á muchas cosas no disipa
su {)rudeucia, ui las pasiones tuercen su
re( tirud. N<» da paso que no sea con me-
dida y para adebíitar, ui paga con aparien-
cias para salvar realidades. La esperiencia
le escuda de los que c !n))!eah todo su poder
en sorprt-nder los secretos importantes del
gal)inete. Su método es acertado poique su
deseo es puro, y su régluíen mocüfica en
mUcha parte los niales irrieniediables, y
todo lo dispone con moderación, j ues las
resoluciones violentas son el sen blante de
la cobardía, Su ujayor placer rt suba riel
bien que procura á sus subditos sin abuso
054)
en el modo de sentir, y el sello de su aut6"
ridad es la delicada solicitud que producen
los cuidados tiernos y continuos por la sa-
lud del Estado, estorbando asi el descuido
malicioso del intrigante egoísta, de ordina-
rio superior á la llana actividad del aplicado
con honradez. Su bondad es infiíiiía , pero
su uso sobrio es arreglado por la justicia y
equidad. No dá mal por mal, que esto
fuera limpiar el lodo con el lodo; y es ene-
migo del recelo, porque dónde habita la
sospecha no itíot'a la verdad. Castiga la in-
justicia apadrinada con la justicia á lat sóíín-
bra de la ley, y escucha sin indíf(gré?ñeia
(veneno del esfuerzo) cotí distinción y agrá»
do las quejas fundadas. Elige gobernadores
sabios, porque donde no hay sabiduría ¿
afirma Platotí, nú piíede haber felicidad ni
honra que sea vefdadeía. Por lo regular
usa de franqueza en el trato: las palabras
de muletilla y las voces de ripio son bue-
nas para los párbulos y petulantes, también
para los curiosos y espiones; no para los
adultos vesperi mentados, honrados y dis-
cretos. Estima en poco los subditos que ha-
biendo hecho alguna buena acción se en-
soberbecen de manera que pretenden dic-
tar la ley á su soberano ^ con lo cual pierr
(i 55)
áén el mérito cíe la obra y se hacen reos de
castigó^ como Belorofonte que por haber
destruido iá quimera intentó subirse al cie-
lo. Sii espíritu nlinca se cansa, ni el reposo
triunfa del cnidado con que aparta lejos
del tronó el engaño sofistico^ &e* *'La cir-
cunspecta valentía que en aquella sazón
desplegué, forma mi orgullo;^^
D. Honorato: No iiíe prometía yo me-
nos de los principios de V*, y de ellos es-
pero igualmente el valor íf)ára olvidar de
buen grado cualquier ofensa. Llegó la época
nacional , y los hvodales atoahérádos por la
conveniencia ó la desgracia rio debferi tomar
parte tt\ nuestra regeneración. No sfe trata
ya de ofender á hadié.
t). Prudencio: No amigo ^ no pienso yo
bfender á nadie, nivelo mi siilírtí? con la fu-
tura cíe la patria, he sufrido las cdnseCiien-
fciás á que está sujeto el hombre interior, 6
sea /óf gano cerebral, y si mi Conciencia pro-
nunció ya en hombre de í)ids el decreto de
la justicia íiütnana, lodo lo demás es menos^
Por otra parte, la nath^aii?zá invariable,
nunca abandona él equilibrio de las cosas,
antes bien, impasible siempre, con la ba-
lanza reguladora del Universo, preside á
todos los trastornos generales y partícula-
(,56)
res, y los reemplaza con inefable sabi-
duría:
Sembré la paz con velaídot'a pena
Y la cosecha del dolor reeojo;
Mas de rnl prisa y afanar inútil.
No escá del reino la salud pendiente.
D. Honorato, Igual es n)i dictamen y
apriiebo la ínodí ración de V* El tnal arre-
glo causó sie^rnpre nuestra déca< leticia , y es
forzoso ce n Vencerse de que sin invención
acertada no hay proporcicnada dir ccion y
sin rnívderacion , lu) hay rcfirilcM idad en lo
que se cgccufa ^ perseveran» ia ni buen re-
sultado esrabie y durarlefo. En los países es-
trangeros que he leeorriclo he escuchado
con singrdar disgustf) que E?()aña per su
atraso es tan menor como mi i\\t\o. Disimu-
ladme la cnuiparacion , epie huníanamente
ine es im|)o^d)!e olvidar al ahiua mia.
D. Prudencio. Est:iis disimtdado, ma§
con t(»do, yo entiendo cpie ¡a crítip^araciofi
no es muy exacta. En la penuiruh» existen
sugeíos tan ihirtrados <onio en cualquier
otro reino, y si dicen cpie saldemos poco es
porque los conocimientos no están conve-
nientemeiUe difnn'tidos»
D. Honorato Con que entonces nos
(■57/
podemos prometer con algún fundamento
buenos y felices resultarlos.
D, Prudencio. Tal creo , si nos propo-
nemos enmendar la pasada situación obede-^
ciendo con dignidad á las circunstancias. ^
El conocitniento de nuestra posición,
es el preludio de nuestra ventura. Si con
equidad se disponen las cosa^ de inanera
que el entusiasmo de lo presente , ni iiinti*
lice lo pasado, ni obscurezca el porvenir,
entotires los enemigos de la causa nacional,
tendíais otro resultado que el que tuvo
otro tiernpo la hipocresía de los cartagine-
ses, la avaricia de los tíriosjased deconquis*
tas de los romanos y el furor de los pueblos
del norte.
Las buenas instituciones son el código
de la unión generaU ^" sancipn, la buena
fe y el patriotismo. Tratándose del procu-
munal de un estado, solo es verdad el que-
rer de los pueblos que le constituyen, y
como esta voluntad es la justicia, acomo-
darse á ella es una necesidad, y la necesi-
dad á veces la dicha de los re¡?30s. La ma-
licia es ignorante, vaga superficialmente en
los suceso* del día , y como los motivos
generales en que apoya sus cálculos son
los del egoísmo y la cabala, por mas íor-
(i58)
raas que tome, sus planes siempre seraq
el humo cíe las intrigas, la sombra en
que se envuelve la traición , la ingrati-
tud, el dolo y la perfidia. La Diosa tu-
telar de jasi naciones , la que inspira cóh
amistoso acento máximps de orden y de
unión es la probidad , nq la ambición va-
nidosa y perjura. Todo p§rj:}do que fto
sea la capsc^ nacional, es una yerdüdéra
ambición y la codicia jamas satisfecha á
todo se a vienp , porque con todo preten-
de medrar, la traición es cómplice de su
fortuna. Si ha descría libertad el por-
venir de España , deb^ ser su presente la
discreción y la cordura. La honradez es
la base de la libertad civil, y en la sen-
satez de Ips ciiid<idanos estriba la regene-
ración de una potencia , con energía y
prudencia todo lo alcanzarnos, con locu-
ras nada. La eijcageracion ^s la gangrena
de la reformar , q lo que es lo mismo de
las mejoras: conduce al trastorno evitado
por el que ama de veras a su país. Los
beneficios que de este hernps recibido eí^i-
gen de nosotros la mas sincera gratitiid»
Por agradecimiento debemos trabajar en
obsequio de la España. Para el ingrato na
hay leyes, y sin leyes obedecidas no hay
(.59)
patria, ni libertad. Llegó la noche y ae
retiraron á una aldea próxima con ¡nten-
tencion de volver al otro día al Miral
y disentir detenidamente ciertos puntos ca-
pitales de cuya oportuna aplicación pende
la dicha de los españoles.
Amados jóvenes, la conversación que
antecede os presenta un inodelo deja con-
ducta que debéis observar en la sociedad:
por eso únicamente os la he copiado ínte-
gra; quiero que seajp hoiflJDres de bien ó la
que es lo mismo , buenos españoles y bue-
nos subditos de D.^ Isabel II.
(i6ú)
j^ístoria Uatutal.
Emigración de las wes.
Hoy vamos á tratar amlgiíitos, míos de
una de aqnellas maravillas que vosatros
miráis con indifjriencia porque están pa-
sando couturuamente muchas á vuestra
vista ; pero que es uu secreto de naturale-
za que no es dado al hombre profundizar..
A fiiies de este mes de setiembre la solidad '
y el süencio, empiezan á reinar en núes-'
tros campos. Los pajaritos ique haclari reso-
nar en ellos sus armoniosos cánticos y los
embelKcian con los ricos y variados coló
res de su plumage, los abandonan al acer-
carse los rigores del invierno.
Durante la estación templada, en el
poblado ramage, en los tejados solitarios,
ai abrigo de nuestros suntuosos edificios,
en la> molduras de nuestros góticos alcáza-'
res y monasterios y aun en lo interior de
la vivienda del labrador es donde las aves
Lan construido sus niilos. Áíli es donde han
disfrutado sus castos amores, modelos de
iiuion y de fraternidad , alimentando á sus
hijo* con el producto de su caza é instru-
(.6,)
yéndolos en el modo de seguir el vuelo de
sus padres bajo la bóveda celeste. Pero lle-
ga la época de los vientos, las lluvias y los
hielos; el Sol no calienta cual soüa la su-
perficie de la tierra , los insectos mueren y
la caza escasea: entonces las aves llamada^
de paso , se preparan á dejar un pais en el
que infaliblemente morirían de frió ó de
hambre. El rumbo de los vientos y la t(ím-
peratura de la atmósfera retardan ó ac<ple-
ran la emigración de las aves, que anuncian
el instante de su partida con gritos imipa-
cientes. No parece sino que forman entre sí
una consulta en la que se arreglan las con-
diciones de la marcha, el gefe que la ba de
guiar, pues siempre va uno á la cabeza , y
el dia de su salida elegido, á este todo e)
mundo obedece, y sin que apenas haya un
desertor ó un perezoso se reúnen en lai cos-
ta , y si el viento es propicio, si puede di-
rigir y sostener su marcha , sp despiden de
la tierra y emprenden su rápido vuelo diri?
gldas por la mano del Oronipotente.
Venid queridos niños , vamos á despe-
dirnos de ellas...; pero antes es preciso que
sepáis adonde van y porque causa abando»
nan un pais donde han sido tan bien traíqi-r
d.^s^ por otras regiones de las cuales para
(i6.)
no tienen noticia. No han faltado autores
que sin poder esplicar U emigración de las
aves, han tratado de negarla; pero sus ridi-
culas invenciones han sido destruidas por
la esperiencia y la observación. Muchos via-
geros las han visto en las islas orientales del
Mediterráneo y Sonnini, muy particular*
mente en las islas de Grecia, en el Egipto
y en la Siria. Buffon cuenta que un vecino
, de Bale puso á una golondrina un collar en
el que habia escrito estas palabras:
Golondrina
Tan bonita,
¿ En el invierno adonde vas tú?
Y la primavera siguiente recibió por el
mismo correo , esta respuesta.
A Atenas,
A casa de Antonio,
¿Porqué lo preguntas tú?
Belon dice que las cigüeñas son tan
abundantes en el Egipto que cubren los
campos, especialmente los de Palestina en-
tre Belba y Gaza, limpiándolos de las ratas
y ratones que los hacen ser estériles. El doc-
tor Shaü , ha visto el transito de las cigue-
ñas d¿l Egipto al Asia^ desde el pie del
monteCarraelo á raediadosde abrilde i^aa.
Todavía es mas reciente el testimonio de
Mr. Gaillé^ viagero francés^ y ei primer
hombre que ha penetrado en lo interioi?
del África, que asegura haber visto en Tom-
boetou á las golondrinas disponiéndose á
partir para Europa. En la célebre isla de
Malta es donde principalmente se han ob-»
servado las aves de pasOj y los habitantes
que saben poco mas ó menos el dia en que
tal ó tal ave debe atravesar el Mediterráneo
para pasar de un continente á otro, espían
el momento de sacar partido de esta emi-
gración apresando las que descansan ea
aquellas costas fatigadas de una larga tra-
vesía.
La causa del instinto que las incita á
esta emigración general, es el interés de
su propia conservación, pues sino se mo-
rirían de hambre. Asi las aves que viven
de insectos, asi que estos faltan tienen que
emigrar infaliblemente, y por eso son las
primeras que desaparecen porque también
los insectos desaparecen los primeros. Las
que viven de granes, bayas y frutos de oto-
ño, permanecen durante todo él. Las aves
acuáticas abandonan sus lagunas solitarias
que pueden quedar trabadas con Ids hielos,
y las que viven de lo mismo que el hom-
bre ó de sus desperdicios, se quedan todo
el invierno al alcance de los lugares habi-
tados.
Siendo tan urgente y poderosa la causa
de la emigración de las aves, como es posi-
ble que permaneciesen en una tierra que
desdeñan habitar. Siendo el aire su ele-
mento y su sosten, bastándoles apenas
nuestro horizonte, caminando treinta le-
guas por hora , miran los viages de muy
diverso modo que nosotros, y no conocen
límites que puedan impedirles dar dos ve-
ces vuelta al globo. Mas jah! cuantos infor-
tunios tienen que padecer en esta peregri-
nación! ¡Cuántas serán envueltas por las
olas cuando les cambie el viento favorable,
cuando el frió haga doblar sus alas, ó la
tempestad rompa y desbarate sus escuadro-
nes! Cuantas serán víctimas de los lazos
armados por el hombre y del plomo mor-
tífero que dispara su mano, sin remordi-
miento de alterar la felicidad y armonía
que Dios lia esparcido por todo el Uni-
verso.
Una destrucción tan considerable lle-
gaík á disminuir las especies si no e&tn viese
{i 65)
rontrabaküceada con una prodigiosa mul-
tiplicación, por lo que no es de temer que
8e disminuyan. La Providencia que ha su-
jetado al poder del hombre muchos de lo«
animales que le ayudan en sus labores, ha
sustraido otros á su poderío asegurando la
conservación de los seres por medio de
unas leyes que no es dado al hombre pene-
trar.
Adiós avecillas inocentes, que pobláis
nuestras florestas, llenáriSolas de vida v ale-
gría. Huid en alas del céfiro de la rigorosa
estación que se aproxima. Volad á regiones
donde disfrutéis una perpetua primavera.
Esta también volverá para nosotros, y en-
tonces vendréis á anunciarnos sus risas y
placeres. Vuestro vuelo nos presagiará las
mudanzas del tempor¿;l, y si al romper el
dia salimos á respirar el aire fresco y perfu-
mado de la colina dorada por los primeros
rayos del sol, si oimos resonar en los aires
vuestros armoniosos cánticos, no podremos
menos de concurrir á los sentimientos de
gratitud que toda la naturaleza espresa en
aquel momento al divino autor de tantas
maravillas.
F. I. Villahrille.
(166)
Segovia, ciuíJíadí antiquísima como lo
indica su mismo nombre, que parcée ori-
ginado de la primitiva lengua del pais, an*
tés que sufriese las invasiones de naciones
estranjerás. Segovia^ ciudad principal de los
Arevacos, asi llamados por el rio Areva
que es el mismo que hoy baña á la ciudad
por la parte del íiorte con el nombre de
Eresmai fue en lo antiguo celebre pobla-
ción, como lo están atestiguando los gran-
diosos monumentos que aun se conservan.
Esto se debe atribuir principalmente á no
haberse trasladado nunca la población del
sitio que hoy ocupa sobre un peñasco ro-
deado de valles por todos lados; cuya posi-
ción no ha sido alterada por las naciones ni
conquistadores sucesivos, que todos han fi-
jado en ella su residencia llevados de la
amenidad y frescura del clima. A ella con-
tribuyen principalmente las elevadas sier-
ras de Peñalara, Siete Picos, la Fonfria de
la que viene el agua por el acueducto, y las
demás que componen la gran cadena de
montañas Garpentanas que terminan el ho-
rizonte por la parte del poniente y medio-
(167)
día de la ciudad. Por la parte del norte que
es por donde pasa el rio 5 no es menos pin-
toresca la vista que este ofrece, las alame-
das que le circundan^ y la multitud y va-
riada di§posicion de los edificios.
A pesar de que hay en Segovia monu-
mentos y edificios de casi todas las épocas ,
y que atestiguan el diferente estado y pro-
gresos que ha tenido la arquitectura, los
que llaman principalmente la atención del
observador son los restos que se conservan
de la grandeza romana , y de las célebres fa-
milias de aquella ciudad que habitaron en
Segovia. Esto consta primeramente de va-
rias medallas y monedas encontradas en es*-
cavaciones y ruinas de edificios. Por toda Ja
antigua muralla de la ciudad hay distribui-
das y engastadas gran cantidad de lápidas
sepulcrales mas ó menos legibles, según el
roce que han sufrido, y es de presumir que
haya otras muchas engastadas pero con la
inscripción hacia la parte interior. Es de
advertir que en todas estas lápidas se leen
nombres de los mas célebres en la historia
romana, como los Cayos, Lucios, Licinic>s,
Valerios, Flavios, Cornelios, &c. En el irozo
de muralla que hay en frente del münaste-
rio de Santa Cruz se ve una lápida con un
(i68) .
personage á caballo 5 aritlado de morrión y
lanza ^ y con la inscripción deO¿ Pompeyo
Mucron Oxomense ó destruidor de Osma.
En un patio de una casa situada en la
calle de san Francisco, aun se conservan
perfectamente unos bajos relieves que re-
presentan el suceso de M. Scevola y otros
de la historia romana , con variedad de íi^
guras de buen gusto ^ niños, bustos y otros
accesorios. Mas adelante y en la calle Real,
se ven desde tiempo immemorial, medio
hundidas en el suelo dos grandes figuras de
piedra berroqueña , de las cuales la una
representa un puerco ó javalí^ y la otra un
toro. El javali tiene sobre seis pies y medio
de largo, y el toro ocho», ambas figuras son
pesadísimas y en ellas no se descubren sig-
nos ni letras como acostumbraban poner
los Romanos en esta clase de monumentos^
losqtle pudieran dar indicio del motivo de
su construcción : de esta clase de figuras se
encuentran varias en España y se erigian
en la antigüedad, bien para perpetuarla
metiioria de las hecatombes y sacrificios^
Lñetl para memoria de los juegos y fiestas
del circo en que combatian esta especie de
animai^s, ó como monumentos que recor-
daseii á la posteridad las victorias conseguí-
das sobre los enemigos y las alianzas entre
naciones, provincias ó ejércitos diversos*
Los que sostienen la venida de Hércules
á España, consideran á estas figuras como
consagradas á su culto y como recnerdos d^
sus triunfos, especialmente el javalí que
pretenden ser el famoso javalí Erimanteo
sujetado por el héroe. Apoyan su opinión
con otra antigüedad nomenos ^curiosa ,qne
se vé en Segpviaen linar ésqalpra del con-^
vento de monjas de santo Domingo, y conr-
siste en unas figuras grotesca de. un Hér-
cules en actitud de descargar la clava sobre
un javalí que fiénéálor|álBéá Ambas figuras
son de piedra cárdena ó berroqueña, están
tnuy rozadas y mutiladas en esptíeial la
clava y mano derecha que iiah desapar e-t
Gído. A pesar de estar engastadas en la pa-
red ó muro antiguo que forma la escalera
tienen una salida bastante considerable las
dos figuras, especialmente lá cabeza del
javalí que es colosal y tiene de salida desde
la superficie de la pared tres cuartas, otras
tFes de ancho, y tres y media de alto. El
Hércules tiene de alto cuatro pies , contan-
do desde la cabeza , porque la altura de la
clava no se puede calcular.
Ademas de las referidas antigüedades,
(170)
hay en Segovía otra ^ la mas digna ele ateri'*
cion, que es el famoso acueducto del cual
*é hablará en otro artículo.
Descripción de las lapidas halladas en
jBenafélis alto en 1 jgó
•í*|.i
Un aficionado á la^ antigüedades, ha-
hiendo visto el artículo de las cenizas dé
16$ Pompeaos itíSerto en él cuaderno n^ 71^
dé la Miñ:éi^W;kit2ú terrnúñó pam insertar
érí día la ¿urfe^'déscriptííOti siguiente:
LAMlD^A PRIMERA.
Inip. Gseaa^i Divi Adriani é Divi Trajani
Paré Ne^oti Bivi Nervé Pfcónepoti Pió Ha?
dríanb Anttínino Áug. Pió Po^tifici. Max*
P. R. potest. V. Gos III. P. P: Pub. Ocuri-
tanor. Creto Decurionum.
D. D.
Año i38 de Cristo.
Itnperatori Gsesari Divi Hadriani filio
Divi Trajani parentis Nepoti Divi NerVe
Pronepoti: Pió Hadriano Antonino Augus-
to Pío Pontificis Ma^cimo Popuü Romani
, potestate Urbis Gonsuü 3.^ populi procu-
(•7>)
ratori Publico Ocurrí tanorum decreto De-
curlonum dedicavit, ut denodedit.
Ai emperador César hijo del divino
jMriano, [nieto del divino Trajano^yiz-
nieto del divino Nerva: Al Pió Adriand
Antonino Augusto Pió Pontífice Máximo
cónsul de Rpniaí por la potestad del pueblo
romano; tercer procurador público del
pueblo ocurritano en fuerza del decreto de
los Decuriones se dedica.
'i
XAPID A SEGUNDA.
Imperat. C^sari M. Aurelio Commodo
Antonino Aug. Felcer SarrízM. Pon, Max.
trib. P. lili. Imp. X Cos. T. P. P. Rtóp. P;
Ocurritanorum , decretó Dec.
D. D,
Imperatorl, Caesarl Marco Aurelio Com-
modo, Antonino Augusto feliciter Sarma*
tarum Magistro Pontifici Máximo Tribu-
no Pie vis 4.^ Imperatori X. Consuli Urbis,
procuratori publico Reipublice Ocurrita-
norum dedicavit aut dons dedit.
Al emperador César Marco Antonio
Commodo, Antonino Augusto Pió, feliz-
(i 7^)
mente Maestro de los Sarmatas. Pontífice
Máximo, cuarto tribuno de la plet^e; em-?
peradpr X., cónsul de Roma, procurador
público de la República de los Ocurritanos^
en fuerza de decreto de los Decuriones se
c3edíca. ^^
Se leyeron estas lápidas en ai de fe-*
brero de 1795, en que se descubrieron
Hay dos pedestales con estas inscripciones,
como de cinco tercias de alto situados en
Benafelis el alto de Ubrique. La una de
estas lápidas está escrita en letra latina (que
?e dice), y la otra en letra cursiva. El mar-
ques de Palacio, teniente coronel de húsa-
res, pasando por Ubrique hizo la traduc-
ción de estas lápidas.
(^73)
jDf5f ripctan \fc la trilla ie tihviqm.
Esta villa tiene de población 1,204 ^^*
cinos, con el número de 6,2co almas, si-
tuada en la parte occidental del reino de
Granada y obispado de Málaga; su vicaría
la de Ronda; su situación, á la falda de
una sierra alta. Fue conquistada por los se^
ñores reyes católicos, viernes, pascua de
Espíritu Santo del año 1485, en cuyo dia
domingo, fue tomada de los Moros la ciu-
dad de Ronda. Dichos señores reyes, dona-
ron esta villa á los diíques de Arcos. La lo-
calidad de esta, mirada geográficamente,
es la de treinta grades y cuarenta y cinco
Wíinutos de latitud; y la de doce grados y
un minuto de longiuid desde las islas Ca--
narias, ó punta de Tenerife Sii situación á
los cuatro vientos magistrales, es mirada
desde su capital de provincia. Desde esta
corresponde al occidente ó poniente: desde
su capital de partido norte, desde Sevilla
poniente; desde Algeclras el sur.
Esta villa fue poblada por los espresa^-
dos señores duques en el mes de octubre
de 1 5o2 , con solo treinta y dos vecinos
caballeros ó peones ó del estado llano, rer
partiéndoseles su pequeño terreno de una
(i 74)
legua, sus huertas^ vinas , olivas 5 &a
Tiene una parroquia titulada nuestra
señora de la O. Su patrón^ el señor san Se-
bastian tiene un cura párroco ^ un benefi-
ciado, nueve eclesiásticos seculares^ los mas
de estos confesores y predicadores. Cuaíro
eclesiásticos exregulares, y dos de ellos han
regentado cátedras en sus respectivas ór-
denes.
Tiene este pueblo una hermita de san
Sebastian que se edificó en 16*04. Otra de
san Juan que se labraba en 1 665. Otra de
san Antonio que se edificaba en 1729. Otra
del Calvario que se edificaba en 1743,7
otra de san Pedro edificada en i8o3. Tiene
un convento de padres capuchinos, edificado
en 1666, que está situado al nordeste: y
como á medio tiro de fusil se halla un fe-
cundo manantial de agua que da veinte y
un caños, repartidos entre la inmediación
de su salida en el convento de capuchinos
y en el pueblo: y cuyo derrame riega una
gran ribera de huertas. Sin este manantial,
hay otros dos abundantes; el uno llamado
el Nacimiento, y el otro el Algarrobal, Co-
mo medio tiro de fusil de este pueblo hay
un manantial llamado el Benafi, al pie de
ima bieira elevada del mismo nombre, y
en cuya altura hay una llanura como de
ocho á doce fanegas de tierra. En esta al-
tura hubo un templo ó triunfo en que
estaban colocadas en pedestales, (que tie-
nen las adjuntas inscripciones) las esta-
tuas de alabastro de Marco Aurelio , que
no tiene cabeza, brazosj^ ni pierna dere-
cha, y en talón de la izquierda, tiene al
garra de León , cuya piel servia de capa.
La de Cleopatra, sin cabeza, brazo» ni
piernas , manifiesta en su pueblo los ás-
pides.
Los pedestales son como de cinco
cuartas ó tercias de alto/Mirando al norte,
se hallan unos baños de sillería ó argama-
sa , estaban cubiertos. La longitud de su
fondo, será como de seis á ocho varas y
en latitud como de cinco á seis. En sus
gruesas paredes hay como los cuevas en
donde se enjugarian los que salian del ba-
ño que se situaba dentro del edificio en
circulo, que remataba su fondo en punta
de limón , con gradas pequeñas para bajar
á bañarse: el agua vendría á ellos del na-
cimiento de Benaocaz llamado Castril^ ya
por cañerías ó por depósitos de algives que
en el dia se descubren y otros que están
terraplenados, y no
(176)
plantarse las viñas que ocupan estos ferre-^
nos. En el denominado manantial Benafe-
1Í3, da principio el rio que llaman de
Ubrlqne , con alguna agua que vaya de
Benaocaz en el invierno : cpn su agua mue-
len nueve molinos y trabaja un batan de
paños. Dicho rio se llama en arábigo,
Guadalsacaten que que quiere decir , rio
de los traperos ó laneros porque los moros
labraban paños ó telas de lana. En el día
se labran pocos paños, y si bastantes ger-
gas, sayalos , mantas , costales &c. El ter-
reno es escaso de caza y pesca. En sus mon-
tes y sierras se crian algarrobos, enciivas,
quelsigos alcornoques y arbustos de len-
tiscos, agranjos , madroños, jaras Scc. Hay
muchas aguas ferruginosas é bidrógeno-
sullurada , siendo de estas iiltimas la mas
preferible, el baño que de esta clase se ha-
lla á un cuarto de legua de esta villa por
sus escelentes virtudes esperlmentadas, y
tal vez cuando no Iguales, preferentes á
las de los baños de carratraca. Se halla jas-
pe encarnado con betas blancas, en el agua
nueva, camino de Vilíaínenga, y en el pa-
go de viñas de Tarlsna. Hay tres castillos
de moros en su término : uno en el pa^o
deTavisna, denominado Asnalmara, otro
('77)
llamado Fátima, y otro las casas de Gar-
ciago, que antiguamente se llamó Algeci-
rillas.
El señor don José Marrón, gefe políti-
co de la provincia de Málaga en i823,
mandó se tragesen á Ubriqne los pedesta-
les y restos de los bustos descubiertos en
el alto Benafeüs , lo que no se ha verifi-
cado ni tendrá efecto por la indolencia de
los naturales, que por su ignorancia deses*
timan los preciosos monnmeutcs de la an-
tigüedad d^ este pueblo ó república Oonr^
ritana, que manifiestan los vestigios de^ig-^
nados,
M. J, A. y P,
ift
078)
€onoámwitoB ótíks.
Tela para escribir y dibujar en la^ escue'
las de primera educación.
Tómese una pieza de tela fina ^ y es-
tendiéndola en un bastidor , se frota bien
con piedra pómez hasta que desaparezcan
todas las desigualdades, después se dá ala
tela un barniz compuesto de catorce libras
de engrudo, una libra de creta y un cuar-
terón de aceite de linaza ; se deja secar y
luego se pasa otra vez la piedra pómez- Se
vuelve á repetir esta maniobra, y asi que
esté terminada, se toma aceite de linaza en
elque se hecha carbonato de plomo perfec-
tamente pulverizado hasta que adquiera
consistencia de puches y se va estendiendo
en la tela ya preparada con una llana pe-
queña ó un cuchillo de pintor. Asi que
esté seco se dá otra. mano y luego otra, en
la que se añade un poco de trementina. Cuan-
do todo está bien seco se parte la tela en
pedazos del tamaño y forma que se quiere»
Para escribir en esta tela se disuelve
cualquier color en un poco de agua de go-
í»79)
ma, y con una pluma común se escribe ó
se dibujan figuras geométricas, mapas, paí-
ses 8cc. Para borrar lo escrito no hay mas
que pasar una espongita.
Se escribe mas fácilmente que en la
pizarra y en el papel, y la economía que
resultaría de admitirse esta tela en nues-
tras escuelas no puede ser dudosa.
Tinta indeleble para marcar en lienzo.
Se disuelve ioduro de hierro en sufi-
ciente cantidad de agua destilada y ya está
hecha la tinta. Para servirse de ella hay
que tener la parte de lienzo donde se \á á
marcar empapada por un cuarto de hora
en agua goma en la que se haya disnelto
prusiato de potasa cristalizado. Después de
seco el lienzo se pnfe bien con marfil ó
cristal y se escribe con la tinta preparada
la que resiste al jabón , á Jas íegias; fuertes
y aun á los reactivos químicos.
(i§o)
geografía.
De la P rusia.
El Padre. Siguiendo nuestra jcllvlsioa
de geografía debemos empezar con la se-
gunda sección de los estados en que hemos
dividido ia Europa y nos toca liaBlar de la
Píusia, vamos á ver Eugenio qué es lo
que nos vienes á decir.
Eugenio. La Prusia está terminada al
Norte por el Báltico, al E. por el Imperio
Ruso, al S. por el Austria, y al O. por la
Confederación Germánica. Comprende una
estension de doce mil leguas cuadradas, y
con doce millones de habitantes que son
generalmente afables^ ingeniosos, pareci-
dos á jos alemanes y dedicados á la agri-
cultura 6 al arte militar.
El Padre. Cómo í-e dividen los esta-
dos prusianos ?
Alejandro. En diez provincias subdivi-
didas en veinte y siete regencias que com*
prenden trescientos treinta y dos círculos.
(i8i)
PROVINCIAS- CAPITALES.
Prusia Orienfal • . . Konisberg. .
Prusla Occidental... Dantzick. . .
Posen Posen
Brandeaiburgo. • . . Berlín
Pomerania Stetlln
Silesia. Bresiau
Saionia Magd( gburgo
Westfalia. Munster
Cleves-Berg Colonia
Bajo-Rin ....••.. Aix la Cbapelle. . . .
Principado de Neu- • . .
chatel. ........ Neuchatel.
Berlin es la capital de todo el reino. Es
cindad hermosa con magníficos edificios,
palacios, iglesias y teatros, espaciosas pla-
zas y paseos , muchas fábricas y estableci-
mientos útiles.
El Padre. Enrique: ¿cuáles son los la-
gos ños y montes de Prusia ?
Enrique. Lagos hay algunos considera-
bles cómo el Maver y Spirding. Los montes
mas altos, son toda la cordillera de los Su-
detes 5 y los rios mas caudalosos son el
Rin, Mosela, Elba, Oder y Víbtula.
£1 Padre. ¿No entra el rey de Pru$ia
entre los que componen ía confederación
Germánica?
Eugenio. Si señor , por la posesión del
Brandemburgo , Pomseránia^ Sajonia y el
gran ducado del Bajo Rin.
El Padre. ¿ Alejandro cuál es el clima
dé Prüsia?
Alejandro. Es generalmente templado
y sano. Las costas de la parte oriental no
son escesivamente frias , pero de muy varia
estación , las provincias terrestres gozan de
un clima mas templado y un frió rigoroso
se deja sentir en la alta Silesia y en las
montañas. El clima en general es muy va-
rio, pero sin que sirva de obstáculo á la
producción.
El Padre. Cuáles son las produccio**
ne$ de la Prusia?
Enrique^ Siendo la Prusia una región
agrícola , abundan toda clase de granos»
como trigo, cebada, centeno, avena, las
legumbres como guisantes, habas, lentejas,
y las frutas y hortaliza. Las viñas son esca-
sas, pues solo las hay en las márgenes del
Rin y del Mosela. Se crian también mu-
chas plantas útiles á la industria y general-
mente hablando las necesarias para los gas-
tos del pais.
(i83}
El Padre. Isabel^ prosigue tu con las
¡producciones de este país.
Isabel. La cria del ganado que se hace
con esmero 5 la caza y la pesca que son
muy abundantes. En ios rios se encuentran
salmones^ anguilas y lampreas, y en las
costas otra multitud de pescados. También
se crian en la Prusia , las abejas , la cochi-
nilla y el gusano de seda ; las riquezas mi-
nerales consisten en minas de plata», cobre,
hierro, plomo ; sal, mármoles, succino &c.
El Padté. Eugenia ¿cuál es la industria
fabril de Prusia?
Eugenia. Los labradores suelen tejer
en su casa el lienzo de su uso, pero hay
manufacturas y tegidos de lino , lana , se-
da, algodón y utensilios de yerro y otros
metales. Él azul de Prusia, albayalde de
Berlin , relogería , jabón, cerbeza , aguar-
diente y otros varios artículos.
El Padre. Eugenio dinos tu ahora la
población -, lenguage y gobierno de Prusia.
Eugenio. A últimos de 1828 la pobla-
ción ascendía á 12,726,823 habitantes di-
vididos en cinco clases: nobles, plebeyos,
labradores, militares y eclesiásticos. La len-
gua alemana es la que se usa generalmente,
pero dividida en dos dialectos, y la íor-
(i84)
ina de gobierno es una monarquía absolu-*
ta , siendo la corona hereditaria para amboá
sexos. El ininisterio está dividido en nueve
secciones, y cada provincia está adminstra^
da por un presidente superior. El código
general por el que se arregla la justicia de
los estados prusianos es el Landrecht.
EL Padre. Alejandro ¿cuál es el ejército
de Prusia ?
Alejandro. Es muy imponente , pues
en tiempo de guerra puede poner has*^
ta 5óo,oco hombres sobre las armas. El
ejército se compone de un estado mayor^
cuyo gefe supremo es el rey, de los cuer-
pos permanentes de diferentes armas, de
los de la Landwher (milicia) y en caso ur-
gente de !a Landsturm ó levantamiento
en masa , de los hombres desde diez y siete
anos hasta cincuenta y se exige por Real
decreto en caso de inminente peligro.
El Padre. Enrique, cuál es la religión
de Prusia ?
Enrique. La dominante es el protes-
tantismo que comprende los luteranos y
calvinistas, hay también socínianos, judíos
y dos arzobispados con seis obispos católi-
cos que comprenderán como una tercera
parte de los habitantes.
Él Padre. ¿En qué estado se halla la
instrucción en Prusla ?
Isabel' Se cultivan las ciencias y se ha-
llan favorecidos por el gobierno. Hay aca-
demias reales, sociedades literarias, siete
universidades y 2088'^ clases elementales
para la instrucción de ambos sexos , una
institución para ciegos, tres para sordo-mu-
dos , casas de educación para huérfanos de
militares, escuelas de náutica, veterina-
ria ¿kc.
(i 86)
Alejandro. Papá el dia pasado nos
ofreció V. enseñarnos otro alfabeto manual
para que por él se facilitase á los desgra-
ciados sordo-raudos el conocimiento del
labial 5 nos le enseñará V. hoy?
El Padre. Sí ^ hijo mio^ y este no se
limitará á letras aisladas como el otro, si-
no que será silábico , y por él se les dará
á conocer las preposiciones y conjunciones
que no variando en nuestro idioma se con-
seguirá por este medio, que al paso que se
familiaricen con la postura de la mano, com-
prendan la de los labios, lengua y dientes.
Eugenio. Papá , y no se podrá hacer
uso de la fisonomía para estos signos en
lugar de la mano?
El Padre. Querido mió, no es ío mis-
mo; la mano es el principal irlstrumento
del lenguage mímico. La mano es la que
egecuta la mayor parte de los signos con 6
sin el concurso de la fisonomía , y por lo
mismo de todos los órganos del gesto es el
primero que deberemos aprender para po-
derle enseñar á los desgraciados que nos
ocupan/La necesidad de los alfabetos ma-
nuales la conocieron ya todos los que «é
dedicaron á la instrucción primaria de
sordo-mudos, entre ellos Pereira , que con
él logró llamar la atención de los france-
ser y oscurecer por entonces la gloria que
eclipsaba al abate K Epée^ después Hervas
y últimamente don Tiburcio Hernández,
secundándolos los estrangeros Saboureaux
de Fontenay y Volke, generalizándose tan-
to en el dia que aunque muy imperfectos,^
se hace uso de ellos en casi todas las escue-
las de sordo raudos ; pero como los cono-
cidos hasta aqui no pueden figurar sucesi-
vamente mas que una letra después de
otra, de las de la palabra que se quiera
dictar , y siendo este procedimiento tan
lento que de la reunión de estas qne for-
man la palabra tardan mas en representar
el objeto, que lo que desea la imaginación^
Estos inconvenientes los debió tener pre-
sentes Mr. Volke cuando pensó en la for-
mación del silábico con el que creia adelan-
tar mas que con el dactilológico de nues-
tras escuelas ; pero aquel exige el empleo
de las dos manos y es un inconveniente
tan embarazoso que se debe evitar á toda
costa, y creyendo yo poder conseguir el
mismo objeto ; sirviéndome de la una ó de
(.88)
la otra mano á la vez propongo el preisen-
te alfabeto silábico poniendo en acción
cualquiera de las dos manos indistintamen^
té, y deseando ponerle en relación con el
alfabeto labial he procurado componerle
délos mismos elementos , y de establecer
su orden en cuanto á las consonantes y
vocales.
Enrique. Papá^ v no será mejor que
llegado el caso nos comunicásemos por
escrito ?
El Padre. Hijo mió, este método es mas
abreviado, y esto es suficiente para que se
mire también como mas ventajoso , porque
por su medio se puede figurar por un solo
signo una sílaba que por el solo dactiloló-
gico eran necesario tres ó cuatro y muchas
veces complicados, ademas la escritura pi-
de plumas, papel, clarión, pizarras ó en-
cerados , ¿y cuánto mas incómodo seria el
recurrirá estos instrumentos si quisiéra-
mos escribir de pronto á nuestro discípulo
el nombre de un objeto, ó lo que es mas
seguir una conversación con él?
La práctica me ha hecho conocer lo
trabajoso que es dar ideas exactas del uso
de las preposiciones y conjunciones, y
|jara usarlas con incierto ée les debe habi*
(189;
tuar así á los maestros, padres de los sordo-
mudos 5 como á estos mismos niños, á que
hagan apiícaciones frecuentes de las dichas
partes de la oración , ya en reglas de mo-
ral, urbanidad ó cortesía, ó ya en las mis-
mas oraciones dominicales. No olvidemos
que el lenguage de los sordo-modos sin las
preposiciones y conjunciones , será inteli-
gible y por decirlo de una vez, seria un
esqueleto sin ligamentos, y por esto insis-
to que se les enseñen del modo que pro-
pongo en el alfabeto silábico.
En este enspyo se verá con placer que
con los cuarenta y tres signos de otras
tantas palabras , acompañados de los mo-
vimientos fáciles de la mano se puede figu-
rar con la mayor rapi iez todas las palabras
del lenguage.
El pequeño dactilológico tiene veinte
y cinco para formar solamente las letras
las unas después de las otras y el nuevo sis-
tema no recargará mucho mas la memoria,
y aseguro que un maestro de voluntad de^
cidida puede aprenderle perfectamente en
un dia y habituarse á él en menos de ocho:
hablo por mi esperleucia y la de mis niños
apiícadns, y con solo dedicar á este estu-
dio inedia ó una hora cada dia, se logrará
que á muy poco tiempo se contraiga el há-
bito que se desea y si algún sordo-mudo
presenta repugnancia á este nuevo lengua-
ge se le separa de los demás aislándole en
sus comunicaciones , y desde este momen-
to 5 obligado por la necesidad hace rápidos
progresos. Su mayor dificultad nace en es-
te caso del camÍ3Ío del sistema en la des-
composición de las palabras y de las silabas,
y para obviar esta dificultad con respecto ai
alfabeto labial, es precisamente para lo que
quiero habitaarles ai silábico. Sin embargo
de la convicción intima que tengo de las
ventajas que resultan en la educación de sor-
domudos , la supresión de las letras inútiles,
desearia que los encargados de tan difícil
trabajo se asegurasen conmigo , que la prác-
tica está de acuerdo con la teoría.
La cortedad de los dedos ó la rigidez
de los mismos en los ancianos, dificnitariaa
prestarse á los diferentes movimientos que
les queramos dar ; pero los buenos deseos
imldos á la aplicación sobrepujan esta di-
ficultad.
(■90
En los archivos de la ciudad de Montpelller,
se ha descubierto ua manuscrito que se atribuye al
¡lustre Petrarca. Son poesías en lengua provenzal,
en las que se encuentran con frecuencia los nom-
bres de Laura y de Vauclusa,
Se cuentan ea París 350Q tenderos, aooo ta-
berneros y 600 panaderos divididos en cuatro
clases.
En Erlach en Franconia, han arrestado á un
viejo vagamundo que se hacia pasar por el Judío
errante^ Le han encontrado veinte y cinco mil flo-
rines en oro que decia se los habia prestado Jesu-
cristo para los gastos del viage.
Es mas ütil acostumbrarse a vivir con los pe-
queños que con los grandes; se encuentran en el
camhio mas moscas que leones , y mas yervas que
empinados árboles.
Los periódicos de Berlin, hablan de la invención
de Mr. Heinsdoíf para preservar la paja de los
insectos, y prepararla de modo que adquiera toda
la elasticidad del pelo»
(19a)
¿Porqué el que se reputa pequeño quiere humi-
llar á los demás ? Porque esto es engrandecerse»
Magliabechi bibliotecario del duque de Tosca-
na» ha sido durante los ochenta años de su vida el
tipo de la bibliomanía. Con un vestido sucio y an-
drajoso y tomando muy escaso alimento, paso toda
su vida entre multitud de libros de ios que no se
reparaba ni aun para dormir.
Observaciones hechas recientemente prueban
que se puede verificar la audición por cicatrices
originadas de la trepanación del cráneo. Teniendo
cerradas herméticamente las orejas y la periferia
d^l cráneo Jibre, se perciben los sonidos tanto me-
jor, cuanto las undujacione? SQnpras se dirijan más
perpendicularmente á la superficie de la cicatriz.
También se oyen por las mismas cicatrices los so-
nidos vocales á cierta distancia, de modo que el
paciente puede responder á las pregunta» del fa-
cultativo* Igualmente se oye el golpe de un reloj,
pero si se aplica la mano sobre la cicatriz cubrién-
dola perfectamente, se cierran los conductos audi-
tivos y la audición no se verifica.
Octubre en latió October era como lo
indica su nombre el octavo mes del año
instituido [)ür Rómulo; después de la refor-
ma de Numa ocupó el noveno lugar y des-
pués de la de los decénviros el décimo
que ha conservado hasta ahora sin cam-
biar de nombre como el mes de setiem-
bre tuvo y dejó de tener alternativamen-
te todas las denominaciones aduladoras que
el senado y los emperadores quisieron im-
ponerle. En Yano Domiciano procuró que
este mes se llamase desde alli en adelan-
te domitianus , el senado faustinus en ho-
nor de Faustina esposa del emperador An-
tonino 5 Commodo invíctus en su propio
honor, el nombre de Octubre siempre pre-
valeció.
Año de i^^i.zrz Combate entre Maca*
río y el perro de Aubry de Montdídier.
En el reinado de Carlos V. de Fran-
cia llamado Carlos el sabio, vivía tm gen-
darme del rey llamado Aubry de Montdi-
13
dier. Este hombre tenia un perro que esti*
maba mucho por so- inteligencia y por el
cariño c|ue le tenia. Ya en una ocasión le
había salvado la viría sacándole ele las aguas
del Gava,rio de Bearne donde le habia ti-
rado un caballo espaotadizo, asi es que
Aubry no podia separarse de su perro y le
llevaba á todas partes, conmigo.
üa dia tuvo Aobry una quimera con
un archero llamado Sfacaiío en un juego
de pelota. Este úlnrno^ hombre cruel y
vengativo, conservó en su corazón un pro*
fundo resentimiento contra Áubry, y resol-
vió vengarse. Mas no teniendo suficiente
valor para atacarle cara á cara, apostó
unos asesinos eu la selva de Bondy por
donde sabia que habia de pasar Aubry de
vuelta de un viage.
Este según so costumbre^ habia lleva-
do consigo su perro^ mas cuando estuvo á
pocas leguas de París^ le envió delante pa-
ra que advirtiese á su nioger de su llegada»
Por esta causa Aubry atravesó solo la ^elva
y tos malvados que le acechaban atacando-
dote de improviso le asesinaron y enterra-
ron al pie de un árboL
Eí perro ya hacia horas que había De-
gado á casa de &u ama^ y par sus gritos^
(195)
alegría y actemanes ^ la había hecho coixi^
prender que su amo venia detrás, rnas eo-^
mo este no llegaba, la inquietud se pintó
en el rostro de aquella mnger^ El perro lo
ñora, y atormentado también por el para--
dero de su amo, sale de casa , corre sin de*
tenerse hasta la entrada de la selv^ donde
había dejado á su amo. El instinto natural
de los perros y la finura del olfato de que
están dotados, hicieron descubrir pronta-»
mente al pobre animal el sitio donde esta'*
ba enterrado su aiiio, Escarba la tierra con
las dos patas hasta descubrir el cadáver del
desdichado Aubry, le lame, le acaricia^
mas viendo que rodoe sos esfuerzos son m-^
útiles, y qi>e su amo no se muevc^^ se de-^
cide á abandanaríe, y después de haberle
cubierto fíe tierra se vuelve á París.
El perro por un conocimiento que me^
recia otro nombre mejor que el de Instin--
to, no volvió á casa- de sq ama para que
por su aire triste no viniese en conocmiien*
to de la de.cgracia. Quiere que ésta no que--
de sin castigo, y para esto se clirige á casíi
del caballero LardiHiere grande amiga efe
su amo con el Qn^ c^:>mia v se aeomnt^íiaba
muchas veces. El caballero no halla nada
de estraordiuarioerv la^ vkiía cíel perro de sa
(196)
amigo; le acarició sin notar su abatimien-
to y mandó que le diesen de comer, mas
el perro no comió nada. Andaba siempre al
rededor de Lardilliere y asiéndole de la ro-
pa con los dientes tiraba de él, como para
llevarle á alguna parte. El caballero que
rio entendía nada de esto , se desembarazó
de él, y le puso á la puerta de la calle. El
perro pasó en ella toda la noche y aí otro
dia vuelve á casa del amigo de su amo y
redobla las instancias para que le siguiese
mas él no hizo caso de las acciones del per-
ro hasta que pasados ocho dias , y viendo
que el perro no cesa de venir á su casa, que
quiere darle á entender alguna cosa y que
cuando le echan á la calle hace instancias
para que le sigan, se deja un dia llevar
por el perro que le manifiesta su agradeci-
miento por todos los medios que están á su
alcance*
Asi que llegaron á la selva de Bondy
el perro conduce á Lardilliere al sitio don-
de están sepultados los restos de Aubry,
escarba hasta descubrirlos , y entonces se
¥oelve lánguidamente hacia el caballero.
Este sumamente conmovido, sorprendido y
espantado, se prosterna junto al sangrien-
to cadáver de so amigo* y jura emplear to*
('97)
dos ios medios posibles para vengar el ase-
sinato, y confiando en el perro para descu-
brir al culpable^ hace trasladar el cadáver
á París donde le entierran con la solemni-
dad correspondiente.
El fiel animal agradecido á lo que Lar-
dilliere habla hecho con su amo, pasó á
él todo el cariño que á este tenia, quedán-
dose á su lado para no abandonarle jamas.
Un día en que según su costumbre cami-
naba tranquilamente al lado de su nuevo
amo, se para de repente, sus ojos se ani-
man, prorrumpe en un ladrido sordo y se
arroja furioso á un hombre que pasaba
asiéndole del cuello, y arañándole el rostro
con las uñas. Lardilliere se quedó atónito.
¡Su perro tan manso y tan bueno cometer
un esceso semejante! Es preciso que haya
tenido algún acce^so de rabia. A! fin consi-
guieron hacerle soltar la presa . y el perro
lamiendo las manos de su amo, se pone en
actitud suplicante, volviendo á recobrar
toda su cólera al mirar al hombre á quien
acababa de atacar y que va iba huyendo,
Lardilliere reíiexionando lo que acaba-
ba de suceder ^ concibió algunas sospechas.
Era imposible que su perro hubiese queri-
do ahogar á aquel hombre sin algún mo-
(198)
tivo y este es el que se propuso aclarar.
Aquel hombre le era desconocido, y asi
procuró encontrarse con él algunas veces
llevando siempre consigo el perro atado
con una cadena , y cada vez que el perro
le divisaba 5 hacia los mayores esfuerzos
por romperla y tirarse á éh Vista esta tena*
cidad ^ Lardilliere no dudó que aquel era
el asesino de su amigo, y fue á acusarle
delante del rey.
Carióos quinto era un rey Justo y bueno
que siempre dedicaba una hora á oir las
quejas de sus vasallos. Cuando supo las cir-
cunstancias de aquel negocio hizo prender
al acusado, mas como este uegase todo,
mandó tragesen el perro el que se puso fu-
riosísimo y costó mucho trabajo contenerle.
Entonces el rey medio convencido decretó
un combate singular entre el perro de Au-
bry y el que se presumía ser su asesino.
Entonces eran muy frecuentes estos com-
bates de entre un acusador y un acusado
cuando faltaban pruebas del crimen. Estos
desafios se llamaban juicios de Dios^ pen-
sando con fundada razón , que el Todopo-
deroso no queria protejer el crimen y que
sucumbiendo el inocente dejase triunfar ál
culpable.
(»99)
G)mo era la primera vez y probable*
mente la ultima que se veía un juicio de
/>Í05 entré un hdáibre y un animal, con-
currió una inmensa, multitud, y el mismo
rey en persona. El combate se debia verifi-
car en la isla Notré dame en un circo íor-
mado por tablas para separar á los especta-
dores. El acusado tenia por arma un garro-
te en forma de clava , y el perro tenia un
tonel sin fondo donde recogerse.
Dada la señal , los dos adversarios se ar-
rojan uno sobre otro ; el perro recibe un
garrotazo que le bace vacilar, retrocede al-
gunos pasos, y aprovechando la ocasión en
que su enemigo se dispone á darle otro gol-
pe , salta á su cuello con la mayor ligereza
y le clava los colmillos en la carne. Consi-
guieron arrancar á aquel infeliz de las gar-
ras del animal , porque no era alli donde
debia morir. Llevado á la presencia del rey
declaró todo ^u delito.
Durante mucbo tiempo, no se habló
de otra cosa mas que del perro de Aubry;
todos querían verle y aaasaiarle, Carlos V.
hizo erigir en la selva de Bondy un monu-
mento que recordase el valor y fidelidad del
perro. En este monumento estaba inscripto
un dístico latino, cuya traducción literales
la siguiente:
(acó)
^^Ciegos mortales, que violáis las leyes mas
»sagradas , aprended de un animal á ser re-
»conocidos ; temblad hasta de vuestra som-
»bra cuando queráis cometer algún delito/^
Aunque el tiempo hace años que ha
destruido este modesto monumento, el re-
cuerdo del perro de Aubry vive y vivirá
eternamente. Las heroicas acciones para
conservarse 5 no necesitan ser reproducidas
en un mármol que ha de durar menos que
su memoria.
«SP^"**»"
Edíjgt0n*
ARTICULO a.^
Caridad unwersaL Si el reconocimien-
to produce el amor de Dios, el amor de
Difos produce también el de los hombres.
En efecto, ¿cómo se ha de amar á Dios y
aborrecer á los que él ha amado? Aqui se
trata de un amor no de instintosolamentCp si-
no de un amor purificado por la inocencia
de las cosbmbres y la fuerza de la razón, de
esté amor , no de gusto y de esclusion, sino
conio el de Dio$; amor mas bien de alma in-
mortal , que del hombre mortal. El egois-
mo procura apartarnos de este deber que
cada uno de nosotros debe procurar cum-
plir exactamente. Qué cosa hay mas natural
(acá)
que reconocer por hermanos á estos seres
semejantes á nosotros que nos rodean, que
hacen depender de maestra existencia sus
necesidades^ y á quienes Dios desde el prin-
cipio ílel miiñdo ha puesto en relación con
nosotros por medio del don divino de la
palci!>ra? En este meílio maravilloso de co-
municación no hay una invitación particu-
lar á amarnos y socorrernos? En el mismo
cuidado que ha tenido la Providencia de
que la fuerza provenga de nuestra unión,
debemos reconocer la necesidad de amar-
nos mutuamente.
Inmortalidad del alma. La filosofía de-
muestra que hay en el hombre un prin-
cipio que no puede perecer, y que lleva al
otro mundo las consecuencias de las bue-
nas ó malas acciones que ha podido come-
ter Esta creencia no es de a ver sino que
está autorizada por el voto secreto de! cora-
zón y el asenso general de Jos pueblos.
Tampoco se estinguirá mañana , sino que-
dará perpetuada entre !o^ hombres cgmo
una herencia sagrada. Solo ei pltivo filósofo
no invoca estas tradiciones venerables pro-
curando apartarse de la fe de sos semejan-
tes y de las esperanzas del género humano.
(5*6 continuará.)
EL MENDIGO.
l-,!B^O*gBLJi
A la puerta principal de una iglesia ée
París se notaba poco há un anciano mendi-
go constante en venir todos Jos días á sen-
tarse en el umbral del sagrado recinto
Sus modales, su tono y su leiíginaje revela-
ban una educación superior á la que regu-
larmente acom^)ana á la miseria. Bajo sus
andrajos llevados con dignidad , brillaba un
reciente recuerdo de estado mas distingui-
do. Asi entre los pobres de la parroquia,
en medio de aqtielia clientela abandonada
por las poblaciones á la que rada iglesia
presta asilo, este mendigo llamado Jacobo
tenia mucha autoridad. Su bondad , su ini-
parcialidad en la distribución de las limos-
nas, única beneficencia del pobre para con
,ei pobre y su celo en apaciguar las quere-
llas, le habían grangeado una reputación
bien merecida. A pesar de esto su vida y
sus desgracias eran un misterio, tanto para
sus mas íntimos camaradas, como para las
personas que frecuentaban la parroquia.
Hacia veinte y cinco años que todas las
mañanas venia á sentarse á un mismo sitio,
estaban tan acostumbrados averie que pa-
recía constituir parte del adorno de la por-
tada como las figurillas de piedra dentro
de los nichos góticos y á pesar de esto nin-
guno de sus compañeros pedia dar razón
de la menor circunstancia de su vida. Tan
solo una cosa se sabia y era que Jacobo sien-
do católico nunca ponía los pip.s dentro de
la iglesia. En el momento de las ceremonias
religiosas , cuando los cánticos piadosos re-
sonaban en la cúpula sagrada, cuando el in-
cienso se elevaba con los votos de los fieles
hacia el cielo, y el sonido grave y melodio*
so del órgano, sostenía el solemne coro de
los cristianos, entonces el méndigo sentía
impulsos de mezclar sus oraciones con las
de la Igiesia y con ávidos ojos contem-
plaba desde afuera el cuadro que presenta-
ba la morada del Altísimo. El brillante re-
flejo de la luz, al travéá de las góticas vi-
drieras, la sombra de los altos pilares pues-
tos hacia siglos como símbolo de la eterni-
dad de la religión, la profunda y suave
melancolía que infunde el aspecto sombrio y
recogido de la Iglesia, todo esto causaba al
inéndigo una admiración involuntaria. A
veces las lágrimas corrian por su arrugado
rostro, y su alma parecia agitada por la
infelicidad y profundos remordimientos.
En los primeros tiempos de la Iglesia se le
hubiera tenido por un criminal condenado
á perpetuo destierro de la asamblea de los
fieles y á pasar como silenciosa sombra en-
tre los vivientes.
Un eclesiástico asistía todos los días á
celebrar el santo sacrificio. Descendiente de,
wna de las mas antiguas familias de la Fran-
cia y poseedor de muchos bienes, tenia sus
delicias en distribuirlos por medio de abun-
dantes limosnas* Al méndigo principalmen-
te le tenia un afecto particular, y todas las
mañanas al darle la limosna que ya era
una renta diaria la acampanaba de palabras
consoladoras.
Un dia Jacobo no estaba á la hora acos-
tumbrada en la puerta de la Iglesia, y el
sacerdote llamadQ Paulino, celoso de na
perder la Uniosna de aquel dia buscó la
habitaeioo del mendigo al qoe enconírá
enfermo y tendida en una mala cama. El
ecfesíástico se quedó sorprendido a vísra
del lujo y de U miseria que á un tiem-
po se manifestaba en aquel aposentiüo. Uo
magnífico reloj de oro estaba colgado á !a ca-^
becera del miserable jergón, dos cnadros
coárteos marcoa colgados de la desnuda pa-^
red y cubiertos con un cres|)on5 un cru-
cifijo de marfil de primorosa labor coígado
á los píes de la cama, una silla antigua con
tallas góticas, y entre varios libros usados
ün misa I con broches de plata , lo demás del
ajuar antmctaba una estrema iodigencía.
La presencia del sacerdote reanimó: al
áncíaoo^ y con acento lleno de ternura y de
reconocimiento escíamd::: ¿Señor sacerdote
os dignáis acordaros de estelnfrfiz? Amiga
mió íe^ respondió este , un sacerdote olvida.
tan solo á los rieqs. Venia á saber si teniasi
necesidad de algún socorro-^
.Ya nada necesito, respondió el méndigo,,
mi muerte está próxima , mi conciencia:
únicamente no está tranquila !
_¿Tn conciencia'^ ¿Tendrias tál'vez alguri
graa delito c[ue expiar ?
(207)
— Un crimen , un crimen enorme » un
crimen por el que toda mi vida ha sido una
cruel é inútil expiación ! [Un crimen sin
perdón í
— Un crimen sin perdón no existe ! La
misericordia divina es mayor que todos los
delitos del hombre.
_Pero un criminal manchado con la mag
horrible atrocidad , qné tiene que esperar?
el perdón, ya no Je hay para mí.
—Todavía le hay, excíama el sacerdote^
poseído de lín vivo entusiasmo^ el dndarlo
seria una blasfemia mas horrible que to cri-
men. La religión tiende sus brazos al arre-
pentimiento Jacobo si tu arrepentimiento
es sincero impldra en la bondad divina y
no te abandonará. Confiésate.
A! momento el sacerdote se descubre y
después de haber proouneiado las palabnis su-
blimes que abren al penitente las puertas
del cielo ^ escucha al méndigo.
Hijo de un pobre arrendador honrado,
con el afecto de una familia de alta nobleza,
cuyas tierras cultivaba mi padre^ fui recibido
desde mt infancia en la quinta de mis amos
con destino á ser ayuda de cámara del hijo
de la familia. La educación que me dieron,
inis rápidos progresos en el estudio y la be-
(ao8)
nevolencia de mis amos cambiaron mí esta-
do, y fui elevado al rango de secretarlo. Al
cumplir los veinte y cinco años, estalló la
revolución y mi espíritu seducido con la
lectura de los periódicos de aqu^^Ua época,
ambicioné salir de semejante posición pre-
caria abandonando el asilo de mi juventud^^
Si yo hubiera seguido este primer movi-
miento la ingratitud me hubiera evitado uní
crimen ! El furor revolucionario cundió
bien pronto á las provincias, y mis señores
temiendo ser descubiertos en su retiro des-
pidieron á todos los criados. Reunieron con
presteza todo el dinero que pudieron Y nip|
llevando de su rico ajuar mas que los obje-^
tos preciosos por recuerdos de familia cor-
rieron á París á buscar asilo enere la multi-
tud y reposo en la obscuridad de su domi-
cilio. Yo como hijo de la casa les acompa-^.
ñé. El terror reinaba con todo su poderío y
nadie sabia la secreta morada de mis amos
que inscriptos en la lista de tos emigrados y
confiscados todos sus bienes, todavía se da-
ban por contentos permaneciendo reunidos
tranquilos y ocultos. Animados de una fe
viva en la providencia , esperaban un cielo
nías propicio. ^ Vana esperanza i La única
persona que podía revelar su morada y ar-
ranearlos de su asilo, tuvo la vileza de de*
nunciarlcs: este denunciador be sido yo.
El padre, la madre, cuatro hijas, ¿in-
geles adornados de su hermosura y su belle-
za , acompañadas de su bermanito de diez
aíios, fueron arrojados en un calabozo y
entregados á todos los horrores de la pri-
sión. Se les formó el proceso en aquel tít m*-
po en que los mas frivolos pretestos bas-
taban para enviar al inocente a la mncrte
y á pesar de esto el fiscal no h^lUba moti-
vos de acusación contra aquella noble y
honrada familia. Hubo un hombre iniciado
en las confidencias del hogar doméstico , de-
positario hasta de los pensamientos íntimos
de la familia que incriminó las mas rencillas
circunstancias de su vida, inventando el
crimen de conspiración. Este calumniador,
este testigo falso soy yo.
La sentencia fatal fue pronunciada, Xa
sentencia de muerte gravitó sobre toda la
familia excepto el hijo jovencito. Desgra-
ciado huerfanito , destinado á llorar tod^ aa
familia , maldiciendo á su asesino si acaso le
habia conocido. Aquella familia resignada y
hallando consuelo en sus virtudes^ esperaba
la muerte en la prisión , mas hubo nn olvi-
dp en el orden de la egecucion , dejando pa«
14
(•210)
sar el día destinado para ella y sino hubie-
ra habido una persona interesada en ccbar-
se como en su presa en aquellos infelices,
no hubieran subido al patíbulo» Un hombre
impaciente por enriquecerse con los despo-
jos, se presentó í^n el tribunal revoluciona-
rio hizo rectificar aquel error , y su celo íue
condecorado con un diploma de civismo.
La sentencia se mando cumplir en el acto y
aquella misma noche se egecutó la horrible
jtisticia de aquellos tiempos. Este solícito
delator soy yo.
Al caer el dia, y á la claridad de las ha-
chas, camina la carreía fatal llevando á la
muerte á aquella noble familia. El padre
oprimido por el profuiulo dolor, ocultaba
entre sus brazo»? á sus dos hijas pequeñas,
la madre, mnger fuerte y cristiana , estre-
chaba junto ásu corazón á las dos hijas ina-
-yores , y todos confundiendo sus lágrimas,
sus esperanzas y sus recuerdos, repetian ias
plegarias de la muerte. Jamas sjlió de su
boca el nombre de su asesino. Gomo ya era
tarde, el Verdugo cansado de las ejecucio-
nes de aquíd dia , habia encargado d un
criado suyo cpie ejectua?e aquella última El
criado poco acostumbrado á aquella horri-
ble maniobra, imploró la asistencia de uno
que posaba á la sa/orí. Aqnel líoniI)re se
prestó de í)ueiia volntuad á ayudarle en su
ignobie iDíiiisíerio Este hombre soy )(k
El precio de rajitos eiiíiií nes, iVie wna
snnia de tres mil íiancíis en oío, y los ob-
jetos preciosos (pie aun veis a! rededor de
mi como testigos irrecusables de mi atenta-
do. Yo quise olvidarle eumedio de la di-
sipación, mas á penas se cojichnó el oro,
fruto de u>i infame conducta , cuando eu!-
pezáron los remordin)ientos. No bubo pro-
yecto , empresa ó tiaba|o en que pusiese
Ja mano que saliera á n)ed¡da de rnis de-
seos. Al verme pobre y enfermo^ !a cari-
dad me |)roporcÍ4vnó una plaza en la puer-
ta íle una ij.itesia , en la que lie pasado tan-
tos anos El recuerdo de mi cí isuen tne era
tan vergoi^zoso y penefrante, que dese?p€-
rand.o de la bondad divina ; nunca ítm be
atrevi(ío á im¡)loiar los consueles de la h^-
ligion ni á entrar en la iglesia. Las \\mosnd$t
las vuestras sol)re t(;do, señor, me barí
ayudado á economizar la suma lobada á
ruis amo?, aqui la tenéis. Los objetos áe lu-
jo que veis en eete cuarto, este reloS^ ese
crucifijo, aquel bbro y aquellos tcíraíéssou
los nuiebtes robados á n)is victimas. ¡Obfctue
coutinuailoy piolnndobj^ 5.Ídc ítj airepeii-*
(212)
timíento, mas ya cuan ineficaz! creéis aho-
ra señor mío, que yo pueda esperar el per-
don de Dios?
— Hijo mió, responde el sacerdote, tu
crimen es horrible, sin duda alguna; las
circunstancias son atroces. Los huérfanos
]^r¡ vados de sos padres por la revolución
comprendemos mejor que nadie cual seria
el dolor y amargura de tus víctimas. Toda
tu vida pasada en las lágrimas, no basta
para la expiación de una culpa semejante.
Sin embargo , los tesoros de la Divina mi-
sericordia son inmensos. Gracias á tu arre-
pentimiento y lleno de confianza en la ina-
gotable bondad de Dios , creo poder ase-
gura r te tu perdón.
Al momento el sacerdote se levanta, y
el mendigo como animado de nueva vida,
se arroja de la cama y ee pone de rodillas.
El venerable sacerdote Paulino , iba á pro-
nunciar las poderosas palabras que atan ó
desatan las culpas del hombre cuando el
mendigo esclama. "^'Esperad padre mió, an-
tes que yo reciba el perdón, que me vea
liba* del premio de mis crímenes; tomad
todos estos objetos, vendedlos y distribuid
e 1 dinero á los pobres/^ En medio de los
precipitados movimientos del mendigo,
arranca el crespón que cubría los dos re-
tratos, y esclama. »He aqui la imagen au-
gusta de mis señores/^
El sacerdote á tan inesperada vista , de-
ja escapar estas palabras... ¡Padres mios...!
Al instante el recuerdo de aquella bor-
rible catástrofe, la presc^ncia del asesino, la
vista de aquellos objetos tan caros al cora-
zón , despedazan el alma del digno sacer-
dote, que cediendo á un desfaJlec¡íi)icnto
involuntario, se deja caer sobre una silla.
Con la cabeza apoyada en an)bas manos,
vierte lágrimas profundas y abundantes,
sintiendo renovarse la antigua llaga de su
corazón.
El mendigo aterrado, sin atreverse á le-
vantar sus ojos bácia el bíjo de sus señores,,
hacia el juez terrible é irritado que le de-
bia su cólera mas que el perdón , se revol-
caba á sus pies , regándolos con su llanto y
repitiendo con voz desesj erada. ¡Amo rnio!
¡Amo mío! mientras que el sacerciote f>ro-
curando no fijar los ojos en él, hacia es-
fuerzos para reprlmli su dolor.
,EÍ mendigo esclama: >>S!, vo K)y ini ase-
sino, un monstruo, un infame! Seuor,
disponed de mi vida. ¿Que debo yo hacer
para que os venguéis?
(a. 4)
— Vengarme, contesta el sacerdote viieU
to en sí por aquellas palabras, vengarme-.. •
¡Infelz.ü
— ¿No tenia yo razón cuando os decía
que mi crimen era incapaz de perdón ( Ya
lo sabia yo, si, que la religión misma me
dcí^echaiia. El arrepentimiento no sirve de
nada á im criminal de n)i clase. Ya no hay
perdón, no, va no hay perdón.
Estas últimas palabras pronunciadas
con un ace!)to terrible, recuerdan en el al-
ma del eclesiástico su misión y sus deberes.
La lucha entre el dolor filial y el ejercicio del
podersagrado cesa al momento. La debilidad
humana había reclamado un instante las
lágrimas del hijo coatristado , mas la reli-
gión fortalece el alma grande del sacerdo-
te* Empuña el crucifijo, herencia paterna,
caida tan inesperadamente en sus manos, y
presentándosele á aquel infeliz, le dice con
voz fuerte y conmovida.
— ¿Cristiano , tu arrepentimiento es sin-
cero ?
— Si señor.
— ^Tu crimen te es objeto del horror
mas profundo?
— Si señor.
-—Dios inmolado en esta cruz por los pe*
(a, 5)
cáelos de los hombres te concede su perdón.
Enionces el sacerdote levantando nna ma-
no sobre el mendigo, y teniendo en ]a otra
el signo de rmestra redención , hace bajar
]a clemencia divina sobre el asesino de to-
da su familia.
El mendigo , el rostro cosido con la
tierra , permanecía inmóvil á los pies del
eclesiástico, éste alarga sn mano para le-
vantarle 5 mas acababa de espirar.
méti
:>^^ik¡?c
(216)
€íiiifan0n ñaca. ^Irtifulo 3*^
De la pelota.
El jiiego c!e pelota es tan saludable á
todas las edades, que no debe desperdiciar-
se en ninguna ocasión. Dejemos el volante
á las damas, cuya piel delicada no debe es*
ponerse á contusiones ; mas nosotros, que
] por nuestra constitución física podemos ha-
cernos vigorosos á poca costa, elijamos aque-
llos juegos 5 en los que se necesite destre-*
'M y ligereza para preservarse del peligro
por un continuo movimiento y agilidad de
miembros. Es un recreo muy inocente, y al
mismo tiempo del mayor interés paraelju-
gador, que al ver la pelota en el aire jnzga
y calcula su alcance y dirección, y con ma-
no fuerte la envia al punto que se ha pro*
puesto. jQué ardor y que aplausos de los es-
pectadores! En fin, este juego reúne los pla-
ceres del paseo , de la carrera y del mo-
vimiento en todos sentidos.
(217)
Del Mallo.
Tanto en este como en el pasado jnego
no faltarán tímidos padres de familia que
digan que son buenos para perder un ojo
de un pelotazo, torcerse un pie ó ganarse
un sofoco; mas en este caso sería preciso
que no saliesen los jóvenes de casa, porque
puede venir una piedra y escalabrarlos , ó
caer un teja de un tejado y dejarlos en
el sitio, ó venir un perro rabioso y mor-
derlos., mas esto seria cuento de nunca aca-
bar. Dejemos aqui el capítulo de los acci-
dentes, contra los cuales los padres quie*
ren que se preserve á sus hijos en lugar
de acostumbrarlos á ellos, ¡Ah! estos y
otros temoresde padres pusilánimes son los
que hacen que sus hijos se crien sin fuer-
za , y por consiguiente sin valor, como
aquel cuyo retrato hemos hecho al princi-
piar este tratado de educación. El poco cui^
dado de los escesivos rigores del frió ó de
los ardores de la calor, la poca atención á
las privaciones de toda especie , y á los pe-
ligros de cualquier naturaleza que sean, la
tranquilidad en medio de las fatigas de una
vida laboriosa y dura son los que ponen á
(.,8)
la jnventncl en estado de emprenderlo todo
por poco que se le anime.
Del Arco.
Mnchas personas gustan todavía del
arco, tan usado en Europa antes de la in-
vención y uso (le las armas de fuego. Con
el ano es con lo que el joven talvage hace
caer los frutos de los árboles para su sus-
tento y el de sus pavlres. Seria convenien*
te que nuestra juventud se ejercitase en ha-
cer otnrtanto, y a Iquirlr alguna prácti-
ca en este ejercicio tan divertido. Mas al-
gmio dirá; ^Para qué poner en sus ma-
nos el arco , si de lo que algún dia se ha
de servir es del fusil y la pistola ? A es-
to se res[)onde , que por destreza que exi-
ja el fusil y la pistola, es mayor la que
requiere el arco, para el cual se necesita
una mano muy segura y una puntería la
mas ajustada , á menos que no se coloque
el blanco en una gran pared , es lm[)osi«
ble juzgar cuanto se ha desviado el tiro,
al paeo qiie la flecha no deja la menor du*
da de í>u dirección.
(2 19)
Be la Carrera.
Se habla de la carrera á pie, la mas sa-
ludable y fácil de practicar para todo jo-
ven que en ella pretenda distinguirse |Qné
maestra es la necesidad! Se sabe que los
negros y hotentotes, perseguidos por el león
sobrepujan en la carrera á este rey de los
animales. Aun cuando la carrera no tu-
viese mas utilidad que dar ligereza á las
piernas, y vigor á los nervios , se debian
proponer recompensas á la juventud para
animarla áella. Una marcha pronta y con
aliento sostenido , tiene sin duda mas ven-
tajas , y asi , este ejercicio es el mas nece-
sario , el mas agradable y el mas útil.
De la Marcha.
Que se juzgue si los romanos se ha-
blan endurecido en este ejercicio , cuando
apesar de llevar una carga de mas de sesen-
ta libras ar)daban sin molestarse diez leguas
en cinco horas. Otros ejemplos pudiera de-
mostrar, que ejercitando desde hieao y
por grados á los niños a caminar, se les
haria un gran servicio. Para obtener este
resultado , cada semana del uño se podía
dar un paseo qne pareciese un pequeño via-
ge- Se saldrá por la mañana para ir á ver
á un conocido á dos ó tres leguas , ó para
gozar de algún soberbio punto de vista, al-
gún edificio notabie, ó los restos de algu-
na fortaleza que figura en la historia. Un
dia se lleva la comida de casa , otro se co-
me donde se presente ; un dia se vuelve
al ponerse el sol , otro dia mas tarde ó bien
entrada la noche, porque es preciso fami-
liarizarse con la profunda oscuridad^ ó con
la débil luz de los astros del firmamento
entre las nu!)es: inas si acaso la luna espar-
ce su claridad por todo el campo , entonces
es otro placer mas. Estas caminatas son
mas divertidas é interesantes cuando se ha-
cen con amigos instruidos y sensibles.
(^Se continuará)
€1 nial MXnBco iUílitar.
Enrique. ¿Papá, á dónele nos lleva V.
hoy á paseo ?
Eugenio. Vamos á otra parte mejor:
¿no te acuerdas que hoy es el dia destina-
do á ver un nuevo establecimiento. ?
Enrique. Como veo que nos dirijimos
hacia el Prado, estaba en duda si no que-
dariaraos en é!, ó entrariamos en el Retiro
ó en el jardín de las Delicias.
El Padre, Vamos niños, entrad por
esta ípaanífica puerta, y asi cesareis de
ha<er preguntas. Esta puerta^ cuyas ins-
cripciones están dedicadas á Fernan-
do VII de Borbon y á Maria Isabel de Bra-
ganza , por haber sido construida en tiem-
po de estos reyes. Aquellos elegantes gru-
pos representan á Marte descansando de las
fatigasd^ la guerra, y á Minerva premián-
doias en el reposo de la paz. El escudo de
armas y trofeos del centro son obra de don
Francisco Gutiérrez, de cuyo acreditado
profesor ya veréis otras obras cuando su-
bamos arriba-, porque habéis de saber que
vamos á visitar el Real Museo Militar.
Eugenio. ¿Oyes Enrique , no te lo de-
cía \ot
El Padre. En este suntuoso eclifirío ti-
tulado palacio de la Duquesa de Alba , se
coíu^erva una [)reerosa eofeeeion de moilelo^
de baterías, aioiacenes, fábricas, fundieio-
nes , puentes , y un aran numero de forii-
ficacioues, cañones , morteros',^ armas anti-
cuas y modernas, Y cuanros artíílictos lían
inventado los hoiid:)f'js para acabar mas
pronto unos con otros A esta vasta coíec-
cion es á la que con justo motivo seda et
nom!)Fe de Museo Miikar. Entrad y veréis
como es cierto cnanto os acabo de decir.
Eugenia. |01i' ^cuanta variedad de má-
quinas y de modelos!
Jícjandro. Venid , venid aqni á ver es-
tas casitas ta» monas.
El Padre. Vamos poco á poco, exa-
mmancio lo mas curioso que baya que ver^
aprovechando et tiempo. Aquí primera-
mente veis moíinos y almacenes de pólvora,
y entre ellosrnerecen notarse los de Mur-
cia, Viltafeficlie y Barcelona.
Etiriqae. Que bien colocaditos están los
barriles. ^*i)iga V papá, y estas eadendlas
que cneljtan i\v esía-í barran tan altas.?
El Padre. Spn luá eunduciorcs de lus pa*^
ra-rayos , que se hacen ínrJlspensaMcá en
estos edificios para precaver los funestos
efectos (le una esplosion si cayese algún ra-
yo. Allí tenéis otio molino que no es de
pólvora sino de trigo, y que mueve cuatro
piedras á la vez Aquellas del frente son pro-
betas para graduar la fuerza de la pólvora, y
todas ellas, aunque de diversa forma, tienen
uu arco de circulo graduado en el que Ja cu-
lebrina al retroceder deja señalados los gra-
dos de fuerza. También podéis ver este mo-
delo de las machinas de que se sirven en
los puertos de mar para descargar mas fa-
cilineiite los barcos , trasladando los efec-
tos d( sde el mismo buque , donde los re-
coíie la machina liasta llevarlos á desear-
gar al punto cpie se quiere del muelle. Esa
que veis es modelo de la construida en
Cádiz.
£u genio. ¿Y los cuad ritos que hay col-
gados ¡)or las paredes de los salones que
significan.?
Fl Padre. Son los planos de las for-
tificaciones y dibujos de máquinas que exis-
ten en el Museo. Lo que si cjuiero que con-
templéis con atención, es este niodelo de la
ciudad de la Coruña con todas sus fortifi-r
caciones y espacioío puerto: y solare todo,
'■ \
este otro ríe torl a nuestra peninsiifa E?pioofa
ea el qiie veis marcada exactamente la di-^
visión de las provincias, el curso de los
rios, la dirección y ramales de las monta-
ñas y las sinuosidades de las costas, La t'g*^-
cucion de este modelo exige mas trabajo y
meditación de lo que parece á primera vis-
ta , y yo me alegrara tenerle en casa para
haceros repetir teniéndole sobre la mcisa las
lecciones de geo.grafia que estáis estudiando,
Enrique. ¡Caramba! ¡qué granadas y
que balas tan grandísimas hay aqui?
El Padre. Son modelos de diversos ca-
libres de bombas y de balas, entre ellas al«
gunas encadenadas para desarbolar los bu-
ques. Modelos de armas de artilleria; un
canon todo de piezas, y otros dos monta-
dos sobre una misma cureña , de los cua-
les, mientras que el uno entra en batería,
el otro retrocede para cargarle.
^/e/andro; Mirad que puentecito tan
bonito hay allí.
El Padre, Este es el modelo ríe un puen-
te colgante por í.l Sr. Montenegro, y atli
hay otro de un puente de barcas; prÓKÍnK>
á el hay dos mo(!elos de balería'?, el \)r\Xit':t(y
representa la bateiia de ensayos qne hay al
frente de ia Real M aestranza de Scgovia ; y
(225)
este otro ele las baterías flotantes de funesta
memoria empleadas por el duque de Gr¡-
llon en el sitio de la plaza de Gibi altar.
Venid ahora á ver dos primorosos mo-
delos , el uno reproduce con toda exac-
titud la fábrica de arma blanca de Toledo
y el otro el de la fábrica de fundición de
hierro colado de Trubia á tres leguas de
Oviedo; Todos los departamentos de esta
gran fábrica^ y habitaciones de los opera-
rios ^ están reproducidos con tan minucio-
sa exactitud, que hasta se abren las puer-
tas f ventanas , y levantando los techos
se ven las oficinas interiores con las herra-
mientas y utensilios propios de cada una.
Eugenio. ¿Y este otro modelo tan gran-
de f de donde és?
EL Padre. Es el modelodeutta fábri-
ca de barrenar y tornear cañones de armas
de fuego , cuyas máquinas están movidas
por ruedas hidráulicas. Aquel de alli es un
molino harinero en el Tajo, y este otro es
un horno de fundición de Sevilla , en el
que según dicen se funden á la vez sete-
cientos quintales de metal 5 cantidad exor-
bitante é inaudita en hornos de esta/clasé.
;Una de las cosas mas dignas de verse que
faay^neste establecimiento, es la que te-
15
(226)
neis presente 5 que es el corte perpendi-
cular de una mina de plata en América. Por
niedio de esta sección de alto á bajo se ve
la dirección de las galerías y conductos sub-
terráneos siguiendo las vetas. Los pozos de
descenso , toda la guarnición y armadura
de madera que sostiene la mina y sirve pa-
ra la extracción del mineral, y la natural
posición de este en la ganga ó matriz.
Enrique. Papá mire V. que lanzon tan
terrible hay alli en aquel escaparate.
El Padre. Es una lanza morisca que
se halló en una escavacion de Granada,
instrumento fatal en el que se han apura-
do todos los medios de destruir, pues cons-
ta de cinco filos en diversa dirección. Las
demás armas contenidas en los armarios son
de las comunes y usuales en el ejército y
de mas o menos mérito en la forma y eje-
cución. Únicamente las armas de arriba son
curiosas por ser de indios y americanos, y
asi mismo podéis observar algunos objetos
chinescos y otros traídos de Manila.
Alejandro. Que lujosa está la sala en
que ahora entramos. Es mas bonita que las
demás.
El Padre, Esta última sala está pinta-
da primorosamente y adornada con pedes-
(^27)
tales , coluiiinlllas y cornisa de caoba con
molduras de bronce dorado. Conforme á
esta debían estar las demás, pero no ha-»
biendose verificado hasta ahora, sirve pa-
ra daros una idea de cual seria ^el esplen-
dor del museo, si sus salas estuviesen taa
perfectas como esta que se ve ya acabada. -
Aqui tenéis modelos de casi todas las
clases de baterías y fortificaciones que se
conocen; gran cantidad de cañones y mor-
teros de todos calibres. Los caballos de fri-
sa, y las diversas clases de tiendas de cam-
paña. En aquellos dos armarios hay gran
cantidad de instrumentos niatemáticos , as^
tronómicos y náuticos. La máquina de que
se hace uso para pulir y tornear los caño-^
lies, y las que sirven para graduar las espo-
letas y arrancarlas de las bombas.
También tenéis que observar dos pri-
morosos modelos ; el primero representa la
plaza de Rosas en el principado de Cátala*
ña, con su ensenada capaz , formada por el
Mediterráneo, sus fortificaciones naturales y
artificiales y el castillo. Esta fSlaza, aunque
no es de primer orden es célebre por los
sitios que ha sufrido de los franceses, y ha
sido modelada por el coronel de artillería
D, León Gil del Palacio ^ de cuyo acredita-
(228)
do profesor ya habéis visto obras de mu-
cho mérito en el establecimiento Topográ-
fico del Retiro. El otro modelo representa
la plaza y peñón de Acapulco en Nueva
España , con puerto famoso y capaz , cir-
cundado de altas montañas y defendida la
entrada por esos fuertes que veis. Última-
mente, sobre el pedestal de la chimenea te-
neis una bonita fragata de cuarenta y cua-
tro cañones titulada ¡Haría Cristina^ Y ^j^-
cutada por el referido Sr. Palacio.
Enrique. ¿Papá , no nos queda ya otra
cosa que ver ?
El Padre. Perteneciente al Museo Mi-
litar no hay mas que lo recorrido ; pero en
este mismo edificio hay otro departamenia
titulado de Ingenieros, en el que hay tam-
bién cosas dignas de verse. Hoy ya es tar-
de para que pasemos á este departamento,
pero os prometo que vendremos otro dia á
examinar las preciosidades que en él se con-
tienen.
Cííuanon primaría ítí las niüas»
ARTICULO 4^^
De la limpieza.
Dígaseles á las disclpulas en lo que
consiste la limpieza, acostúmbreselas á ella,
dándolas el ejemplo. No se trata aqui de
un aseo lujoso sino de la limpieza corporal
que se manifiesta en el orden de la persona
y buen estado de las ropas; de la que se
puede y debe tener en todas las condicio-
nes de la vida.
Se debe evitar con igual cuidado un
porte grosero y ridiculo que haga perder
el respeto, como uno muy costoso que solo
incline á la pereza y á la ociosidad. Acos-?
tumbrese á las niñas á que laven compon-*
gan y conserven su ropa; no Indicar á nin-
guna lo que le haga falta sino cuando hay
seguridad de que tiene medios de adquirir-
lo, asi como tampoco se debe avergonzar
á la que falte algo por la miseria de sus
padres sino a la que le falte por su poco
cuidado.
(23o)
ARTICULO 5.^
De la sobriedad.
Las niñas necesitan un alimento sencillo,
sano 5 abundante, bien compuesto y servi-
do y proporcionado al apetito y necesida-
des de cada una de ellas.
Evítese sobre todo aquella sórdida eco-
nomia que se ha notado en algunos esta-
blecimientos que consiste en cercenar algo
de lo necesario á los discípulos para enri-
quecer á los maestros.
Es bueno que las niñas se acostumbren
á comer de tqdo lo que puede servir de
alimento, se les deben prohibir los capri-
chos y las fantasías, mas teniendo en con-
sideración que hay repugnancias casi in-
vencibles que es preciso dejarlas pasar pues
solo se corrigen con la edad que hace cam-
biar de gustos. La comida debe ser una
misma para todas las niñas ricas ó pobres
la única excejxion que debe haber es en
favor de aquellas á quienes el facultativo
haya prescrito algún régimen particular
por la delicadeza (ie su constitución ó por
alguna enfermedad.
(23l)
La muestra debe tomar los mismos
manjares que la mayoría de las dlscípulas,
estas no tendrán motivo de queja viendo
que su maestra disfruta lo mismo que ellas
. y asi se evitarán todas las envidias.
H igaseies conocer lo penoso que es es-
tar sngeto á un régimen y la ventaja que
hay en acostumbrarse á todas comidas. No
se castigue con privación ó disminución de
alimentos-, ni se envíe á acostar á ninguua
niña sin que haya tomado alguna cosa. El
estómago no debe pagar las faltas del carácter.
ARTICULO 6.^
De las enfermedades.
mmm
Si una ó mas de las discípulas se viese
atacada de una enfermedad, cuídesela pro-
curando distraerla y hacerla olvidar sus
padecimientos. Evítese sobre todo el alar-
marlas por su situación, ocultando la pro-
pia inquietud por el peligro que hubiese
y manifestando á todas las nitias mucha
confianza y seguridad.
Llámese al instante al facultativo desde
el principio del malj, una falsa alarma vale
(232)
mas que una ciega seguridad. Desprecíen-
se los específicos, las comadres y cnrande-
tos; ni bs^sta la experiencia propia por mu-
cha que sea: lo repito recurrase desde lue-
go á un hábil facultativo.
Consúltesele aun antes que la enferme»
dad se declare, por ejemplo cuando se no-
te en alguna discipula, alteración de sus
facciones, tristeza, pesadez, privaci^^n de
apetito, sueño agitado, disminución de car-
nes y de fuerzas, dolor de cabeza, calentu-
ra, ó aunque so!o sea algún cambio de gus-
tos ó de carácter.
Si a pesar de esta previsión y de este
cuidado se declarase la enfermedad, la
maestra debe ser una segunda madre de la
enferma y íio confiar á nadie el cuidado
de su restablecimiento ; este es el mas im-
portante de sus deberes.
Avísese también á los padres al ins-
tante para que reuniendo sus cuidados á
los de la maestra, la joven enferma se vea
rodeada por todas partes de afecto, de pre-
visión y de ternura,
(Se continuará).
íUiagraffa.
NUMA POMPILIO.
Jño 3^ de la fundación de Roma antes
de Jesu-Cristo 714 años.
Numa nació en Cures , principal ciu-
dad de los sabinos y tuvo por padre á Poni'^
ponió, personaje iln^ítre. Desde su juventud
se mostró inrliijado á Ja virtud, desterró
de su casa el lujo y magnificencia, consa-
grándose al estudio de la filosofía, honró
á los dioses y socorrió á sus conciudada-
no^, tanto con sus riquezas como con sus
consejos.
Su himeneo con Tacia hija única de
Tacio, que reinaba en Roma con Romulo,
fue el grado primero de su reputación, mas
este himeneo no le envaneció; ocupado
mas de los desvelos que debía á su padre
que de les honores que podía recibir en
el palacio de Tacio, no quiso abandonar
el pais de los sabinos para ir á Roma y
cuauvlo perdió á su esposa á los trece años
de casamiento, se retiró á una campiña
solitaria en Ja que vivia solo errante en los
(^34)
bosques y praderas consagradas á los
dioses.
ahí fue donde los romanos enriaron
embajadores á rogarle aceptase el imperio
después de la muerte de Romulo. Numa
tenia entonces cuarenta años y respondió
á los embajadores en presencia de su pa-
dre y de un pariente llamado Marcio.
"Que todo cambio de fortuna en la vi-
da de un hombre era peligroso ; que era
un loco el que no sabia contentarse con
su suerte cuando esta era feliz. Yo no soy
añadió un hijo de los dioses , criado como
Romulo por medio de grandes prodigios,
sino un simple mortal Cáyma torios los de-
mas, y prefiero el reposo, mis campos y
mis rebaños, á los furores de la guerra^ al
lujo de las ciudades, y á la indisciplina del
pueblo Por otra parte es ridiculo querer
inspirar amor de los dioses de la justicia
y la paz, á un pueblo feroz y guerrero que
desea un gran capitán mejor que un buen
rey.
Esta sabia respuesta de Numa no desa-
lentó, á los embajadora s, le representaron
que su reiuincia srrla funesta á los Roma-
nos V Sabinos qije t( nian casi rotas las hos-
tilidades, y juntando sus súplicas á las de
(.35)
Marcío y ele Pomponip padre de Niima C8*
te se vio precisado á aceptar la autoridad
real y desde aquel instante habiendo sa-
crificado á los dioses se puso en camino para
Roma. Gomo describir la alegria del pueblo
Romano á su llegada á esta ciudad.! El sc-
nadoj los ancianos, las mugeres, los niños
salieron á su encuentro recibiéndole con
unánimes aclamaciones. Al ver la alegria
general parecía que la ciudad poseia un
nuevo reino mas bien que un nuevo rey.
Cuando el acompañamiento llegó á la
plaza Spurso recio senador .que mandaba
interinamente quiso que se verificase la ce-
remonia de la elección, todoi los votos del
pueblo estuvieron á favor de Numa á quien
presentaron las vestiduras reales, mas no
quiso aceptarlas hasta que su elección fue-
se confirmada por los dioses. Acompañado
de los sacerdotes y adivinos subió al Capi-
tolio situado en la roca Tarpeya y allí en
medio de un inmenso concurso del pueblo
que guardaba un silencio religioso, el gefe
ele los augures proclamó la aprobación de
Jos dioses. Numa tomó las vestiduras reales
y bajando a la plaza fue testigo de nuevo
de los traiisportes de alegria de todos los
ciudadanos que le apellidaban unánimes el
hombre mas sabio y mas querido de los
dioses.
El primer acto de autoridad de Numa
á su advenimiento al trono, fue la supre-
sión de los trescientos satélites llamados
céleres que Romulo habla instituido para
su guardia; diciendo que no quería des-
confiar de los que se fiaban de él, ni ser rey
de aquellos á quienes no inspiraba confian*
za. En seguida añadió un nuevo sacerdote
en honor de Romulo á dos que habla ya
destinados á los altares de Júpiter y de
Marte.
Después de haberse ganado por este
medio el afecto del pueblo^ trató de civi-
lizarle. Se preciaba de discípulo de Pitago-
ras y querido de las Musas de las que te-
nia sus revelaciones y como el silencio era
uno de los primeros dogmas de Pltagoras
indujo á los romanos á adorar á una de es-
tás musas á la que llamaba Tacita- Miran-
do como un sacrilegio el representar las co-
sas celestes por imágenes terrenas, prohi-
bió adorar á los dioses bajo formas corpo^
reas. Estableció los pontífices para ser in-
terpretes de la ley de la Religión y para
cuidar de los sacrificios públicos, en fin
estableció las vírgenes sagradas llama las
(.37)
testales encargadas de mantener el fuego
sagiado en un templo de forma redonda
que representaba el universo, en el centro
del cual los pitagóricos colocan al fuego
que llaman Festa. Estas vírgenes según los
reglamentos de Numa estaban obligadas coa
voto de castidad hasta los treinta años y sí
faltaban á el eran enterradas vivas cerca de
la puerta CoUina pasados los treinta años
podian casarse y tomar otro 'genero de vi*
da yantes de este tiempo disfrutaban mu-
chas consideraciones y privilegios.
Numa dio leyes encargando á los pon-
tífices el orden y la ejecución de las cere-
monias fúnebres^ arreglando el luto según
la edad del que habia muerto. Instituyó
los sacerdotes feciales ó conservadores de
la paz y los que se enviaban á la frontera
enemiga antes de declarar la guerra los sa-
lios encargados de la custodia de los once
escudos hechos por Mamurio Veturio segua
«n modelo que se decia haber caido del
cielo en manos de Numa el octavo año de
6U reinado cuando habia peste en Roma, de
la custodia de estos escudos pendía la salud
y conservación de la ciudad.
Después de estas instituciones, Numa
hizo edificar cerca del templo de Festa un
(238)
palacio vn el que pasaba mucho tif^mpo en
sacrificat á los dioses y Cbludiar la leligioa
con los sacerdotes. Tenia aun en el monte
Quirinal una plaza cayo sitio se muestra
en el dia en todos los sacrificios públicos
y procesiones de sacerdotes había heraldos
que iban delante que imponían silencio y
que hacian suspender los trabajos.
Numa hizo creer á los romanos que
tenia fn cuentes visitas de su musa favorita,
fué el primero que edificó un templo á
la fe y al término para enseñar á los roma-
nos que el mayor juramento qixe podían
hacer era jurar por su fe. Puso limites al
territorio de Roma distribuyendo las tier-^
ras conquistadas á la clase indigente del
pueblo para que la miseria no les hiciese
cometer malas acciones y que entregados
á las tareas del campo fuesen tranquilos y
laboriosos. Todos los que se mostraban ac-
tivos y emprendedores adelantaban en ho-
nor y autoridad mientras que los débiles
y perezosos eran reprendidos públicamente.
Numa procuraba por estos medios hacer
amar ía agricultura.
Entre todos los establecimientos que
creó este grande hombre, el mas estimado
es el de la división del pueblo en artes y
(239)
oficios. También se alaba entre sus decretos
el que reformab¿i la ley que permitía al pa-
dre vender sus hijos, porque esceptuó de
ella Jos cjue se hufjiesen casado con el cor^
sentiiDÍentQ de sus padres, teniendo por
cosa muy dura que una mnger que se ca^
^ase con un hombre libre^ se hallase de re-
pente casada con un esclavo solo por el ca-
pricho de su suegro. Reformó también el
calendario y añadió según la opinión de
Ovidio y Tito Livio los dos meses de ene-
ro y febrero. Antes de él constaba el año
de diez meses, el uno se llamó enero del
nombre de Jano y el otro febrero á causa
de las purificaciones que se hacian en esta
época.
Nuíiia murió de una enfermedad lenta
á la edad de ochenta y tres años , dejando
una hija llamada Pompilia, La magnifi-
cencia de sus funerales, su ataúd llevado
por los patricios, el dolor y los gemidos
del pueblo y la afluencia de mugeres y ni-
ños desconsolados probó suficientemente
que los romanos habian perdido al mejor
de sus amigos. Su cuerpo no se quemó se-
gún él lo habia dejado dicho : le enterra-
ron al pie del Janiculo, poniendo á su lado
todos los libros sagrados que él habia es*-
crlto sol>re los misterios de la religión. Du-
rante el remado de Ñama no se vieron
guerras en lo esterior, disensiones en lo in-
terior y conspiraciones contra él rey. Lo
que confirma la gran verdad de Platón de
que el pueblo para ser feliz necesita que
el cielo reúna en un mismo hombre la so-
berana autoridad y la filosofía. El sabio no
es feüz él solo, los que le escuchan y le
imitan participan de su felicidad»
El Padre. Para cerciorarme de la aten-
ción con que estáis durante la lección, vea-
mos ahora como respondéis á estas pregun^
tas ¿Alejandro, dónde nació Numa Pora-"^
pilio?
r Jlejandro. En Cures principal ciudad
de los sabinos-
£1 Padre. ¿De quién fue hijo?
Alejandro. De Pomponio personage
ilustre.
£1 Padre. ¿En qué tiempo fue rey y
sucesor de Romulo?
Alejandro. A los cuarenta años.
El Padre,. Eugenio di tu lo que hizo
á su advenimiento al trono.
Eugenio. Suprimió la guardia estable-
cida por Romulo para velar á su lado¿
Instituyó los pontífices, estableció las testa-
les é hi zo edificar el palacio llamado Regia^
elevó nn templo á la fe y al término y emr-
pleó todos los medios de conducir al pue-
blo al amor de la religión y las virtudes,
mejorando sus costumbres.
El padre. Como socorrió á la clase in-
digente del pueblo?
Eugenio Distribuyéndoles las tierra^?
conquistadas protegiendo la agriculiura y
el amor al trabajo.
El Padre. ¿Enrique cuál es la institu»
cion de Numa mas celebrada?
Enrique. La división del pueblo por
artes y oficios.
El Padre. ¿Y su mejor decreto
E nrique. El que reformaba la ley q^ue
daba á los padres poder para vender á sus
hijos.
El Padre ¿Isabel por qué el año tie-
ne doce meses ?
Isabel. Porque Numa aumentó en el
calendario los meses de enero y de febrero.
El Padre. En que tiempo murió Nu-
ma.
Isabel A los ochenta años, el pueblo
se manifestó muy triste, los patricios lle-
varon el ataúd y le enterraron al pie del
i6'
(24^)
monte janícnlo, juntamente con los libros
que habia escrito.
El Padre. Eugenia por qué Noma
hÍ2:o la felieidaH del pueblo romano?
Eugenia. Por que el cielo habia reu-
nido en un mismo hombre la soberana
autoridad con la filosofía.
Rtjíexiones sobre la historia de los hom'^
bres célebres.
Las historias de los hombres célebres
suelen engañar á la juventud. Siempre se
presenta el mérito como respetable 5 se la-
mentan las desgracias que le acompañan y
se habla con desprecio de la injusticia del
mundo con la virtud y los talentos. Asi
aunque los hombres célebres se vean siem-
pre perseguidos, se pinta su condición con
tan vivos colores que parecen dignos de
envidia aun en sus mismas desgracia?. Es-
to proviene de que los historiadores con-
funden sus intereses con los de los homr
bres ilustres de quienes hab'.an. Caminan-
do por el mismo sendero y aspirando á la
misma gloria ensalzan cuanto pueden el
brillo de sus talentos; nadie nota que de-
fienden su propia causa y como no se oye
m^s que su voz se persuaden faeihneníe de
la justicia que les asiste persuadidos de que
el mejor partido es el mas apoyado por los
hombres de bien. La esperiencia desengaña
prontamente, y por poco mundo que se ha-
ya visto, se descubre bien pronto su injus-
ticia natural con el mérito. Ja envidia de
los hombres medianos que persigue hasta
la mu(Mte á los hombres esct lentes, y en fin
el orgullo de los hombres elevados por la
fortuna que nimca cede en favor délos
que cuentan con el mérito solamente.
MÁXIMAS.
la intrepidez es una fuerza estraor-
duiaria del alma que la hace superior á
las emociones y desordenes que podia es-
citar en ella la vista del peligto. Por esta
fuerza los héroes conservan el libre* uso
de su razón en medio de los aeontecimieo^
tos mas terribles.
La vanidad, la vergüenza y el tem-
peramento suelen causar el valor en los
hombres y la virtud en las mugeres.
^i^tovia ViatnxaU
DIALOGO 11.
En las cosas mas pequeñas se descubre la gt an*
deza del Criador.
La Madre. Disfrutemos del campo hi-
jas inias: todo lo que observamos en él nos
habla de un Dios Criador, de su magestad
y su poder. La tierra cubierta de veg*^tales^
las selvas, los rios , las elevadas montañas,
una sola persona que contemplase cada cosa
de estás, debia necesariamente concluir de
su existencia y de la suya propia , que un
ser intinita mente poderoso es el autor. ¡Oh!
qué delicia tendríamos si pudiésemos ver
todas las maravillas de la vegetación que
presentan los diversos climas. Pero no es
el variado é inmenso número de las cria-
(.45)
turas el que prueba que hay un Dios ; la
mas pequeniía, la mas despreciable alpa-
recer, es una prueba lucen tcstable.
Eugenia. Yo bien conozco que una mon-
taña, un árbol y un elefante nos anuncian
el poder del Criador, mas otras cosas, v. í>r.,
esta chinlta que yo cojo ahora del suelo
parece que no debe causarnos tanta admi-
ración.
La Madre, La grandeza y el poder de
Dios no brilla menos en las cosas peque-
ñitas que en las grandes. ;Un grano de are-
na te parece que no debe causar admira-
ción? ¿Y quién te parece que ha podido
formar ese grano de arena, que reunido
con otros constituye masas enteras de rocas
qtie sostienen las montafias^sino aquel que
únicamente puede producir lo que no exis^
te? Los granos de arena esparcidos en las
costas del Occeano detienen la impetuosi-
dad de las olas , y estos mismos granos de
arena son los que en medio de los mares
detienen el curso de una nave á la que los
vientos impelen á su destino.
Isabel. Diga V. mamá , y esta hojlta
que ha caido ahora de este árbol, tiene
también tanto que considerar?
La Madre. Mucho hija mia, ya se con*
(H6)
Sidcre ql artificio que presenta su estroctn-?
ra, yá los infinitos usos que ofrece. ¿Qué
sería de las frutas si las hojas no las dt fen-
diesen de los rayos del sol ardiente? Des-
pojad de sus hojas á la parra de casa, y á
buen seguro que no os dará uvas para co-
mer. Si estos árboles bajo los cuales nos pa-
seamos estuviesen primados de hojas^ ¿dónáe
harían sus nidos los pajaritos? ¿Cómo
nos defenderíamos délos rayos del sol cuan-
do venitnos á pasear á este lugar que os es
tan agraoable? ¿Qué triste aspecto presen-
tarían los campos si todos los árboles esta»
vieser> despojados de sus hojas?
Eugenia. Según eso no hay nada en el
n>undo por pequeñitoque sea c|ue no pue-
da dar grandes ideas del poder nel Criador.
La Madre. Si, mas es preciso reflexio-
nar sobre ellas. Las cosas que parecen muy
pequeñas á primera 'vista, son niuy gran-
des después de haber reflexionado un poco.
Una gota de agua es la cosa mas insignifi-
cante á primera vista, pero de la unión in-
finita de estas gotas de agua se forma la mar,
la que sostiene los navios, y en cuyo seno
viven animales mayores que los que existen
sobre la tierra. Su reunión sirve de vehí-
culo á todas las riquezas del globo , y sin
(Hf)
ellas las naciones se verían privarlas riel co-
mercio que las hace subsistir, establecíenrlo
relaciones entre sí. ¡Una gota de aguaí Se
eleva de la tierra en vapores, forma las nu-
bes, de las que cae en lluvia sobre las mon-
tañas, y concurre á formar los rios que fer-
tilizan las campiñas que recorren. Por la
reiiexion de los rayos solares en las gotas
de agua que caen de las nubes se forma el
arco iris. ¡Ah! si el rico avariento hubiera
podido obtener una gota de agua en medio
de sus tormentos se hubiera creido feliz y
hubiera podido esperar el cielo.
Isabel. Según vamos viendo, no hay
cosa en el mundo por pequeña y despre-
ciable que sea, que no tenga muchas que
considerar, mirándola con atención.
La Madre, Los que observan la natu-
raleza, y se acostumbran á no mirar nada,
con indiferencia sino fijando la atención
nunca pueden estar ociosos El hombre y su
valor magnánimo, la muger y su dulce ti-
midez, las aves que vuel mi en los aires, los
animales que juegan en las pradfM^as , los
peces que pueblan las agua?, las flores que
adornan un jardín, las mariposas que le re-
corren, las plantas que crecen para recreo
y utilidad, y aun los insectos que las roen
N8)
renuevan á cada instante deliciosos place-
res, y elevan á la contemplación de aquel
8er Divino, cuya sabiduría y bondad se ma-
nifiestan <3el modo mas admirable en todo
lo que ha hecho. De la admiración de las
obras se pasa al reconocimiento de su autor,
y del reeonocimiento se pasa á el amor.
(H9)
€1 2lcuel>tteta Be$omano.
Los romanos que después de infinitos
esfuerzos lograron someter la Península es*
pañola, y hacerla provincia de su Imperio;
aquellos conquistadores que no destruían
los pueblos que les estaban sometidos, sino
que los enriquecian con suntuosas obras de
utilidad y ornato, dejaron en nuestro suelo
muchos edificios de esta naturaleza, entre
los cuales ocupa el primer lugar el célebre
acueducto de Segobia. Decimos los roma-
nos, porque aunque la época en que se
construyó el acueducto es para algunos muy
incierta , y algunos la anticipan hasta el
tiempo de los griegos , parece lo mas pro-
bable que fué bajo la dominación Romana
y época de los Emperadores cuando se cons-
truyó el acueducto. Esta obra famosa que
ha resistido á las inclemencias del tiempa
y estragos de las guerras en todo el trans-
curso de los siglos consta de dos órdenes
de arcos dispuestos sobre robustos pilares
de considerable elevación en el hondo del
valle por donde pasa el acueducto, que su-
perando este obstáculo que la naturaleza
(25o}
ponía al curso de las agua?, surte abundan-
temente de ellas la ciuílad desde su funda-
ción. Lasaguas que son cristalinas y saluda-
bles tienen su origen en la sierra déla i^6¿e/2-
fria á la distancia de tres leguas, y vienen por
una cacera hasta la entrada del arrabal de
Segovia donde van por una canal sobre pa-
red de mamposteria hasta llegar á la casi-
lla donde el agua se purifica de todas las
materias estrañas que arrastra consigo, y de
allí se sigue á otra donde empieza la serie
de arcos^ habiendo seis de estos hasta el pri-
mer ángulo que forma el acueducto, veinte
y cinco pies de elevación y doscientos diez
y seis de longitud. De aquí al segundo án-
gulo hay veinte y cinco arcos, veinte y ocho
pies de elevación , y quinientos cincuenta
y tres de longitudi Sigue el acueducto por
cuarenta v cuatro áreos Ifasta llegar al ter-
cer ángulo, recorriendo un espacio de no-
vecientos setenta y tres pies por cuarenta y
cuatro de elevación. En este tercer ángulo
que es donde el acueducto da vuelta hacia
el norte, es drnde se admira mas la perfec-
ción de la obra, no solo por la maestría
con cpie ti ángulo e>tá ejecutado, sino tam-
bién porque d:'sde allí se descubren los dos
órdenes de arcos que siguen hnsta la mura-"
Ha por una esteiVion de novecientos ochen-
ta y seis pies de iongitnd. Los arcos van
siendo mas elevados conforme se va bajan-
do del cerro hasta el Azdguejo^ en cuya
plaza que es donde está mas alto el acue-
d^ucto, tiene ciento y dos pies de elevación;
En el primer orden hay cuarenta y tres ar- *
cDSj y cuarenta y cuatro en eí segundo. To-
davía dentro de la ninrállá se conservan
restos de arcos que dan á conocer que el
acueducto seguia hasta una distancia de
ciento noventa y tres pies.
' Sobre los tres pilares mas altos de toda
la obra se bailaba antiguamente colocada^
la inscripción que indicaría regularmente
el objeto de la obra y el nbníbíe del que la ;
dirigió 5 en el dia solo se ven los agujerltos
donde estuvieron fijadas las letras, situados
en un sotabanco de sesenta pies de largo
por seis de alto* También se infiere que es-
tarían sepultados lo^ arquitectos de la obra
en dos nichos cuadrilongos que hay en es-
te sotabanco, pero que no se pueden ver
desde abajo lo mismo que otros dos nichos
pequeños que hay, cuyo uso se ignora. En
el pilar del segundo orden que cae entre
los dos sepulcros hay un nidio por cada
lado, en los que se cree estuvieron coloca-
das estatuas de Hércules. La canal por don-
de va el agua está al descubierto y única-
mente empotrada en una pared de mam-
postería que guarda el declive correspon-
diente en todo el acueducto para que las
aguas tengan Ubre curso. La piedra con que
está construida esta obra es el granito co-
mún cárdeno que tanto abunda en aquellas
cercanías , y que con el transcurso de los
tiempos se ha puesto aun mas cárdeno y
obscuro como testimonio visible de su an-
tigüedad. Todas las piedras están labradas
á pico, las hay hasta seis pies de longitud
con su correspondiente grueso y altura y
todas conservan algún frente en la obra de
modo que pueden contarse todas las que
hay. Una de las cosas mas admirables que
hay en esta obra es que todas sus piedras
están unidas y ajustadas unas con otras sin
mezcla de argamasa ni trabazón alguna. Aun
hay mas; la mayor parte de las piedras
tienen una salida bastante considerable de
la línea de los pilares sin que por esto pa-
dezca la fábrica, ni se ofenda la vista por
la desigualdad. Antes al contrario nada per-
judica á la elegancia y grandeza de la obra
asi como el diferente grueso de los pilares,
y los huecos de ios arcos que todo varía
(a53)
según las diferentes elevaciones pero con
tanto artificio y disimulo que se engañan
los ojos mas perspicaces.
El acueducto á pesar de su solidez y de
la grandiosidad de sus formas ha sufrido
los deterioros que son consiguientes á las
invasiones de naciones estrangeras, las guer-
ras y la intemperie de las estaciones. Pres-
cindiendo de la falta de las estatuas que
habia en los nichos del pilar mas alto y
de las inscripciones de la cartela tampoco
se ha consérvalo la sencilla cornisa
que habia sobre el primer cuerpo de ar-
quitectura; únicamente se conoce que la
habia por los restos que han quedado bajo
la cartela y los pilares que sostienen los
arcos del segundo orden. El acueducto que
se conservó ileso á pesar del espíritu des-
tructor de los bárbaros del Norte sufrió el
daño mas considerable en la invasión de
los moros mandados por Alimaimon rey de
Toledo en 1071 , en cuya época cayeron
abajo treinta y seis arcos del acueducto en
la parte por donde solo tiene un orden de
arcos y en el trecho que corre desde la
Concepción á S. Francisco. Todavía se con-
servan muchas piedras de las derribadas
puestas por cimientos de las murallas cuan-
(.54)
do se edificaron después, en tiempo de don
Alonso el VI. conquistador y poblador de
Scgovia.
Asi permaneció el acueducto inutiliza-'
do sin que la ciudad disfrutase de! beneficio
de las aguas y padeciendo la obra cada dia
mas, hasta el tiempo de la reina doña Isa-
bel la Católica que se restableció con la so-
lidez que se vé hoy dia. Esta ilustre reina
que tenia motivo para estar agradecida á Se-
govia fue la que enterada del deterioro del
puente por representación del ayuntamien-
to de la cmdad, dio traza para su re-
paración por medio de un repartimien-
to en la ciudad y su territorio comarcano
hasta que el reparo fuese concluido; en-
Cíirgaodo el cuidado de la obra y la distribu-
ción de los caudales al P. Fr. Pedro Mesa
prior entonces del Parral, La parte artística
se egecutó bajo la dirección de Fr. Juan de
Escovedo, religioso también del Parral y
muy iustruido en la arquitectura como lo
prueba el haber egecutado aquella obra
con no menos valentía que la parte anti-
gua del acueducto que le sirvió de mode-
lo, en un tiempo en que tan atrasados esta-
ban los conocimientos artísticos y que si se
ediQ^caba alguna cosa era por el gusto gótico.
(a55)
También manifestaron mucho celo por
la conservación del acueducto los reyes don
Juan II. Enrique IV, y don Fernando el Ca-
tólico y su hija doña Juana, dando al inten-
to órdenes oportunas. Últimamente en
tiempo de Carlos IV. se mandaron derri-
var una porción de casas que había arri-
madas y bajo los mismos pilares de la par-
te mas alta y vistosa del acueducto, cuya
sorprendente vista impedían y contribuían
visiblemente á su ruina.
De este modo por el cuidado de los
interesados en la conservación de esta obra
admirable ha llegado hasta nuestros días
sirviendo del mismo modo que cuando se
edificó, al paso que han perecido los' acue-
ductos de Roma, Tarragona, Mérida y
otros muchos monumentos de la grandeza
romana en nuestro país. Solo el famoso
puente de Segovia sigue proporcionándola
abundantes y sakidables aguas y con su ro-
busta y asombrosa mole, llenando de asom-
bro á cuantos le miran.
(256)
FÁBULA.
El Jilguero y la Rana.
Cerca de un estanque.
Sobre un arrayan
un dulce jilguero
comenzó á cantar:
óyele una rana
sobervia y rapaz
y dijole, calle,
que lo hace muy mal
escúcheme un rato
el necio y verá
lo que es armonía
gusto y gravedad.
Paróse el jilguero
y el vicho fatal
dio cuatro graznidos
fuera de compás.
Este cuentecito
no sin propiedad
á algunos censores
se puede aplicar.
3«lia y d peno^
ó una buena acción no queda sin recom^^
pensa,
Zacarías estaba jugando al escondite
con otros niños como él, en una calle de
Londres y al pasar corriendo por delante
<3e una puerta , un perro que había echado
«a ella se levantó y principió á ladrarle^
En lugar de pasar íranqullamente^el atur*
dido le amenazó v en seguida echó á cor-
rer gritando fuertemente y llamando Á sus
compañeros. El animal íe siguió gruíiendo
hasta <|ue Ui^^ó la caterva y arañaron orí
alboroto en el que el perro no tenia 1^
parte menos activa. Espantado con el rui-
do <jneria retirarse, mas se lo estorbaron
y cayó en mano§ d^ ja^uella^ fpií^nag
piezas.
Despnes de haber tratado .a! ínfelís^
snimal del modo mas bárbaro, le ataron
«na cnerda al pescuezo y tirando de éi se
encaminó toda la turba hacia el TáfBesis^
llevando á Zacarías á su cabeza.
Si mis íectorcitoi? nunca han sido tGS^
tigos de semejante íiventura , ó lo que es
ííiejor y yo supongo nunca bao asistido á
(258)
ella 5 86 estrañarán; cjne les participe ac-
ción semejante; mas es útil presentar es-
tos sucesos con todo lo qne les hace horro-
rosos. Qne noble espedicion fne la de aqne-
líos niños; que valor han manifestado;
qne pficio tan honroso han elegido aho- >
gando á un perrillo porque habia ladrado
á un chiquillo miedoso; que hombres tan
generosos habrán sido después..;! A la ver-
dad la mayor parte de ellos no habian re-
cibido alguna educación; pero que escu-
sa tendría Zacarías á quien habian ense-
ñado la justicia y la misericordia ?
Los crueles niños prosiguiendo su em-
presa ya habian arrastrado al perro hasta
cerca del rio, cuando Julia pasó en el co-
che de su padre Mn Halvin. Julia érala
señorita mas amable del mundo; nunca
liabia hecho mal á persona viviente ni
podia consentir que se le hiciesen. Hizo
' parar el coche por saber lo que causaba
la tropejia de los niños y oyó parte de lo
que hablaban porque los muchachos acos-
tumbran á hablar muy alto; (cosa que
auMqne muy mal hecha fue útil en aquel
. momentoj y al ver al pobre perro que iba
á perecer rpandó al lacayo que fuese con
una moneda á ofrecerla por su libertad.
(259)
Prefirió hacer uso de su dinero por librar
al pobre perro que emplearle en satisfa-
cer sus juveniles apetitosa cuyo fin estaba
destinado.
« Que quiere V. hacer con el perro?
dijo el lacayo si esta todo lleno de ba.^ura
y es 6u nía mente feo.>> Verdad es que el
perro no es bonito, replicó Julia , mas es
desgraciado, y si yo le abandono nadie Ceu*
drá compasión de él.>>
Los honibres crueles tienen bajos sen-
timientosj y los mas viles motivos suelen
dirigir sus acciones, asi la moneda fue acep-
tada al instante y entregado el perro en el
acto. Toda la caterva' tenia tan malas ideas
que llegaron á mirar aquel dinero como
una recompensa honorífica y Zacarías para
dar á entender la consideración que tenia
entre sus compañeros, fue en persona á He-^
var el perro á la portezuela del coche, Julia
que le conocía se quedó sorprendida y le
manifestó el pesar que le causaba verle alü
preguntándole al mismo tiempo que daño
habla hecho el pobre perro. Zacarías siu
manifestar vergüenza ni remordimiento de
su conducta, lo que acababa de manifestar
la corrupción de su ccrazon , la contó to
cuanto habia pasado.
(a6o)
Entonces ella le hizo observar que es
propio de los perros ladrar á los que no
conocen, que por esta acción no causaban
mal á nadie y que el ladrido de los perros
habia sido á veces muy úiiL Que cotrio era
posible que quisiese matar al animal mas
amigo del hombre y símbolo de la fidelidad.
Zacarías sin hacer caso de estas pi labras
corrió á repartir con sus cómplices el pre-
cio de su infamia* ^
Julia hizo lavar su perro y desde aquel
momento yt no le pareció tan feo , á los
pocos dias ya le pareció bonito; porque la
hermosura de un objeto cualquiera depen-
de las mas veces ^ del modo con que está
afectada la persona que le mira y se con •
cluye por tener como bonito lo que real-
mente es feo, sobre todo si median vinculos
de agradecimiento.
Ya hacia tres años que tenia su perro
cuando una noche á poco de haberse acos-
tado, sintió que urgaban en la cama y que
la asian de la mano. Despertó sobresaltada
y á la luz de la lamparilla vio al perro que
sallaba al suelo y mirando debajo de la ca-
ma ladraba con ahinco. Tuvo mucho mie-
do pero no tanto que dejase de llamar á
los criados. Estos que felizmente no se ha-
bían retirado acudieron prontamente y ha-
llaron nn hombre bajo de la cama con un
puñal oculto. Le j^igarraron y Mr. Halwin
le mandó entregar á la justicia á pesar de
las instanc ias que hacia Julia porque le sol-
taran. Declaró que tenia intención de ase-
sinar á Julia para poder robar las alhajas
que esperaba encontrar en su habitación.
Asi el pobre perro salvó la vida de aquella
que le habia conservado la suya. Su ejem-
plo ofrece un estímulo para hacer bien,
probando que una buena acción no queda
sin recompensa cuando se obra por puros
motivos de generosidad.
^fT'^^r^^'TríiiiP^^^ — '""1" fif^^
(íl62)
Continuación déla lección anterior.
El padre. Suponiendo hijos nilos que
liabreis estudiado perfectamente vuestra lec-
ción de Geografía, voy haceros algunas pre-
guntas acerca de la Prusia, que. es la que
áctualniénte nos ocupa. De ningún modo
mejor me podréis manifestar que habéis es-
tudiado, que repitiendo vuestra lección en
el mapa emblemático ó mudo ? no es asi
Alejandro?
Alejandro. Si señor*, porque como no
tiene escritos los nombres de las provincias
y ciudades, si uno no los ha estudiado de
antema- no naal los podra luego decir.
El Padre. Pues por eso os presento yo
el mapa emblemático que tenemos á la vis-
ta (i) si en él vierais escrito el nombre del
pueblo, poca gracia tendria que le dije-
seis; el asunto está en acertarle cuando
(i) Véase el mapa que acompaña á este cuadeíno
í--?>>*í-rVí
■% ^■c-?^^^ít-ír^Íe^3í«teM^S^®^^,'^^^^j^tf-¿
(263)
yo señale con el puntero el punto que
quiera» Vamos á ver Eugenio, ¿que ciu-
dad es esta que yo señalo ahora?
Eujetno Esa es Mügdeburgo.
El Padrea, Y que no sabes mas que eso?
Por que con el nombre solo no quedamos
completamente enterados.
Eajenio. Es la capital del ducado de Sa-?
jonia está defendida por fortificaciones y |ie-
ne un soberbio arsenal. No lejos de ella está
Erfurt célebre por el congreso que reunió
dentro de sus muros en 1808 á los tres em-
peradores de Austria, Francia y Rusia.
El Padre Isabel, sabrás tu sola buscar
en el mapa á Beriin ?
IsabeL Si señor..,, traiga V. el puntero
y vera como le señalo.,., niirele V. aqui; es-
ta es la capital.
El Pa<ire. En efecto 5 las capitales las po-
déis reconocer porque en todos los mapas
van indicadas por un circulito mayor que
tiene un punto en el centro. Asimismo te-
neis indicadas por lineas de puntos las di-
visiones del territorio y los límites de las
provincias. Por consiguiente, á cualquiera
de vosotros que yo dé el puntero, puede
ir con él siguiendo las lineas divisorias de
terrenos y ei curso de ios ríos. A ver Enri-
que, eórno ^fíalas á tus hermanos la dírec*'
cien de los rios de Prusia
Enrique. Este es el Vistula; pero todo
este lado pertenece á la Polonia. Este el Rin
V e^te off o también mui caudaloso^ es el
Oder.
£l Padre. Qne pobíaclon és esta que
está jtjiito á este último Rio. ?
Enrique. Es Sttelin que sirve de eseala
al comercio entre fa Prusia y la Polonia.
El Padre. Eugenia á ver si rae señalas
donde esta Dan tziq?
Eugenia- Me parece que es aquí.
El Padre No puede ser ^ porque Dantzíq
es puerto de mar y tu me señalas una ciu-
dad que está muí tierra adentro.
Eugenia. k\\\ no papa. Dantziqes aquel
de alli arriba. Es pueítb de mar en el Bal-
tico, que es ese mar que se ve ahi y es el
centro de todo el comercio del Norte.
EL Padre. Alejandro? qué ciudades
esta?
Mejandro.VoBen.
El Padre. Y aquella otra?
Alejandro. Breslau, que es la segunda
ciudad del Reino, contiene muchos estable
cimientos públicos , en tre ellos catorce biblio
tecas y una universidad.
(265)
El Padre. Eugenio, adonde está Koc-
nlsberg?
Eugenio. AqnU esta plaza fuerte eD el
Frische-Hall á la embocadura del Pregel.
El Padre, Si y alli mas al norte está
Tilsit. ¿Te acuerdas de lo que ocurrió aqui
de notable.?
Eugenio. En Tilsit se celebró la entre-
vista de los dos emperadores Napoleón y
Alejandro, y se concluyó en 9 de Junio de
1807 el celebre tratado de paz, fruto de las
dos victorias de Eyiau y Friedland, que son
dos poblaciones también inmediatas»
El PadreiY que islas son aquellas á la
embocadura del Oder?
Eugenio. Son dos islas pequeñas, la de
Wolhn yTsedom; pero la isla mas conside-
rabie, pues tiene treinta mil habitantes,
es la de Rugen en el mar Báltico.
El Padre B^stsí ya: pues lo qne tenía-
mos que hablar de Prusia ya estaba dicho
en la lección pasada pero el ejercicio de hoy
mas bien ha sido para manifestaros el uso
de los mapas emblemáticos que son mny
á proposito para haceros estudiar. Todas es-
tas comarcas que hoy componen la Prusia
antes estaban separadas y diferentes, solo
desde hace un §íg;lo se han reunido. Los
(a66)
monarcas antes duques, solo han tomado el
título de reyes desde el año de r 702 En fin
en la lección inmediata hablaremos de la
Polonia; estudiadla de modo que si yo lo
tuviere á bien podáis darla sin equivoca-
ción en el mapa emblemático.
(.67)
CAPITULO II.
Be los ciegos que se kan distinguido en
Im artes.
El numero ele los ciegos que se lian
illstinguido en las artes, es casi tan consi-
derable, como el d« los que han sobresa-
lido en el estudio de las cieucias y no es
menos sorprendente ver á estos desgracia-
dos, privados de un sentido tan necesario a
las artes, sobresalir perfectamente en di-
versas profesiones mecánicas, y rivalizar
hasta cierto punto cou los hombres de vis-
ta en prontitud y habilidad. Si esceptuamos
la pintura y la aplicación de los colores,
hay pocas cosas qne ellos no puedan ege-f
cutar, ya aislados ya reunidos, sobre todo
cuando son dirigidos por hombres de vista^
instruidos é inteligentes.
Seria pues de desear que se llegase á
borrar la repugnancia que tenemos en ser-
virnos de los ciegos, y que se los emplease
en los diversos trabajos en que pueden so'-
bresalir. Esto seria á la vez de mucha uti-
lidad , y un medio de perfección para ellos
que refluiría en ventaja de los mismos qua
(268)
los ocuparan. Ahora daremos á conocer
sucintamente, como lo hemos hecho en
el capítulo precedente, los ciegos que se
han distinguido mas en las artes 4 y com-
pletaremos de este modo la Biografía de los
ciegos celebres.
Lorenzo Stengel, cuenta que en i6c±
un joven evanista de Yngolstad, pulimen-
tand© un tijbo de bronce tuvo la impre-
caución de acercarle á un parage donde te-
nia pólvora la que inflamándose le oca-
sionó en su esplosion la pérdida de la vista.
De resultas de este incidente fue llevado
al hospital de los viejos é incurables y co-
locándose en un parage separado á fin de
poder trabajar á su libertad rodeó su cama
de radios, y la adornó con pinturas ege-
Gutadas con mucha destreza. Después biza
sin otro instrumento que un cuchillo or-
dinario, dos molinos para pimienta coa
sus ruedas, eges, dientes, y en fin todo lo
necesario para moler*
Uno de estos molinos era tan exacto
y tan regular en todas sus partes que s&
le juzgo digno de ser colocado en la gale-
ría de los objetos raros y curiosos de Mu-
nich, donde se enseña aun en el dia.
D¡gb¡5 refiere cosas muy estraordina-
(.69)
rías de un preceptor que tuvo su liljo qne
era tan completamente ciego que no sin- *
tiendo ni aun el resplandor del sol sobre-
pujaba en habilidad á los mayores juga-
dores de agedrez, y conocía casi todos los
demás juegos; tiraba los tantos á larga dis-
tancia, sm salirse jamas de! punto que
se le fijaba. Andaba solo, no solamente por
su casa ^ sino por las calles y paseos: se
sentaba á !a mesa y comia con tal libertad,
que era imposible notar que fuese ciego,
Cuanda ola hablar á alguno por la primera
vez, juzgaba sin e(|uivocarse por el tono
de voz, déla estatura y forma de su cuer-
po; y cuando sus diseí [julos recitaban en
su presencia, notaba al instante la situa-
ción que tenían, y distinguia con facili^
dad los días nublados de ios serenos.
Ya hemos otiservado hablando de Saun-
derson que los ciegos, (aun aquellos que
no tienen so organoj distinguen la claridad
de las tinieblas, un dia claro de estío, de
otro nublado de invierno. Los que conser-
van el órgano, pero que no ven nada, los
nmauroíicos, por ejem|^lo^ llaman á esto
un panto de vista y se creen muy felices
con esta prerrogativa muy envidiada de sus
compañeros de desgracia, aunque no sa-
qiif n de ella ninguna utilidad. ¿A que pues
atribuiremos el fenómeno estraordinaria
que observamos diariamente en estos des-
graciados '' Difícil es á la verdad decirlo;:
porque estamos lejos de pensar que los cie-
gos vean por la piel como ha dicho un fi-
lósofo de nuestros dias^ que no seria sega-
ra m e lite fisi ólogo.
Un carnicero de Bolonia, cuya histo-
ria ha conservado Aldroyrando valuaba
por el tacto, el peso de la res qiie debia
matar, conocía los pesos y monedas: mon-
taba perfectamente á caballo, iba á los mer--
cados y cumpüa, sin que jamas le hubiese
sucedido ningún accidente. Todos los de-
beres de su profesión los desempeñaba con
el mayor tino y destreza. Mr. de Piles, ha-^
bla de un ciego que vio en Italia que
era natural de Cambassy en Toscana, de
edad de 5 años, dotado de un gran talento
é inteligencia, escelente dibujar) te, al que
dice encontró en el palacio Justiniano mo-
delando en cera una estatua de Minerva.
Este ciego tomaba con tal precisión por
golo el tacto la forma y las proporcionea
de los originales que á todos sorprendia.
Gambassius de Volterre, ptrdió la vis^
ta á la edad de 20 arlos y vivió diez mas
(271)
en este estado, ignoraba hasta los elementos
de la escultura , le ocurrió de repente hacer
una estatua y habiendo enseguida tocadóen
tcdo sentido la que representaba á Cosme
de Mediéis, hizo otra de arcilla tan seme-
jante á aquella que asonibió á cuantos la
vieron. Su talento de estatuario se desarro-
lló de tal modo que el príncipe Fernando
Gran Duque de Toscana, le envió á Roma
para modelar la estatua del Papa Urba-
no VIII que sacó también muy semejante.
En fin hizo otras muchas con igual suceso.
El duque de Braciano, testigo de sus
trabajos, dudaba en medio de todo esto que
fuese totalmente ciego, y para asegurarse
de ello, le mandó hacer un retrato en una
cueba obscura 5 el que ño obstante esto,
salió petectamente semejante. Como le ob-
jetasen que la barba del duque le facilita-
ba una señal para conocerle ofreció para
probar lo contrario , hacer el retrato de
una de sus hijas que sacó igualmente muy
parecido. He visto dice Mr de Piles con-
cluir á este ilustre ciego, los retrato^ del
difunto rey de Inglaterra , Carlos I y el de
Mr, Heselin ambos perfectamente egecu-
tados.
Tuvo alguna dificultad en pintar los
cabellos , como son movibles pues todo el
arte de este ciego cons istia en el dibujo.
Kn nuestros dias hemos \isto á Mr.
Biiret, uno de los escuítores rnas hábiles
de la Academia, que se quedó ciego á la
edad de aS años, de resultas de las virne-
las, no dejar por esto de trabi)|ar como lo
hacia el ciego de Gambassy.
Un organista holandés, ciego desde
muy joven no dejó por eso de ser muy
hábil en sn profesión , y adquirió aflemas
el hábito de distingiiir por el tacto las di-
ferentes especies de moneda y aun los co-
lores (ij en términos de reconocer por la
finura de sus dedos el color de los naipes^
I Mas adelante diré d^l modo que se vaíen lost
Ciegos para conocer algunos colores, que segura-
H^gníe no es por eí tacto.. Boy le ha dicho sin razón
qiie ua hombre de Maestricht (fundado sin duda em
un <estiieonio poco atítemico) distinguía los colores
con el aivofílio del tacío. Tampoco merece mas^ fe
lo qqe s.^ ha referido últimamente en los diarios
Iijgleses 9 de una muger de Liverpool, llamada Mar^
garita Mee voy , que siendo otegn veía perfectamen-
te con la esíremtdad de sus dedos, no siendo segu-
ran>ente5 dice eí redactor á^l articulo^ por el Jacto
excitado p^or la aspereza de las superficies^ sino
por una visión real qxi^ se estiende á ios objetos dis-
tantes que esta no podia tocar, y que hacia distin-
guiese los colores &c. Los partidarios de la unidad
se han apoderado codiciosamente de todas las abe-
haciéndose por esto un jugador temible
pues al dar las cartas conocía las que daba
á los contrarios y con las que se quedaba
él (2).
Martin Chatelain, nació ciego en War-
wick 4 principios del siglo 177 hacía al
rraciones y negaciones que han podido encontrar
para sostener con todas las apariencias de verdad
sus falsos sistemas. De este modo es como hace algu-
nos años que el Dr, Petelin de León, habia reunido
un gran numero de mugeres (pues que siempre son
las que se prestan á ser objeto de estravagantes obser-
vaciones) que él ihnnaba gritadoras ó vocingleras ,
de las cuales las unas gustaban por la boca del esto -
mago y los estimaban ios olores por ios codos, 6¿c.
Cuanto mas se separa un hecho del circulo de los
ordinarios tanto mas derecho tenemos para exigir
pruebas que lo coanrmen y mas en una época en
laque las ciencias físicas y fisiológicas han hecho tales
progresos que todos los íeaoraenos vitales pueden
explicarse fácilmente. Los ciegos no conocen nin-
gún color sino únicamente el efecto que la materia
colorante produce sobre los cuerpos. Jamas podre-
mos estender sus conocimientos mas alia de las ideas
de similitud y analogía, cpando se trata de lo que
pertenece á la visión y á ios colores; pues apellas
podemos por medio del discurso, inspirarles el deseo
de un bien del que no se forruan idea alguna pues
desearían mucho mejor tener un brazo m^s ó "mas
dedos que no ios ojos.
a Lecat, tratado de los sentidos pag. ii
i8
(274)
p
torno los instrumentos mas perfectos, ta-
les como la viola, flauta &c. Preguntán-
dole un dia, que era lo que mas deseaba
ver: dijo los colores , por que casi todo lo
demás conozco por el tacto, A lo que se le
contestó no querrías ver mejor el cielo?
No, respondió él, apreció mas el tacto.''^
Francisco Porter. Era tal su gusto á la
pintura y la mecánica, que ya rayaba en
una pasión. Presentó á la sociedad real de
Londres el modelo de una máquina hi-
dráulica, por la que tuvo el honor de ser
admitido en el número de los miembros
de esta sabia sociedad. En Inglaterra y en
Holanda , se ha impreso repetidas veces su
espücacion del número 666 de la bestia
del apocalipse, cap. i3. Murió ciego en
Kihuauton en Inglaterra en 1678.
(Se continuará)
* Esta respuesta que es casi semejante á la del
ciego de Puyseaux, aunque hecha mas de cien años
antes, y en países muy lejanos, prueba que ios cie-
gos son muy indiferentes á las cosas de que ellos no
pueden formarse ninguna idea , y asi debe ser, pues
que no pueden tener del sentido de la vista sino vagas
nociones y simples analogías, Chéselden hizá esta
observación que ya hablan hecho otros muchos céle-
dres prácticos, y en nuestros días los señores Riche-
ran, Venceij Demours y Guillie muchas veces en el
Instituto.
iltoíaicct^
La ¡ntruclucion del órgano en Europa
data desde yS?. Constantmo Coproninio
envió de regalo á Piphio rey de Francia
el primero que se vló en Europa. Entonces
el sonido le producia la acción del wpor.
Ha muerto en Marnea dopartarnenlo
de Ain, un anciano de 1 02 años v nueve
meses cpie conservaba en el mejor estado
6u salud y facultades morales. Los viejos
que le rodeaban le parecían jóvenes de una
nueva generación.
Resumen de economia política.
1 El trabajo es una propiedad
2 El proletario vive de los productos de
sn iniiustrla, com.o el propietario vive de
las cosí chas de su camino,
3 El uno sin el otro es como el alma
sin cuer[)o.
4 El ])roletario y el propietario son los
dos sexos del nuíudo social.
5 Separados no proilucen nada.
I
6 Su unión produce su valor.
^ Privar al uno del jornal ó del salarlo
que espera es como privar al otro de su
trigo.
8 No hay pobre ni rico. Hay dos con-
diciones pasageras de la vida.
9 Una contrariedad hace un pobre y
una mirada hace un rico, una boda ó un
entierro cambian todas las condiciones,
1 o La igualdad nace del valoi\
No hay cosa que se dé con tanta libera-
lidad coaio los consejos.
Publicó Rutlllo se obstinaba en negar una
cosa á pesar de las instancias de un amigo
Indignado este le dijo ^\!e que me sirve tu
amistad si no haces lo que te pido» De
que me sirve la tuya , replicó Rntilio , si
me obliga á hacer lo que no debo.
Tan fácil es eno^añarse á si mismo sin
hecharlo de ver, como difícil engañará
los demás sin que ellos lo noten.
(277)
Preguntándole al filogofo Anríslenes
porqué era tan severo con sus discípulos,
respondió : también los médicos lo son cou
los enfermos» dantlo á entender que él re-
prendia los vicios y no á los hombres.
El deseo de merecer las alabanzas que
nos dan fortifica nuestra virind; y las que
se rinden al talento, al valor y á la hermosu-
ra contribuyen á aumentarlos.
Viendo una mujer Espartana volver so-
lo á su hijo de la guerra le pregnnró^ En
que estado estaban los negocios de la patria*^
y como el respondiese que todos los coni--
pañeros eran muertos la muger le tiró una
teja á la cabeza (de tal modo qne murió de
la herida ) diciendole *^ te han dejado á ti
solo para nuncio de tan malas nuevas?
Hay ciertos procederes que nos pare-
cen ridiculos y si supiéramos las causas
de ellos nos parecerían sabios y sólidos.
(278)
ANUNCIO.
^-^urso de Econojnia industrial por Mr. Carlas
Luis Bergey , discípulo que fue en la escuela Poli-
técnica de París, catedrático de Economía aplicada,
á las artes y manufacturas establecida en la acade-
mia real de Meíz» Tomo í, que comprende \<i Eco^
noinia de los Jornaleros: libro de oro que, después
de la doctrina cristiana, aprovechará ala juventud
mas que cuantas leyendas morales y curiosas puedan
ponerí;e en sus manos; porque le enseñará lo que.
vale ia economía del tiempo, y el modo de ganar
y abortar para disfrutar comodidades y pasar la
vida gtisiosa, honrada y estim.ada.
£1 tomo lí comprende el Manual para los fa^
hricant^s de todas clases, á los cuales suministra
nociones^ datos, cálculos indispensables para el ade-
lanto de s^^s manufacturas y para el acierto en sus
empresas y especulaciones. Para mayor utilidad de
los esp,3í"^oies, ademas de la legislación vigente en
Francia sobre concesión de privilegios esclusivos de
mejora, introdusu
obligación. Si somos vencidos tendremos
que volver á pasar los^^/pe^^Ftigítivós y sin
fionor : si al contraria salimos vencedores^
¿de qué nos servirá eáta iineva victOFÍa?
Nos opondrán otroí ejército semejante al de
AI^ncí\ como Al vi nci ha^sueedido á FFurm-
aser\ y como Wúvm^véí Beaidieu^ y ea
«^yta Incha taa desigual concluiremos por
perecen,.
Napoleón respondía á estas quejas con
palabras enérglcas^, que reperidaá por los
corazones valerosos los^ reanimaban pasan-*
do á sentimientos opuestos^rasi^ es que tan
pronto el ejercita trataba de retirarse como
queria avanzar^ dicienda que los soldados
de Italia^ no habián de* sufrir pacien temen-
lelos insultos y provdeaeiones de aquellos
esclavos;-
Cuanda se supo enBreseia^ Bergamo^
Milán,, Cremona , Lodi yPcwia y Bolonia^
que el ejercita había padecida un descala-
bro, los heridos^ y los enfermos á medio
curar, 'safieron de los hospitales para com-
pletar las filas. Las heridas de muchos de
aquellos valientes todavía estaban sangrien-
tas^ y e«te patético espectáculo producia en
el alma las mas vivas emociones.
Entonces fue cuando el genio de Na-
poleón tuvo una inspiración sublime. A la
(a88)
derecha de Verona qae ocupaba el ejército
francés se hallan vastas lagunas cortadas
por calzadas estrechas. El rio Adige des-
pués i!e pasar por Yerona lo verifica por
ebtas lagunas, cuyas calzadas iban á terníii-
nar á retaguardia del ejército de Alvinci.
Trasladando el campo de batalla á aquellas
estrechas calzadas el general en gefe aus-
triaco jperdia la ventaja de su posición , y
alli el número no significaba nada , el va-
lor de la cabeza de las columnas decidía de
todo.
El 14 t3c noviembre al anochecer to-
mó las armas el campo de Verona : tres co-
lumnas caminaron con el mayor silencio,
pasaron el Adige y formaron en batalla en
la orilla derechp. Todo anunciaba una re-
tirada á los soldados , que no penetraban
el pensamiento de su general. Los antiguos
militares temblaban de cólera al tener que
retirarse de los austríacos , á quienes ha-
bian vencido tantas veces. Napoleón estaba
mudo.
Al salir el sol el ejército marchó por la
derecha y llegó á Ronco , á orillas del Adi-
¿[e, donde Andreossy acababa de establecer
un puente. Entonces el ejército reconoció
su posición 5 y adivinando la idea de su ge-
tieral todos los"^ corazones palpitaron de en-
tusiasmo á vista de un plan tan hermoso y
atrevido. Tres calzadas salen del puente de
Ronco ; la primera , ó la de la izquierda,
se dirije i Verona , pasa por las aldeas de
Brondi y de Porcil , y termina en la lla-
nura: la segunda, ó la del centro, condu-
ce á Villa-Nova y atraviesa el pueblo de
Areola , pasando el Alpon por un puente
de piedra; la tercera, ó la de la izquierda,
sigue rio abajo hasta Alvaredo.
Tres columnas avanzaron por estas cal-
zadas , dirijiéndose á Areola la del centro.
Los tiradores franceses fueron recibidos por
el fuego de dos batallones de croatos que
guarnecian la cabeza del puente , y tuvie*-
ron que replegarse. Augereau indignado de
este movimiento se adelantó con dos bata-
llones de granaderos , mas fue recibido con
tales descargas de fusilería que tuvo que
replegarse.
El general austríaco no comprendia se-
mejante ataque , ni como todo un ejército
se colocaba asi en lagunas impracticables.
Envió húsares á hacer reconocimientos;
mas fueron arrojados á fusilazos de toda la
linea. Entonces Alnnci creyó que eran tro-
pas ligeras que querían inquietarle, y di-
(290)
rljió lina cUvislóD al dique de Arcóla y otra
al dique derechov Estas^^ dos divisiones que
avanzaron demasiado fueron derrotadas co-*
, giéndoles un gran n ternero de prisioneros.
Mas el pueblo de JÍlreo/<T ana se soste-
nía, y el puente se defendía valientemente.
Vista la importancia de ganar aquella po-
sición Napoleón enarboló uea bandera^ y
despreciando las balas de fusil y de eañon
la fijó en medio del puente. La columna
que él mandaba ya estaba casi apoderada de
él, cuando la llegada de uii destacamento
enemigo hizo malograr el ataque. Los gra-
naderos que iban á la cabeza sin ser apo-
yados á retaguardia titubean , y viéndo-
se precisados á huir no quisieron abando-
nar á su general ^agarrándole como pudie-
ron de los brazos y de la ropa le llevaron
consigo por entre los muertos^ los mori-
bundos y la humareda. Aumentándose el
desorden fué precipitado en una de las la-
gunas y se hundió hasta medio cuerpo
cuando ya estaban encima los enemigos^
Los granaderos á vista del peligro en que
se hallaba el general esclamaron á una voz:
¡Soldados, adelante á salvar al general ! y
aquellos valientes volviendo al paso de car-
ga sobre el enemigo , consiguieron desalo-f
jarle fie todo el puente , quedando salvo Na-
poleón. Esre día fué el del entusiasmo militar.
Zan/iesque habla venldodesde jífi/c/n y
habla sido herido en Gobernólo estando aun
convaleciente ^ se interpuso entre el enemi-
go y Napoleón 5 le cubrió con su cuerpo
recibió tres heridas sin querer abandonarle.
Muiron , ayuda de campo de Napoleón,
cayó muerto poí defenderle con su cuerpo.
Este fué el mas bello momento de la
vida del emperador : se mostró tan heroico
como hábil general^ y desde entonces los
soldados le miraron como el mas valiente
entre todos los vaílentes. Esta atrevida ma^
nlobra hizo perder al general austríaco la
ventaja de su posición^ y muchas de sus di-^
visiones fueron deshechas en las calzadas de
la laguna, y el ejército enemigo reducido á
un número equivalente al francés fue der-
rotado en una gran batalla.
El ejército francés entró triunfante en
Verona por la puerta opuesta á aquella por
donde habla salido tan misteriosamente-
Todos los habitantes manifestaron la admi-
ración que les causaban tan altos hechos, y
los franceses orgullosos con su general cre-
yeron que bajo su mando la victoria no de-
sertaria de sus banderas*
EL NAPOLEONCITO.
Aun no hace muchos años , mis que-
ridos lectorcitos , que como vosotros tenia
yo la costumbre de ir á paseo al retiro u
otra parte conducido por mi madre ó mi
aya. Yo iba alli á pasar alegremente mis
dos lloras de recreo, volviendo después
con risueñas y alegres ideas que me hacian
el trabajo mas llevadero : con todo, un dia
volví triste y pensativo , yo creo que había
llorado.... y habia bien de que. Una señora
mayor, madre de uno de mis compañeros,
habiéndonos hecho sentar en corro cerca^
de sí, nos contó la historia siguiente, de la
que me acuerdo como si hubiera sido ayer.
León tenia dos hermanos , y aunque
el menor , les aventajaba totalmente en
fuerza, destreza, valor y talento; que los
otros dos le miraban como el primogénito:
ésta tan evidente y marcada superioridad,
que no escitaba la envidia de sus herma-
nos y compañeros, habia cegado entera-
mente la ternura de sus padres y parien-^
tes. En una reunión de familia le impusie-
ron unánimes el sobrenombre de Nápo^
leoncito^ que ya le habia puesto anterior-
Qjo/?y m^^ye<^ /a
6
mente la malignidad infantina de sus com-
pañeros de colegio. Desde entonces Nano-
leoncito principió á ejercer formalmente
una especie de imperio sobre los demás, y
bien pronto sus buenas cualidades se envi-
lecieron con un feo defecto: su amor pro-
pio le bacia un niño absoluto, porfiado,
terco en sus voluntades y caprichos , y la
adulación habla introducido en su cabeza
un átomo de aquella ambición que perdió
al hombre grande cuyo nombre llevaba.
Al llegar aqui la señora enjugó sus lá-
grimas y dio un profundo suspiro ; luego
continuó: León por su valor podia haber
sido un héroe, sus disposiciones prometían
un hombre grande; pero en él como á
otros muchos sucedió todo lo contrario.
Entretanto Napoleoncito iba perdien-
do cada dia aquella feliz aplicación que te-
nia á los doce años: el trabajo no era ya
para él una recreación instructiva, y afec-
taba una seriedad opuesta á la viveza de
sus ideas; hasta sus recreaciones le eran
molestas, por la importancia que daba á
sus mas mínimas acciones. La pelota y el
peón no eran recreo para él ; estos juegos
en los que en otro tiempo se divertia tanto,
ya no eran mas que ocasiones de hacer bri-
llar su fuerza v su destreza. León era siem^
pre un muchacho admirable; pero era me-
nester que se formasen grupos para admi-
rarle y corros para aplaudirle, y ú no ha-
cian corro al rededor de él se hacia intra-
table , y su linda frente se arrugaba como
efecto de tristes pensamientos.
Era porque sus dos hermanos le mira-
ban corno el mayor , y porque le ilamaban
el , Na [X)l concito.
Otras veces modesto y complaciente,
si uno de sus compañeros no habia hecho
ó no habia podido hacer lo que habia man*
dado el maestro , le ayuííaba con sus con-
sejos ó hallaba escusas á su pereza; masen
el diá él les dirijia las primeras reconven-
ciones , atrayendo asi las del maestro, y no
con la intención de corregirle, sino de aver-
gonzarle delante de todos, para que su sa-
ber y obediencia se hiciesen mas notables.
Porque queria brillar á costa de otros, co-
mo si tuviese necesidad de abatirlos paria
elevarse ; sin reparar que la recc)nvcncion
él la merecia , piles sl^ debe compadecer á
3os demás en lugar de vituperarlos.
Asi sus compañeros le admitian en suís
juegos siempre con temor ^ pero él se hacia
dé la partida haciéndolos sufrir su buen p
mal humor. SI jugaban á la pelota todos los
golpes dudosos se resolvían á su favor;
otras veces negaba lo que Je acomodaba,
aunque diez Topes sostuviesen lo contrario:
se servia de trampas para perjudicar á los
otros jugadores : en iin , con la ayuda de sq
presencia y de sus modales lo decidia todo,
por lo que ^ijlgarmente se dice que ia ra-
zón del mas fuerte es siempre la mejor.
Porque infdiz del que ^e atrevía á chis-
tar ; todas Jas repulsas que recibia^ y que
por lo regular no se aprecian en esta edad,
recibían al instante una roidosa reparación,
su venganza se armaba de mojicones y pun-
tapiés, y las lágrimas lavaban bien pronto
«u ofensa.
Napoleoncito con su instinto de con-
quista no esperaba á que le atacaran: él
biíscabá las quimeras , íbmentándolas para,
apoderarse después de la victoria del jugue-
te que se le liabia antojado : el mas ligero
pretesto acarreaba una lucha, de la que se
seguia la confiscación de una pelota elásti-,
caú otro juguete semejante,
Sm embargo no le faltaban amigos , y
tal vez los debía á sus mismos defectos. El
temor le habia grangeado los unos y el in-
terés los otros ; los unos se habían puesto
(^96)
de su parte para eximirse de las contribu-
ciones sobre el resto de los mártires , y ios
otros por gozar del botin y de la pequeña
deferencia de que era objeto. Todos le adu-
laban igualmente con la mira de tener en
él un auxiliar ó un protector.
Era linda cosa el ver á este déspota en
medio de la corte que se babia creado, tem-
plado algunas veces para que no se fastidia-
ran de estar con él , y enojado otras sin
iivotivo aparente para entretener su impe-
rio facticio. De tiempo en tiempo se hacia
una gran distribución de pelotas, peones,
bollos y caramelos; y mientras que sus cor-
tesanos se reían y se regalaban , los niños
á quienes se los había quitado lo miraban
sin hablar palabra.
¿Adonde Napoleoncito había aprendí-
do su arte de reinar ?
Los dias de fiesta y de recreo, si se dis-
ponía un gran juego entre todos , él era el
que mandaba en gefe , organizaba é indi-
caba á cada uno lo que debia ejecutar. Sí
se ponía un juego nuevo, él reformaba las
reglas, anadia otras, y su voluntad tenia
fuerza de ley. Cuando en un caso impre-
visto alguna regla era en perjuicio suyo,
él la reemplazaba por otra de la que esp6--
(^97)
raba tnejor resultado : «Yo no he dado va-
ras para que lue sacudan ^ decia , no valey>
y se volvía á principiar , porque asi le da-
ba la gana.
Asi cada buena cualidad suya estaba
acompañada de un defecto; su superioridad
en lugar de ser útil á los otíos les era in-
soportable , y su fuerza y su talento que
debían grangearle la estimación de sus con-
discípulos , había escitado rail enemistades
en contra suya*
Le deseaban todos los rnaíes de que era
causa , y hasta sus mismos amigos que su-
frían la mortificación de ver su amor pro-
pio á los píes del suyo, deseaban de con-
cierto con sus enemigos el día de las re-
presalias ; mas ninguno se atrevia á encar-
garse de la venganza común ^ demasiado '
débiles ó tímidos tenían que aguantarse y
esperar la suya*
Concluidas las vacaciones y convocados
los niños á la misa de acción de gracias , en
la que habian dirijido al Cíelo súplicas lle-
nas de esperanzas , volvieron los alumnos á
comenzar el año como le habian concluido,
cantando gloria á Dios, y las clases se ha-
bian abierto bajo la invocación del Espíri*-
tu Santo.
%o
(298)
León 5 que habla llevado á su casa las
medallas y premios debidos á sus progresos,
había vuelto lleno de recuerdos y de espe-
ranzas de gloria, hueco con los elogios de
6us padres , y crecido mas de una pulgada:
gracias á los paseos y buen aire del campo.
Cuando Megában nuevos alumnos al co-
legio , 1^11 los insultaba , los provocaba;
y habiendo salido bien en todas estas nue-
vas tentativas , éus camaradas creian que
NapoleOücito no debia encontrar quien le
dominase: sin embargo, un sábado por la
mañana, un cuarto de hora antes del fin
de la clase la puerta se abrió.... ¡Uno nue-
vo !... ¡uno nuevo!... gritaron por todas
partes.
Era Roberto , un forastero robusto y
frescote^ vestido con un pantalón blanco
y con casaquilla azul: todos le miraron de-
seando hallar en él el vengador que espe^
raban.
En este momento la campana hizo se-
ñal de la recreación , todos los niños ro-
dearon á su nuevo condiscipulo, deseosos
de llegar y decirle: «¿Eres tú el vengador
que esperamos ?,¿ La calma y aire impasi-
ble del forastero parecía responderles: «¡Po-
drá ser !,,
«Ahora lo veremos,^ dijo León , y láii*
zánddse sobre Roberto^ le tira al suelo sa
gorra de tafetán de seda^ y al tiempo que
se bajaba á cojerla le echa á rodar de un
fuerte empellón. Koberto se levantó sin
chistar: era mayor y mas fuerte que León,
pero no era tan mañoso ni tan listo ^ mas
no sabia hechar la zancadilla. Por esta vez
Napoleoncíto aun no habia encontrado
quien le dominase.
Aun aturdido de Éu caída y sorprendido
del brutal recibimiento que le hacian i?ó-
der^o componia sus vestidos sacudiendo el
polvo de sus pantalones y pasando el brazo
sobre su gorra pal'a volverla su lustre. Mas
ió^ desgracia! i ó^ desesperación! su bonita
casaca aíul tenia desgarrada Una de sus
mangas. Toda lá clase prorrumpió en gritos
de indignación: ''Es menester que la pague^
decírselo al maestro.... quien rompe pága,^
y otras mil frases amenazadoras para León;
mas este diablillo ^ orgulloso con su victo-
ria, reia á más no poder del furor de los
unos y de la flema del otro^ y se preparaba
á emprenderla de nuevo; mas no encontró
adversario , pues Roberto habia ido á vol-
ver en si y á mudar de Vestido.
Sin embargo ^ laa cosas no podían que-
i
(3oo)
ciarse asi ; la voluntad de uno soló no ha-
bía de llevar tras sí la de los demás : una
liga se formó, jliga terrible é imponente !
asamblea en la que se escuchaban todos los
agravios, donde todos los rencores tenían
palabra de derecho, en la que se discurría
á patadas y puñetazos, en la que se habla-
ba de capirotes recibidos y de coscorrones
que había que dar ^ en la que se discutia
de encierros y de castigos; asamblea en la
que todos los miembros hubieran votado
por unanimidad la abolición del pan seco.,
Nada se traslucía de estas deliberaciones,
era un fuego latente bajo las cenizas; mas
el tiempo estaba tempestuoso, y amenazaba
una catástrofe sobre el horizonte.
Napoleoncito no se inquietaba por na-
da de esto , se reía sin tomarse el trabajo de
escudriñar aquel misterio de iniquidades.
Satisfecho de su valor y su destreza los es-*
peraba á pie firme, regocijándose de ante-^
mano de la vergüenza de sus enemigos si
osaban atacarle.
Por fin un día se atrevieron: acia fines
de octubre uno de aquellos hermosos días
del veranillo de San Martin , el maestro ha-
bía dirijido el paseo de sus discípulos acia
el campo de Guardias : el sol brillaba y el
viento enipiijaba algunos nublados blancos
que hablan quedado en una tempestad que
habla habido la víspera. Los niños corre-
teaban por el campo, y cada uno elegía el
juego mas conforme á sus inclinaciones;
unos jugaban á la rayuela, otros de inclí-
naclones guerreras hacían evoluciones mon-
tados en un palo y con su escopeta de
madera , otros se hablan escurrido para ir
á comprar á escote naranjas y buñuelos;
Napoleonclto se habla separado con sus
cuatro compañeros Eoherto ^ Carlos\ Ea^
genio y r/cíor. --^* Vais á ver, les decía
León , como se echa una cometa ; que bue-
na idea ha tenido mi madre de traerme es-
ta ayer, por eso yo se lo he agradecido
mucho. Es porque yo soy mas sabio y tra-
bajo mas que vosotros : vamos , ¿qué ha-
céis? ayudadme/^
¡Ayudarte! si si , ya te van á ayudar,
pobreclllo : tú no ves las señas que se ha-
cen entre sí , como se miran y se hablan á
]a oreja. Imprudente, por haberte entre-
gado á ellos. ¿ Qué has de hacer solo contra
cuatro ?
"Vamos , vamos , decía León (que no
echaba de ver nada de esto) ; vaya , tienen
miedo á una cometa, aunque fueran mu-
f302)
chachas. Ahora la vais á ver por encima de
los árboles njas ahos : ¡ qué dicha ! yo qui-
siera hallarme en su lugar^\ y en tanto el
viento iaipelia el papql pintado que cubría
Ja armazón de la cometa.
^* Eugenio dame una piedra^ deciaZeon,
la cola no tiene bastante peso.^^ Eugenio te-
nia mas ganaa de tirársela á la cabeza ; mas
aun no había llegado la ocasión , aun no se
babia remandado la chaqueta Roberto.
^vQarlos, ten bien la cometa , gritaba
León 5 y soltando la cuerda vés corriendo
contra el viento y suéltala^^; y hé aquí ya
la cometa rompiendo los aires , llevando
tras si á León ^ que sin embargo la dirijía
ron destreza sin enredarla en la§ ramas de
los árboles: '* ¡ Qué bonito ! ¡qué bien va,
decía León, parece qua se duerme, ¡ah^
ya se despierta ! á derecha, á izquierda» pa-*
rece que el viento la rnece.^^
Al decir estas palabras Eoberto que es-
taba detras de él corta el bramante con su
cortaplumas, y la cometa no hallando qnicri
Ja retenga da algunas vueltas en el aire á
modo de un gavilán, y cae á cien pasos de
alli hundiéndose en la tierra.
León se apresura á ir por su cometa y
sus cuaitro camaradas le siguen riyeiido y
(3o3)
burlándose de él. Vuélvese con aire amena-
zador 5 y al instante Roberto le sacude un
puñetazo para entretenerle, mientras que
Victor corre á pillar la cometa.
El combate se emprende : diez cachetes
van de una parte á otra ; pero se resguar-
dan con el brazo : al fin se agarran cuerpo
á cuerpo.
Hasta entonces todo iba muy bien. F¿c-
tor que se habia echado á cuestas la come-
ta había vuelto á presenciar la pelea. Eu--
genio estendlendo los brazos contenia á
Carlos y á Víctor^ que querian ayudar á
Roberto. En efecto , este desfallecía ; ya iba
á caer , cuando Víctor bajándose tira con
fuerza de la pierna derecha de Leon\ la
otra pierna resbala en el terreno húmedo
con la lluvia de la víspera; y jffo6erío apro-
vechándose cobardemente de todas estas
ventajas, fija su barba contra el peedo de su
adversario , y de una violenta sacudida le
derriba en tierra cayendo sobre él; León
lanzó un grito, pues se habla roto un brazo.
Su madre lloró mucho , porque él su-
frió horribles dolores , mas en el colegio
no lloraron. Los amigos que habia tenido en
su buena fortuna le abandonaron , siendo
los primeros á reírse de su desgracia ; jel
qtie liabia salido tantas veces vencedor, eV
que les habla hecho tantos servicios! olvi-
daron todo lo que habla hecho por ellos,
todo lo que habla hecho por la gloria, no
vieron en él mas que sus defectos , le acu-
saron altamente de haber sido déspota y
mal compaílero , y todo el mundo aplaudió.
Porque Napoleonclto había perdidosa
batalla de "Waterló.
(3o5)
EDUCACIÓN física.
Art. 4.'' Del Salto.
En las caminatas se suelen encontrar
algunos arroyos ó fosos mas ó menos anchos
que es preciso saltar, y para esto es memester
haberse ejercitado antes. Se distinguen tres
especies de saltos, el salto acia adelante a-
vanzando, acia atrás y acia arriba. Se han
■visto jóvenes familiarizados con este ejerci-
cio que saltaban hasta doce pies de longitud
y hasta cuatro y mas de altura ; pero para
esto es preciso haberse ido acostumbrando
por grados en proporción á la edad y á la
fuerza.
Los jóvenes gustan de trepar á los ár-
boles , y aunque este ejercicio no sea de
una grande utilidad , no hay inconveniente
en permitírselo con tal que se esté al cuida-
do. Algún dia se puede encontrar con un
toro furioso, un lobo hambriento, un per-
ro rabioso, un javalí irritado ú otro animal
dañino ; y si no se llevan armas ¿qné me-
dio hay de escapar, mas que lanzarse al otro
lado de un foso , ó trepar á algún árbol ?
Algunos serian también de parecer que
(3c6)
para fortificar la cabeza de los niños y pre-
caverlos de los vértigos 5 se les acostumbrase
á subir y bajar por escaleras ; pero este ejer-
cicio , asi como el precedente, no son de
una necesidad indispensable mas que para
el marino , el militar ó el cazador, que mas
bien que otros necesitan agilidad y destreza
para librarse de mil peligros á que están
espuestos.
De la Lucha.
La lucha tan usada entre los antiguos
para contribuir al acrecentamiento déla
destreza y de la fuer!?a^ no tiene el mis-
mo uso en las naciones modernas. Guando
las gentes del pueblo tienen alguna dispu-
ta entre sí usan de ios pies y manos por
armas ofensivas y defensivasj, mas no sucede
lo mismo en las clases civilizadas que ter-
minan eso que llaman asuntos de honor
con la espada ó la pistola, y asi necesitan
tener maestro de esgrima, que en otros si-
glos se hubieran despreciado por ejercer
tui oficio que no deja conocer el verdadero
valor. En aquellos tiempos solo se servían
en los combates panicidares de las arma^
usadas los dias de batalla^ y estas armas ma-
(3o7)
nejadas con una celeridad de qne no tone-
mos idea hubieran aniquilado á los mas cé-
Jebres espadachines de nuestros dias. La
esgrima por lo demás ofrece la ventaja
de dar soltura á los miembros, fortificar los
músculos y dar á todo el cuerpo en mu-
chas actitudes vigor, solidez y ligereza; y
ademas de esto se hace moda aprenderla,
por que no se puede remitir á un dia de
Í3atalla la satisfacion de una ofensa parti-
cular como se practicaba entre los antiguos,
que no permitían que las amias se dlri-
jiesen contra el ciudadano. Temístocles,
este personage tan iUistre á quien Euri-
biades amenazó con el bastón en medio del
congreso, valia mas sin duda alguna que
nuestroi espadachines en el campo de
batalla. -
Del Baile.
Mas apartemos la atención de un ejer-
cicio que deja tan dolorosos recnerdos, pa-
ra fijivrla en otro cuyas Imégrnes son nías*
agradables y mas risuefíds. Contemplemos á
la juventud reunida en la plaza del pueblo
ó en los salones saltando bien ó mal al son
de los instrumentes, mas siempre í^uardaii*
(3o8)
do el compás en lo posible. S¡ por ca-
sualidad han tenido maestro de baile ,qué
agilidad, qué ligereza en los movimientos
qué precisión y qué gracia en las figu-
ras ejecutadas con la mayor facilidad , Se
ha reconocido que la juventud que ha te-
nido algunos principios de baile tiene mas
disposición para el servicio militar ; y aun
en la misma sociedad qué diferencia entre
dos jóvenes , uno que haya tenido algunos
principios y el otro no ; qué seguridad y
buen gusto en los movimientos del uno y
qué torpeza en cuanto emprende el otro.
El uno siempre tiene »u cuerpo en el esta-
do de equilibrio mas conveniente á cada
acción , y el otro ya esté sentado ó de pie
no sabe como colocarse y permanece inde-
ciso en cualquiera reunión de etiqueta.
De la Equitación.
Aunque el mejor modo de caminar
es á pie como ya hemos indicado^ hay cir-
cunstancias que obligan á recurrir al caba-
llo , y en este caso si no se sabe montar ó
lo que puede suceder todos los dias entre-
gan á un joven inesperto un caballo quis-
quilloso y espantadizo será milagro que no
(3o9)
le traigan á casa con algún brazo ú otro
miembro hecho pedazos. Para precaver estos
accidentes es preciso acostumbrar á los jó-
venes á montar á caballo, lo primero con
seguridad y atrevimiento , y después con
elegancia. A todos les conviene tomar algu-
nas lecciones de equitación, pues nadie pue-
de decir no tendré que montar á caballo.
Especialmente si se sigue carrera militar es
preciso asistir con frecuencia al picadero.
Si los padres no pueden costear las leccio-
nes de sus hijos, nunca les faltará alguna
persona que tenga esperiencia en el manejo
del caballo, y de no haber otra cosa esto es
lo bastante,
(Se; continuará).
(3ío)
Víctor * ó la Indolencia corregida
ó
Víctor era un niño Indolente que no
pen^^aba mas que en jugar desde la ma-
ñana bástala noche. Un día su padre le
llamó y le di o : *' Hijo mío , veo que no
haces nada mientras estás en casa , y que
sí jjcrmaneces mas tiempo serás ün pere-
zoso toda tu vida. He resuelto que des^
de mañana vayas á Urt colegio poco dis-
tante de esta capital. Veremos como te por-
tas; en la Inteligencia , de que si conti-
nuas con tan poca aplicación al estudio
te enviaré aiui mas lejos, pues de nin-
gún uiodo quiero que seas un perezoso/^
"¡A y, papá' respondió Víctor^ yo no seré
perezoso, yo os lo aseguro: tenedríie unos
pocos dias niMs en casa , y ya lo veréis/^
" Muchas veces me has prometido eso
mismo y nunca has cumplido tu palabra. Pa-
ra que pierdas tu indolencia es preciso que
guíVas algún castigo , y asi disponte á salir
mañana.
El pobre. Victor lloró j, gritó, se c^e-ies-
peró; mas tuvo que obedecer. A los pri-
meros dias que estubo en e! colegio cum-
plió mediamtmentc con sü obligación , mas
(3i,)
bien pronto se dejo llevar de su pereza.
Durante las horas de estudio estaba pen-
sando en otra cosa y no atendía á lo que
sus maestros declan. "Querido niño , le re-
petían ellos, cuantas desgracias os prepa-
ráis! Vuestra fortuna pende en la vida de
vuestro papá^ y es preciso que trabajéis pa-
ra asegurar vuestra suerte. ¡ Qué pena será
la de vuestros buenos y respetables pa-
dres, cuando vean que sois aqni tan ig-
norante como en bu casa, y que volve-?
reis á filia con los mismos defectos que an-
tes ! i Cuánto sentirán el haberos enviado á
nuestro lado ¡ Temed ofender á los que os
han dado el ser, es ofender al tnlsmo Dios,
este temor es el mas saludable para un nitlo.
Estas reconvenciones no hicieron im-
presión en Víctor, continuando desapli-
cado y perezoso. Un dia en que slgiendo
su culpable costumbre estaba sin hacer
nada, recibió una carta con obleariegra,
la abrió y leyó lo slgienie:
''Tu padre ya no existe, querido hio
mío, Dios se le ha llevado ayer de este
mundo. Yo he perdido en él á mi mejor
amigo y tú no volverás á ver á un padre
que te amaba tan tiernamente, tu solo me
quedas] para aliviar mi dolor, para recibir
(3í2)
algún consuelo. Te escribo las últimas pa-
labras de tu padre:
" Pueda nuestro hijo , me dijo estre-
chándome la mano por la liltima vez,
pueda nuestro hijo volver á tu lado ente-
ramente correjldo de su indolencia y de su
ociosidad , y cifrar su felicidad en hacer la
tuya.
,,Lee repetidas veces , querido hijo , las
últimas espresiones de tu padre: estoy se-
gura que harán profunda impresión en tu
corazón , y que te animarán á seguir los
concejos que te ha dado su autor, Yo seré
feliz si te haces aplicado, y si veo te has a-
provechado de la educación que hemos pro-
curado darte ¡ Ah ! si vuelves ignorante y
sin amor al trabajo , yo no podré resistir á
la pesadumbre ; porque te advierto, queri-
do hijo, que no puedo tenerte mucho tiem-
po mas en el colegio : mis medios no me
lo permiten. Los dos hemos perdido nues-
tro único apoyo. •- Tu apasionada madre
que siempre te ama tiernamente.^^
Víctor después de haber leído esta car-
ta quedó como herido por el rayo. Vertió
tjn torrente de lágrimas; juntando sus ma-
nos levantaba los ojos al cielo : leyó cien
veces la caita de su madre 5 mas al llegar á
(3i3}
las últimas espresiones de su padre nunco
podía continuar. Por Ja noche no puda
cerrar los ojos, pensando siempre en su
padre y en las reconvenciones que merecía
por su rnala conducta. Luego se acordaba
de su madre y decía: ^'Guando suelva á
casa y vea mi mala letra, cuando tenga que
ajustar alguna cuenta, cuando me pregunte
mi lección de geografía, de historia ó de
religión y no sepa responder , cuando vea
mis libros tan nuevos como cuando me los
compraron 5¿ qué pena no tendrá esta bue-
na madre ? j Oh, qué imposible es ahora
recobrar el tiempo perdido! Bien pronto
tendré doce anos, y he adelantado ío mis-
mo que cuando tenia cuatro/^ A! decir esr-
to se agitaba en la cama y no pudo dormir
en toda la noche.
Al ser de dia se levantó, y presentán-
dose al principal del colegio , le dijo eoB
lágrimas en los ojos:^^ Hasta ahora, señor,
he sido un perezoso , sin aprender liíada.
Conozco las funestas consecuencias de it>i
negligenGia y falta de aplicación» Me arre-
piento sinceramente de mis faltas y quiero
repararlas en cuanto yó pueda : decidme lo
que debo hacer para esto , y me someteré
á todo lo que mandéis.,,
fií
(3,4)
El principal movido con las palabras y
aflicción del pobre ipuchacho, le dijo:
"Querido, el tiempo mal empleado está
irrevocablemente perdido para vos. Es pre*
ciso aprovechar mejor el que resta , para
que no tengáis motivo de arrepentiros en
lo sucesivo. Principiad desde hoy á apren-
der vuestras lecciones y á prestar atención á
cuanto se os diga. Que vuestra tarea esté de-
sempeñada antes de la hora señalada , y co-
mo hasta ahora habéis perdido mucho tiem*-
po , para economizarle emplead una parte
de los días de fiesta y de vacaciones. Daréis
satisfacion á vuestra mamá,* os reconcilia-
reis con todos vuestros amigos, y tomareis
gusto al estudio, que siempre preserva de
los Vicios. Ved cuantos bienes os esperan,
apresuraos á poseerlos.» Víctor dio Jas gra-
cias á su sabio maestro por sus consejos , y
los siguió desde aquel mismo instante.
Se aplicó al estndlo con tanto ardor
como placer , y nunca jugaba hasta haber
concluido la obligación. Si le acometía al-
gún acceso de pereza, abría al instante la
carta de su madre , y leyendo las últimas
.palabras de su padre cobraba ánimo y se a-
firmaba en sus buenas resoluciones, hasta
que se acostumbró enteramente al trabajo.
(3i5) ,
Cuando volvió al lado de su madre , que le
tuvo un poco luas en el colegio, la sirvió
de consuelo y sobrepujó sus esperanzas.
Agradecido á las privaciones que se había
impuesto por él, tuvo á esta buena madre
un afecto que nunca se desmintió, la ali-
^yip en sus ocupaciones, fué el báculo de
su vejéx, y sembró flores en los bordes de
>su tumba^iQué placer mayor para ün hom*
breblen criado
MORAL.
De las Casas de /aegó.
Las casas de juego tienen una entrada
que es ia del honor\ y dos salida^ que st^
la infinitó y lá muerte. ¡ Cuantos rbkles M^
len cada dia de estók éentros de coíriipcbn!
Todosconocenelmal; ¿ mas quiétt pondrá el
remedio ? Si se suprimen boy unas casas de
juego 5 al otro dia se abren otras mas peli-
grosas , y nunca sexorta la cabeza de Ja hi-
dra. A pesar de estas tristes verdades toda-
vía se pueden hacer algunas observaciones
conducentes á retraer á los jugadores de su
funesta pasión.
El leng&age ordinario ha calificado al
juego de vicio , cuya palabra se emplea tan
frecuentemente como la del juego mismo.
Mas para apreciar bien el lugar que este
acto debe ocupar en nuestra estimación, cal-
culemos los efectos que produce en la feli»
cidad ó miseria de la humanidad.
Se concederá sin repugnancia qne en
la clase de jugadores la mayoría » por no
decir algo mas, se compone de los que pier-
átü^ Pero el hofíibre que pierde en el jae-
(3 '7)
go no pierde el dinero solo, sino también
un tiempo precioso, las cpstumbres que te-
nia económicas, regulares y de industria y
de perseverancia en todas las cosas ; en una
palabra , todas las cualidades que le pon-
drían eñ estado de recobrar su dinero y
adquirir por medios honrosos la felicidad
perdida. Asi perjudicándose á si mismo
causa un perjuicio real á la sociedad, y se
hace no solo un hombre infeliz , sino tam-
bién un mal ciudadano.
Infinitos ejemplos se podian aglomerar
de suicidios y otros crímenes cometidos por
la funesta pasión del juego, que opone un
muro de bronce á las reprensiones y sátiras
á los esfuerzos de la prensa periódica y de
la comedia, pretendida escuela de costum-
bres , que es también ineficaz contra la pa-
sión del juego. El mejor argumento contra
la pasión del juego es el provecho que re-
sulta á los dueños de la casa á espensas de
los jugadores, que si fuesen capaces de re-
flexión no irían por el interés de ganar al-
guna pequeña cantidad que los estimule mas
á esponerse mas tarde á los loevitabies re-
sultados de su ceguedad, que son como be-
lfos dicho el deshonor, la miseria, la pri-
síqu y la muerte.
(3i8)
Éntrese en la mayor parte de las casas?
de juego , y se verá á los jóvenes rodear íasí'
mesas y devorar con la vista aquel oro cu-
ya posesión se disputan. Acariciar á los ni-
ños cuando ganan, leñirlos cuando pierden^
servirse de ellos para barajar las cartas, re-
volver las bolas ó escojer los billetes de lotería^
¿no es atizaren ellos las primeras chispas del
furor del juego ? ¿no es fundar su temeri-
dad futura en ideas falsas y pusilánimes?
Que los maestros destinados á pi'evenir,
Retardar ó correjir las inclinaciones perju-
diciales *, enseñen á sus discipülosá emplear
el dinerillo que se les concede para sus re*'
creaciones sin arriesgarle en juegos perjudi-
ciales. El partido mas seguro, dice Locke,es
prohibirles las cartas, dados, Scc No es la teo-
ría de moral lo que nos falta ^ sino ql arte
de inculcarla por signos sensibles y ade-
cuados-
Un padre de familia decia que cuando
se hablaba de un embustero , de un pró-
digo ó de un avaro, antes de definírselos á
sus hijos se los mostraba en acción , impri-
miendo desde luego en su imaginación la
fisonomía y la deformidad de cada vicio,
para que se acordasen algún dia , los reco-
nociesen desde lejos, y si se dejaban sedu-
(3í9)
cir , á lo menos no se librasen de saluda-
bles remordimientos.
Un ciudadano recomendable por sus
luces y por su zelo en todo lo que puede
influir en el bien público, observaba que la
educación no concluye al salir el joven de
mano de los maestros , que hay otra segun-
da no menos esencial que la primera que
exije de los padres mucha atención y saga-
cidad. 'Pocas gentes , decia, querrán imitar
la conducta de cierto sugeto acaudalado que
viendo á su hijo dispuesto á abandonarse
al juego, le dejó obrar hasta que perdió una
suma considerable.^^ ''Yo la pagaré, le dijo
su padre, porque estimo mas el honor que
el dinero; pero es preciso que nos espli-
quemos: tú amas el juego , hijo mió , y yo
amo á los pobres ; los he socorrido menos
desde que he pensado en colocarte, mas
ya veo que un jugador no debe casarse,
asi juega cuanto quieras, pero con la con-
dición de que á cada pérdida nueva entre-
garé á los pobres de la suma que te está
destinada otro tanto como lo que tenga que
acar para abonar la deuda cQutraida;
y asi empezemos desde hoy 7^
La suma equivalente fué llevada en el acto
á un hospital, y el joven no volvió á recaer.
(3ao)
Anécdota.
Cierto amigo me hizo reparar en un
sugeto cuya fisonomía, aunque alterada,
anunciaba un gran carácter, y me dijo s
"Tenéis á la vista un fenómeno de fuerza
y debilidad en ese hombre que ha cultiva-
do las ciencias y literatura hasta los treinta
anos con el éxito mas feliz : tomó tal pasión
al juego que vino á parar en furor, y á
pesar de mis ruegos y mis lágrimas perdió
en poco tiempo cuanto poseia. Tenia resig-
nación y no se desesperó. " Esto es hecho,
me dijo^ anoche he perdido cuanto me
quedabas y estoy arruinado/^ Hize por él
entonces lo que hubiera hecho él por mí,
y traté de consolarle ; mas me respondió :
''^Padezco, si; pero no estoy triste, poique
sé resignarme. A Dios , ya no os volveré á
ver, respetad mis desgracias, y recibid mi
afecto , único bien que me queda.^^
Pasado el año recibí un billete y dine-
ro , eorrí á casa de mi amigo y le encontré
(3^0
sentado en medio de sus libros y en la ac-
titud de un hombre absorto en profundas
meditaciones : le abracé felicitándole por su
nuevo estado , pues supe que acababa de
heredar, y le dije: ^"^Me üsongeo de que sa-
bréis gozar de vuestro nuevo estado, y
de que ya...,, "Ya no volveré á jugar mas,
me replicó él fríamente. í Qué triunfo para
la^filosofia y la literatura. jNo ganarán nada;
ya ni leo, ni pienso, ni tengo deseos.,.
Después de guardar un profundo si-
lencio , sus ojos se reanimaron y los vi bri-
llar con su antiguo fuego. ''El móvil de mi
alma ya no obra, amigo mió ; he luchado
contra una inclinación mas fuerte que yo
mismo, he procurado substituir otras pasio-
nes á mi pasión fatal ^ esta renace siempre,
ó por mejor decir no me deja un instante de
sosiego: concluyamos, yo no tengo fuerza
ni para hablar ni para escuchar.^,
Al despedirse me estrechó la mano y
me miró con los ojos enjutos , porque ya no
tiene mas lágrimas ; en el dia apenas me
conoce y hace veinte años que permanece
en la misma inercia y languidez.
(32 a)
Fenimore Cooper.
Este célebre novelista americano nació
en Burlington en la nueva Tersey en
1789. Su familia emigró á la America del
Norte, inmediatamente después de la guer-
ra de la revolución y se estableció en Nejf'^
York 5 adonde el padre de Cooper , que
murió en 1809 llegó á poseer bienes con-
siderables. Cooper dejó el colegio de Yele
á la edad de diez y seis años para iniciar-
se en la vida maritima á bordo de navios
mercantes y de guerra. Ha visitado dife-
rentes naciones y ha residido en Londres
París ^ Florencia^ Roma^ Capoles ^ Di es-
de ^ Berna &c. para estudiar las costumbres
de estos diversos países. Cooper se casó con
una señorita de Lancey descendiente de
una familia de Hugonotes refugiada en
America después de la revolución del edicto
de Nantes. Abandonó la marina y residió
alternativamente en sus tierras ó en las de
su esposa, hasta que en 1821. vino á Euro-
pa con su familia. Siempre que Cooper
pinta las selvas y los mares no tiene rival,
iío ha habido escritor que presente lasesce-
(3a3)
nasde la naturaleza con tanta fuerza, acierto y
verdad. Sus escenas maritiaias son inimita-
bles , todo es acción, carácter y poesía. Pre-
senta un cuadro maritimo con los accesorios
mas insignificantes y los describe en unos
términos, que se oye el ruido de las olas,
el bramido de los vientos y los gritos de
los marineros. Es incomparable cuando ha-
bla el lenguaje de los Indios y pinta la vida
del'desierto. Gomo rara vez publica las obras
bajo su nómbrense creé que haya escrito
algunas mas que las que se le atribuyen.
(3H)
HISTORIA.
El hombre por la Historia esha^
hitante de todos los países^ y su
patria es fodo el Universo.
¿ Quién lo duda ? Fórmese el paralelo
entre un sabio historiador y el ignorante
que ninguna noticia tenga de esta madre
ciencia, y se verá con toda claridad cuadv
difícil se nos presenta la idea de no conce-
der á este aserto la fuerza de un axioma.
Colocado el primero en una elevada ci-
ma , por decirlo asi, por do quier vuelva
la vista , mira con noble entusiasmo los pue-
blos que dejaron de existir: trata de los hé»
roes sobre cuyas cenizas cernieron años los
siglos, examina cuidadoso las costumbres
de los primeros habitadores de la tierra,
vé presentes los preciosos monumentos ea
que la pesada mano del tiempo cayó con
mayor vigor, y que la antigüedad deja ya
tras sí , admira las acciones y empresas he-
roicas, las relevantes virtudes, las ciencias
sublimes, el valor, los vicios abominables,
los altos crímenes y las pasiones exaltadas
que distinguieron los célebres predecesores
(325)
nuestros sobre cuyas losas pasaron centena-
res y miles de años, y remontado sobre las
nubes, con un solo golpe de vista pone an-
te sí el antiguo Egipto 5 la docta Grecia y
la bélica Roma: coje con Rómulo laureles
en los campos de Marte , detesta los atro-
"Ces crímenes de Tarquino, la abominable
crueldad de Nerón , á la par que Séneca y
Tito extasian su alma eri la contemplación
de su sabiduría y virtudes. Compara lo
marcial de las costumbres romanas con 16
afeminado de los de Gapua; recorre las mag^
nífica^ ciudades de Tebas > Menfis, Ate-
tíUs , &c. Desciende á tiempos menos remo-
tos, y se agolpan á su atenta vista mas re-
cientes sucesos: existe en Europa, se pasea
por el Asia, recorre el África; pero cuan-
do no puede pasar de allí , la Historia le
presenta un rhündo huevo, y va con Go^
ion á descubrir las dos Atoédcas, Ve civili-
zados loá^ueblos que contemplaba sálva^
ges en oiW? tiempo. Las artes , las ciencias,
te costilkíbíés se mejoran cada dia á la vis-
ta! del histórico que observó las antiguas:
"desciende mas y ve en la historia de su si-
glo donde reina la industria , donde se ele-
Va la ciencia^ donde ejerce sus fuiores la
guerra , donde se distingue un héroe , don-
(326)
de aparece un monstruo y donde la ambU
cjon fija su morada/ Conquista con Napo-
león, invienta con el ingles y alemán , estur
dia con nosotros , y todo le constituye un
ser superior , noble vgí'ande y agraciado, j
Una mirada ahora al hombre niño que
ignora la historia. Circunscrito en el círcuf-
lo limitado de los objetos que tiene á m
vista, ignora lo que paisó antes que él nar
ciera; no conoce otras personas que las que
le rodean, ni otro pais que aquel en que
3rive; es estrangero para eí resto del univer-?
80 , y vegeta srmiido en una crasa y com-?
píela ignorancia de los acaecimientos de
fecha anterior al dia primero en que vio
la luz. Nace , crece , pasa la edad florida,
envejece y muere sin saber aun si han
jpxistido otros hombres que los de su siglo.
Oye el nombre, de algún pueblo ó héroe
que celebró la antigüedad , se trata de eos-
tumbres remotas , de batallas , hechos , em^
presas ó acciones de aquellos tie^mpos, y
jdelante de históricos; enmudece su lengua
jsi no quiere acreditarse de necio ; aunque
el hombre aprende en la sociedad del honir
bre , no le es posible comprender lo que
no estudia. Tendrá principios á§ lógica ó
(3.7)
modo de vivir , entenderá las ciencias abs-
tractas , conocerá Jas opiniones de físicos,
habrá pasado innúmeros años en su es-
tudio, quizás colocará entre ellas la suya
propia ; pero desengañémonos, sin la His-
toria queda siempre en la infancia; á los
ochenta años no es mas que un niño.
La Historia es hermana de la Geografía
y de la Cronología , pues los sucesos que
aquella refiere no pasaron en un mismo pa-
rage ni en un propio tiempo ó época ; por
esto debe considerarse bajo los tres aspec-
tos , pues si juntamos los sucesos que vio
Roma en sus años primeros y bajo el domi-
nio de sus monarcas con los acontecimien-
tos de la época en que imperó Augusto, y
estos con los del siglo tercero de nuestra
era y división de uno en dos imperios, con-
fundiéndolos tal vez con los de Grecia ó
Egipto , preciso es que resulte una mons-
truosa confusión , ó mejor un laberinto del
que no podria quizás salir el mas perspicaz
escudriñador.
Es la Historia una narración de los su-
cesos dignos de posterior memoria, un lien-
zo que desarrollado presenta á nuestra vis-
ta las revoluciones políticas que ha sufrido
•el mundo desde su remota creación. Es ^1
{328)
espejo de los siglos^ un cristal claró al tra-
vés del cual miramos todos Jos acontec¡T
mientos pasados como si realmente acaecie-^
sen en el periodo de nuestra corta existen*
cia. Es un fiel testigo de la verdad pura,
porque la Historia no admite ilusiones ni
falsedades; ¡y de tan limpia fuente cuan
importantes y saludables lecGÍones emanan
para'los siglos futuros ! !Ah, ciencia herma-
sa, qué pluma será capaz de encomiarte
cual mereces! Tú ensanchas el círculo que
:iiatura designó á la vida del hombre; le
conduces cual guia veloz á par que fiel de
pais en país, de reino en reino ; alzas el
Velo ocultador de célebres acontecimientos;
le enseñas las leyes, costumbres, religiones
y gobiernos de todos los pueblos, y le resr-
tituyes luego al lugar donde nació por me-
dio de numerosos siglos, cargado con Iqb
despojos de todos los imperios, y los tribus
tos que todas las naciones vienen á satisfa-
cer á su talento observador.
Considerada la Historia bajo un punto
de vista moral es aquella filosofía viva, que
apartando á un lado las formalidades de
las reglas , suple el lugar de la esperiencia
y nos manda obrar con propiedad y honor,
para que su examen impareial nos presen-
(3^9) ,
t€ cotilo ejemplo á los demás. La Historia
está ligada con todos los ramos de ciencias y
conocimientos, y sus repuestos son varios y
abundantes, que todas ellas, las artes y 'as
profesiones, le son deudoras de muchos prin- /
eipios de que dependen. Abre un dilatado
prospecto á la vista del hombre en el espa-
cioso campo de la literatura , siendo un ol>
jeto de estudio el mas agradable é impor-
tante en que puede fijarse un entendi-
miento ilustrado. Al leer los anales de los
sigl< s pasados, retrocede hasta el origen
primitivo de las cosas, y entra en una es-
pecie de" nueva existencia; ve el mundo sa-
liemlo de la nada, como fue gobernado en
su infancia, inundado y destruido por el
diluvio 5 vuelto después á poblar ; inouie-
re la primera institución y descubrimiento
de las moi aiquías y repúblicas; observa
como se levantaron, sostuvieron y cayeron,
imas con rápido curso, y otras-con pasos
medidos.
La Historia es la que nos pinta como
puede un hombre portarse coa dignidad,
si la fortuna le sonríe y le recomienda pa-
ra empleos de poder y valimiento ; asi co-
mo ofiece el cuadro mas verídico de ia \íí^^
tabilidad de las cosas himianas , preparan-
22
(33c)
donos de esta manera para aquellas revolu-
clones que pueden acaecer en el discurso
de la vida. Grecia y Roma, tan célebres en
la antigüedad por sus ejércitos invencibles,
por sus grandes generales y por sus esten-
sos dominios, están hoy dia al igual de
otras naciones, y se vieron reducidas á la
mas vil esclavitud.
Es la que nos muestra ejemplos de dig-
nos hombres , que ocupando los principa-
les cargos del estado, se hicieron á un tiem-
po ilustres en su vida privada ; y de otros
que precipitados de la cima de la opulencia,
lograron en su miserable estado por su con-
ducta noble, hacer respetar y aun realzar su
condición baja y respetable. Con la espe-
riencia de sus modelos nos hace sabios, ve-
mos las pasiones de los hombres, sus inte-
reses encontrados y todos los artificios con
que unos á otros se engañan ; aprendemos
á guardarnos del deleitoso pero vil zumbi-
do de la lisonja , á huir del contagio del
vicio, y á evitar todo roce con los disolutos
y relajados , para asociarnos solamente con
los buenos y los sabios.
Dificilmente gruesos volúmenes basta-
rían para elogiar el estudio de la Historia.
Asi es que en estas líneas nos hemos pro-
(sá.)
puesto únicamente hacer palpable su utili-
dad, y persuadir á los jóvenes que si logran
aprovecharse de los conocimientos que^ pue-
de prestarles , serán grandes sabios y apre^
ciados en las varias clases de la sociedad,
Lérida i .^ de julio de i8l 4.
^iiillerma 4xmtmñM ^illírn.
Sd^e la Cortesía y la Urbanidad.
Júntese á on poqtiito de amor propio
<}oe Impida olvidar á lo que se debe á sí
mi^BO un poqiaito de seosibilidad que im-
pida olvidar lo que debemos á los demás y
se obtatídrá la oortesia. Nuaea es demasia-
do el conocimiento que se debe tener de
ios ddberesde la OTbatiidad que la sociedad
impone. Los chinos tienen una infinidad
de libros compuestos sobre la cortesía a la
que Hiiran como uno de ios la^os mas firmes de
la sociedad. En Francia no solo esc^rlben de
ella, sino que la practican, y los tranceses
de todos tiempos han sido célebres por la dul-
zura de su^ costumbres y la t>ondad de
sus modales, cada uno sabe que la cor-
tesia da gracia y atractivos á las palabras
y á las acciones. Asi bace parte de la
buena educación hasta tal punto que ni
aun el mismo talento puede suplir á la ur-
banidad. La cortesia se conoce por signos
exteriores y procederes delicados que solo
se consiguen frecuentando la buciía compa-
ñía. La cortesia no debe ser imperiosa y
adusta, sino franca , natural , atractiva , sin
exigencias ni prevenciones.
El buen modo uos enseña á colocar en
su verdadera sitio lo que debemos decir o
hacer. La estrema vivacidad ó torpeza nos
hacen faltar frecuentemente á las reglas que
nos prescribe.
El bueD tono , consiste en la nobleza y
elegancia del porte , vestido , del adorno de
la casa y aun del modo de recibir en ella.
Supone una especie de consideración per-
sonal.
Kequiere espresarse siempre con senci-
llez, reserva y decencia natural y por consi-
guíente no emplear |amas modos de^hablar
bajos, triviales y obscenos, demasiado libres
ó pedantescos. Eí talento del hombre como
debe éer^ coixsiste en saber en toda ocasión
lo que conviene practicar ó evitar, e$ decir,
distinguir lo que conviene de loque no
conviene.
El uso de mundo consiste en portarse
en la sociedad seg uní las formas y costum-
bres reconocidas y generalmente seguidas.
Para adquirir el uso del mundo , lo mejor
es tomar por modelo á una persona céle-
bre por la elegancia de sus modales : sin
copiarla servilmente, se puede dar á la
imitación un sello de originalidad razona-
ble. Por no querer prestar atención á los
usos de la sociedad ni sujetarse á ellos ,
0m
han cotnetído los mayores * dfesaciértbs áun
los hoiiTibres de mas ¡tigenio. La urbani-
dad? consiste en procurar cada nno en ágra*
dará los demás ó mas bien no molestar
á nadie de cuyo único principio se derivan
todos los reglameritos de Cortesía y etiqueta,
saoeídnados por la esperiencia que ha hecho
ver ciíanto nos conviene tener contentos á
aquellos con quienes vivimos reunidos en
sociedad. Y sino examínese una por una
todas las acciones de política urbana y sé ^
verá que su objeto es el Üsongear á la per-
sona á quien se dirije y ahorrarle inco-
modidades. El ceder auno la cera en la
calle es evitarle la incomodidad del mal
piso^ eí servirle ed la mesa es librarle de
este trabajo, el dar la mano á una señora
en la escalera es proporcionarle menosin-í^
comodidad. 8cc.
La verdadera politica es una aten-
ción continua sin afectación que compren-
de el arto de disponer á los demás á estar
contentos de nosotros y de sí mismos. ¿Qué
cosa hay mas lisongera que el ver á nues-
tros amigos aplaudir nuestros pensamien-
tos, participar de nuestros sentimientos,
prevenir y satisfacer nuestros deseos, bus-
car ingeniosamente lo que puede agradar-
f335)
nos, alejando en lo posible los asuntos tris-
tes? Estos rasgos caracterizan la atención y
cortesía y las virtudes que pertenecen al
espiritu de sociedad.
Las leyes de la moral imponen al hombre
que vive en sociedad el deber de ser pru-
dente, discreto, reservado, indulgente con
los demás, severo consigo mismo, bonda-
doso con sus inferiores y respetuoso con sus
superiores , siempre pronto á manifestar es-
timación á sus iguales. SI es tan feliz que á
estas cualidades reúne el arte de obrar,
hablar y callar á tiempo, dispensando sus
favores con elección y descernimiento no
habrá persona que no le busque y encon-
trarán en su conversación siempre nuevos
atractivos.
En un hombre honrado, los discursos,
los modales, el modo de vivir, todo anun-^
cia una cortesía propia no de un hombre
del gran mundo sino de un hombre aten-
to y que desea hacer el bien. Él orgullo no
se puede hallar mas que en hombres me-
dianos, almas mezquinas y de vana repre-
sentación. Un héroe , un hombre grande,
sabe por louregular «er sencillo y humauo y
cuanxo mayor iCS, iínejor ignora el arte y la
afectación de parecerlo.
(336)
El hombre político y cortés aunque no
pueda ser liberal es siempre afable y gra-
cioso. Su acogida es casi tan agradable como
el beneficio qne rensa y no omite nada de
lo que puede probar su buena voluntad.
De aqui aquellas atenciones delicadas, aquel
modo de manifestar el sentimiento que le
causa el no poder servirle en loque pide. Si
se necesita consejo no se encuentra en el
hombre cortés aquella afectación de ima
gravedad serla que embaraza y desconcier-
ta, sino que escucha, reflexiona y responde
manifestando se toma interés. Si sabe que al-
guno se halla en la aflicción , corre á con-
solarle y una de las cosas que mas contri-
buyen á ello es el ver que hay quien parti-
cipe de las penas que le rodran.
Si se comete una falta entre personas
corteses se finge no haberla visto, ó se ad-
vierte diestramente al que la ha cometido
para evitarle la confusión que se le ha de se-
guir. Si se hallan personas superiores, no
se nota aquel pueril orgullo que procura
evadirse de las deferencias que el uso ha^
consagrado, sino una circunspecta seriedad
y si hay que esponer una opinión contraria
á a modo de pensar se hace en los términos
mas respetuosos.
(337)
La cortesía entre amigos manda qne
en cuanto sea compatible con ía razón
todo sea común y cada uno procure con-
formarse á los gustos y deseos de aque-
llas personas con quienes se encuentra*
La civilización multiplica nuestras ne-
cesidades, pero al mismo tiempo proporcio-
na medios de satisfacerlas; una prueba de
que los bienes que nos oírece son propor*
cyonalraeníe superiores á los de otros mo-
dos de existir, es que entre los pueblos civi-
lizados, ilustrados é industriosos está entre-
tenido mayor número de personas, y cada
una de ellas con mas abundancia que en
cualquiera otra situación. ¿ Qué nación civi-
lizada ve en los momentos de escasez pere-
cer de hambre y miseria la mitad de su
población como ha sucedido en las nacio-
nes barbaras ? Generalmente hablando es
preciso que se encuentren nías recursos.
Dictamen de J. B. Say.
(338)
El Parthenon^ ó el Templo de Minerm.
Las ruinas de la Grecia tíos dan una
alta idea de aquel pueblo que ha sufrido
tantas vicisitudes, y que aun embruteci-
do por el despotismo turco ha querido re-^
conquistar su libertad. Los antiguos griegos
que habían recibido de los Egipcios las pri-
meras nociones de las ciencias y las artes,
no lardaron en sobrepujar á sus maestros,
y algunos de sus monumentos escapados á
la barbarie y á los estragos del tiempo, sir-
van todavía de modelo á los pueblos civi-
lizados.
Su arquitectura á la vez noble y ele-
gante ofrece las mas felices proporciones , y
atestigua el genio de sus artistas. Enmedio
de una rica naturaleza , y bajo un cielo siem-
pre puro , la hermosura de lojs puntos de
vista^ de Jas Ipcálidades, y rpas que todo, de
las formas humanas 5 apuró su buen gusto
y fecundó su inspiración. Los athenienses
sobre todo se distinguieron entre los grie-
gos por la grandeza y magnificencia de los
monumentos.
S. M. el rey Otón I.° , nuevo monarca
de aquel pais , acaba de restaurar el Par-
(339)
thenon construido en tiempo ele f^erícles,
hace treinta y dos siglos. La solemnidad se
ha verificado con grande concurso y regocijo
de los griegos modernos. Una comparsa de
jóvenes coronadas de mirto ^ llevando un
estandarte de seda azul ^ que tenia por un
lado la cabeza de Minerva, y por el otro un
buho sobre fondos blancos , han felicitado,
al rey presentándole una corona de mirto,
olivo y laurel con la incrlpcion siguiente:
Las mr genes de Alhenas al Eestauradof'
del Par thenon.
Este templo dedicado á Minerva domí-;
naba la ciudad y la cindadela. Fué cons;-
truldo por Iretlno y Callicrates con el her-
moso mármol blanco que sacaban del Pen-
télico , montaña vecina; Era de orden dóri-
co, su mayor altura 69 pies, la longitud
227, y la anchura ico. El pórtico era do-
ble en las dos fachadas y sencillo lateral-
mente. A este templo venían los estrange-
ros á admirar la estatua de Minerva de oro
y marfil, obra maestra de Phidias.
Sea indiferencia ú olvido los turcos ha-
bian respetado al Parthenon, escepto algu-
nas ligeras mutilaciones ; pero en i683 la
artillería de los venecianos, entonces eái
gnerra con los turcos, degradó aquel pre-
cioso resto de la grandeza atheniense. Fi-
nalmente Lord Elg'in, embajador en Gons^
tantinopla en 1799 obtuvo permiso del go-
bierno para apropiarse y trasladar á Lon-
dres las partes mejor conservadas del monu*
mentó.
En los climas septentrionales la intem-r
perie degrada bien pronto los monumentos
públicos ; pero el clima de Grecia ha res-
petado muchas de sus ruinas hasta el dia^
Las mutiíaciones depíorables son mas bien
obra del hombre y de las convulsiones po-
líticas que el resultado de la larga sucesión
de los siglos.
(34^)
LAS BIBLIOTECAS.
El Padre. Hoy nos vamos á ocupar,
queridos mios-, en recorrer la real biblio-
teca^ no con la detención y escrnpnlosidad
debida , pnes esto era obra de mucho tiem-
po ; sino que daremos por ella un paseo
instrncmo y agradable., conforme lo hemos
hecho en los demás establecimientos de la
capital. Felipe V. fué el primero que esta-
bleció la biblioteca real corría, dándola
sus convenientes estatutos ^ y en los reina-
dos posteriores se ha ido enriqueciendo
con las colecciones de libros de varios par-
ticulares , como el cardenal Aqulnto y
Mnnarriz: habiéndose m^^ndado últimamen-
te que se deposite en elU un ejemplar de
eada obra que ve la luz publica. El esta-
blecimiento ha sufrido varias aUeracíones y
(34a)
mudadlo varias veces de localidad , liasta que
en 1826 la munificencia de Fernando VII
la destinó este edificio, que estando antes
próximo á su ruina , ahora reparado y en-
grandecido sirve de santuario á las ciencias
y á las artes. La memoria y la época de la
inauguración de la Biblioteca está consig-
nada en esa inscripción latina que veis en
la pared de la escalera.
Entrad 5 niños, en esta Oj/rcina de re-^
medios del alma^ que asi llamaba Osiman-
dias 5 rey de Egipto , á su biblioteca , la
mas antigua de que hay noticia: entrad y
veréis tanta multitud de libros, entre los
cuales no hay uno solo que no instruya aU
guná cosa,
Eugenio. En efecto, papá , ¡ qué salón
tan magnifico ! ¡cuánta variedad de libros,
y qué bien colocados!
Enrique. ¿ En estos librotes, estará to^
do cuanto hay que saber ?
El Padre. Todos los progresos del en-
tendimiento humaqo , y cuantas cosas bue-
nas ó malas han sucedido en el mundo es-
tan consignadas en los volúmenes que al-
berga este recinto. Por su lectura venimos
en ¿oílocimiento de lo bueno distinguién-
áb\ó de lo malo ; sabemos amar á la vir^
(343)
tud y aborrecer al vicio. ¡Los libros !... ins-
truyen al hombre en todo lo que tie-
ne que saber, alivian sus penas y le a-
compañan en la prisión , el destierro y la
soledad. Por esto nunca vituperaré el cui-
dado y el gusto que algunos emplean en
adquirir libros , pues en mi entender es
dinero muy bien empleado por procurarse
tan instructiva y agradable compañía. Com-
padezco á los que de ella carecen , y no lle-
varé á mal , hijos mios , que hagáis fre-
cuentes visitas á este establecimiento.
Eugenio. También nosotros hemos de
venir gustosos, movidos de npestra afición
á la lectura; pero me parece que aunque
estuviéramos toda la vida sin salir de aqui,
sin hacer otra oosa n?as que leer, no pod ria-
mos dar fin siquiera de los libros que des-
de aqui se alcanzan á ver.
£L Padre. No creas, querido Eugenio,
que para instruirse sea preciso devorar una
biblioteca entera, porque esta es empresa
superior á las fuerzas humanas. Solo para
leer la parte de historia de la biblioteca real
de Paris calculó Marmontel que se necesi-
taban ochocientos años, leyendo catorce
horas por día. Es preciso que cada uno se
limite á un número determinado de cono-
(344)
cimientos , y asi podrá poseerlos mejor ^ re-
ducléndolos cuanto antes á la práctica. Asi
como el que se propone llegar pronto ¿á al-
guna parte busca desde luego un camino
que sin rodeos le lleve al punto propuesto
lo mas via recta ()osibIe ; del mismo modo
el que trata de instruirse no anda divagan-
do de libro en libro como mariposa , n¡
lee con presura y sin reflexión, sino que
elige pocos pero selectos libros de los que
felizmente poseemos, y fijándose en ellos se
alimenta con su saludable doctrina , perdo-
.nando el recreo que podía proporcionarle
lina lección vaga é instable.
Alejandro ¿Aqui se hallará sin duda
alguna el libro que se quiera de cuantos se
han publicado ?
EL Padre. Aunque el numero de ejem-
plares de esta biblioteca es muy considera-
ble, pues pasa de doscientos mil , con todo
hay bibliotecas en Europa que la llevan
gran ventaja. Ya os presentiré yo un catar
logo de las principales bibliotecas, y el nú-
mero de, ejemplares que contienen ; pero
generalmente hablando, por bien surtida
que esté una biblioteca, todavía no hay se-
guridad de encontrar en ella todas las obras
publicadas. Apenas habrá curioso cjue en su
(34S)
colección no posea algún libro en el que
concurran tales cir( un^unc¡as|que su due-
ño se lÍ8ongee no se hallará otro semejante
en las bibliotecas. En esta misma ^^á pesar
de ser la mas surtida de España^, sucede el
preguntar en el índice por alguna obra 5 la
eual ó no existe, ó no saben dar razón 4p
•ella.
Enrique. ¿Papá, qué cosa es el //i-
dice ?
El Padre. Venid á esta sala y lo ve-
réis. El ín<lice se compone de una serie de
libros uianqscritos , en lú^ que por los ape-
llidos de los autores dispuestos en abece-
dario eetan clasificadas todas sus obra^jin»
dicando^y de aquí el nombre de ¿íidüce^ la
«ala , el estaate y la tabla que ocupan eri
la biblioteca. Cuando el empleado a qoiepi
6e pide un libro no sabe su paradero, re-
mite ai lector al índice , y allí con la ma-
yor facilidad le dan la razón apetecida, con
la que marcha en busca del libro queso-
licita.
Enrique. D\g2k V., papá , ¿ cuando está
abierto este establecimiento ?
El Padre. Escepto los dias festivos y
las temporadas de estero y desestero , arre-
glo y limpieza de libros, todos los demás
^3
e ía^ diez á^ ks des meno§ cuarta se
qoeáoi a! poblico con estraordioaria
genefbéíSad doscientos mil volúmenes a
disposlcibti del que quiera iiojearlos , ofre-
ciendo ^ ademas • recado <3é escribir , por si
alguno tiene qtie sacar copias ó esíractosí;
tíe tóbdo que córí la institociojí da las bi*
bíiotecas y la invención ntilisima de la im-
prenta ,"coalqui:éi|á puede ponerse al cor-
tiente en pocas horas de los últimos resul^
tados dé las investigaciones dé mnciiQs sá-^
ios antjguos y, modernos.
^J^e/a/icf ro. ¿Gljocnrrifá todos los dias
locüa ■■gente»;. . , _^nió'es' asi y papá.? ■
Si inflijo :mio%^|)U€s son muabos.-los q-iiue
ir o^fcesidad^ ' o% ñtiim ^ tieneri-^ que ^ vaierse
de la 'ledíorae Eb prfefciso distfBguir, entre
^ los concurrentes "qifc' ^t^enen por neceBidad
y -de t^rde en; t£rrde-^--^á'^ un'númei:5o.-^no pe-,
qoeño que podémds llamar de párroquia-
Dos. ffiítre J estos^^^'óéépan^ el primer lugar
moclibs'joverié]tl&S''l:|áe'']een^ novelas .á io-
do pasto ^ y otros que para formar la com-
■ posición* 'hojeaiíifcfos' '^pesadl)s^':á¿cck)á.ar¡os.
Áüi un novel literato eorísulta las antigiias
créaicas cubiertas depol^o^ijuscando en
I a¿ leyendas feudales f en los monumentos
dé It ^ad media algiih asunto Í0teresaute
(347)
,^iie esplotar , y otro mas acá reviieíve J^s
antiguas producciones teatrales para zurcir
su comedía nueva. Suele verse también con
mucha puntualidad algún señor mayor que
calados los anteojos está devorando algún
colosal volumen , sin que levante los ojoa
del libro hasta que el retintin de la cam*
panilla anuncia la hora de salida. Uno lee
los periódicos de la época , otro copia , es*-
te traduce, y de este modo empleati cuatro
horas reunidos y en apacible silencio mu-
chos individuos de diversas edades, estados
ycOricncif>neí!;.
Eugenio ¿Aquellos quince ó veinte li-
bros que hay aUi reunidos tan iguallíos,
compondrán sin duda una sola obra ?
El Padre: Varias obras veréis que
constan de una infinidad de tornos^ espe-^
cialmente entre las de lossaotos Padres qqp
están contenidas en esos ricos estantes de
nogal con columnas de basas y capiteles
dorados. Solo en las bibliotecas veréis esas
obras magnas que se publicaban antigua-
mente ^ las que aunque no carecían de far«*
rago, con todo indicaban de parte del au-*
tor una lectura y un trabajo ímprobo ; pero
en el dia á las publicaciones en folio han
sucedido las en cuarto, a estas las en octa«
(348)
vo, y ahora parece que es el siglo de los
periódicos, que todo lo han invadido.
Recorriendo esta sala donde se conser-
van las ediciones y encuademaciones de
lujo, bajaremos al piso inferior, donde se
custodian las obras inéditas, las prohibidas
y mas de veinte mil preciosos manuscritos
en diversas lenguas.
Eugenio. Quisiera yo saber cuantas bi-
bliotecas públicas hay en Madrid, ademas
de esta que vamos recorriend<}.
El Padre. Solo hay dos , la de S. Isi-
dro, que está á cargo de los PP. lesuitas,
y la de la academia de S. Fernando, que
es sumamente pequeña. En este particular
se puede decir que mas hemos perdido que
ganado, pues es notorio el grado de ilus-
tración en que se hallaba la España preci-
samente en la época mas funesta á las cien-
cias y la literatura. En tiempo de los ára-
bes, cuando la Europa se hallaba sumer-
gida en la mas crasa ignorancia , se conta^
ban en España mas de setenta bibliotecas
publicas mas ó menos enriquecidas^ en las
que estaban^depositadas las producciones de
los sabios que ilustraron al género humano,
y en las que sin duda se formaron aquellos
escritores famosos de que se glorian Sevilla,
V
(349)
Córdoba , ^Granada , Valencia y otras du-
dades.|Sin irftan lejos ^ antes de la guerra
de Ja independencia existían abiertas en
Madrid muchas mas bibliotecas de conven-
toa y de particnlares, y es mas de notar la
escasez del día, al saber que en Paris hay
trece bibliotecas abiertas al público: verdadl
es que alli existe un aumento considerable
de población respecto de Madrid ; pero
tampoco hago mención de mas de cien
surtidos gabinetes de le?ctura que hay en
aquella capital , y de los que nosotros ca-
recemos. Las libliotecas son casi el ter-
mómetro de la ilustración de las naciones,
y sus progresos van íntimamente unidos
con los de las ciencias y literatura. Deaqui
se deduce que nunca puede haber esceso en
protejerlas ; al contrario , es interés del
gobierno el fomentarlas , pues tratándose de
reformas, la primera y mas fundamental
que parece debe hacerse es la de difundir
los conocimientos que han de facilitar el
camino á las reformas sucesivas.
Enrique. ¡Esta úítima .«ala , qué boni-
ta CF.... , y no tiene libros como las otras!,..
Fl Padre. No ; pero en eso magníficos
estantes de caoba que veis, se guarda una
rica colección de monedas antiguas de oro.
(35o)
plata, hierro ^ cobre y otros metales de di-
ferentes épocas y naciones. Se llama la sala
del trono por el solio del monarca que veis
alli al frente ^ y ademas de las muchas mo-
nedas y medallas romanas ^ godas , ára-
bes ^ Scc. &ca , se conserva una preciosa co-
lección de camafeos ; por cuya ra^on , si la
biblioteca real es inferior en el número de
volúmenes á algunas de bs conocidas, en
medallas y monedas lleva ventaja á todas
las de Europa.
F. F. rUlabrille.
em
de las principies
compapativa
bibliotecas públicas de E
Bibliotecas. Volúmenes, Manuscritos,
La biblioteca real
de Madrid tiene
La del Escorial
La real dé Lisboa
La real de Paris
La de la univer-
sidad de Türín '
liZ del ducado de
Parma
La de Florencia
La biblioteca \%-
ticana
La Angélica
La de la univer*
sidad de Bolonia
La de Mibdena
La de Ñápeles
La biblioteca im-
perial de Viena
La de Praga
La de Venecia
La de Milán
La deAmbrosiana
La imperial de
SanPetersburga
La de Varsovia
La biblioteca sue-
ca de Üpsala
aooS).
lio®»
I I 0$m
looS).
í6o®.
1509^
lao®.
60®*
10^.
•*?9y •aqenias
® 'foll etpáf
líobrassi^^ítas
í^^
iS,
Bíbíiottcái*
La tea I de Copen-
hagne
La real de Lon-
dres
La del museo bri-
tánico
LadeEdimburgo
La de DubliW
La de Bruselas
La deLeydeííi
La real de Berlín
La dé Breslati
La de Gotínga
La de V Velfen-
buttel.
La real de Dresde
La de Weimar
La real de Hutt-
gardt*
La del instituto de
Munich.
La de Landshut
La de Erlangen
La de Hainburgo
Volúmenes
300®.
I ooS*
Manuscritos*
150®*
50®.
70S.
8o®,
409«
a®*
40®.
1 60®.
10®.
io@®.
a80®.
170®.
ft5o®*
111® y
10®.
3®y lo® obs.su f«»
flo® obras sueltas»
I00®«
lOO®.
8500I
cS.
(353)
Máquina monda por el Galmnismo.
Se ha hecho en Bruselas en casa del
mecánico Lema iré el ensayo de una má-
quina movida por una fuerza aun no em-»
picada por la mecánica. Esta fuer/.a es el
galvanismo ^ que desarrolla la virtud mag-
nética en el hierro. La nueva máquina se
compone de un volante horizontal de co-
bre^ en cuyo plano está situada una barra
magnetizada por una pila galvánica. La
barra hace dar vuelta al volante para si-
tuarse entre dos imanes cuya posición es
constante ; pero al llegar á esta posición de
equilibrio la corriente eléctrica cauibia de
sentido, reemplazando con una repulsión
la atracción que dirijia la barra. Esta, en
virtud de la velocidad adquirida, conti-
núa su movimiento de rotación siempre en
el mismo sentido. Ya se sabe la grande e-
nergía que comunica al magnetismo una
corriente galvánica , y es de esperar que se
podrá aplicar un dia á mover masas con-
siderables. Como quiera que sea , la mecá-
nica se halla en posesión de una fuerza
nueva. Esta máquina ejecutada con toda
felicidad por Mr. Lemaire , ha sido inven-
tada por Mr. Guillery, profesor de Bruselas.
(3H)
€íííifari0tt 'be ^úxhm
De las preposiciones y conjunciones.
Eugenioi Papá, los sorel o-mudos ya
conocen los dos alfabetos inanuales , el uno
para las letras aisladas y el otro para las
preposieíones y conjunciones; pero estas
últimas son muchas mas que las que marca
el alñibeto, ¿cómo se le han de enseñar al
sordo- mudo?
El Padre. Hijo mió, él mismo ha de co-
nocer la necesidad de ellas, y cuando en
úná frase falte una palabra y no pueda co-
locar la que él sabe ya está en camino db
descubrirla como verás.
Los sordo- raudos manifiestan como he-
mos visto ya con facilidad los pensamientos
que se limitan á la simple vista de la con->
Veniencia ó de lá desconveniencia del ?uge-
to y dé la cualidad : manifiestan ' todas li^
acciones en una y otra forma, la actividad y
la posibilidad; pero con respecto á el como
se egecutan las- acciones , su objeto , el térj-
mino, la f azon , el motivo &c. Carecen de
medios para conocer estas diversas eircnn^
(355)
tancias. Ignoran ann que un solo verbo acti-
vo puede tener por complemento directo ó
régimen muchos objetos que pueden formar
otras tantas proposiciones desunidas si á
propósito de cada uno se repite el sugeto y
la acción 5 y por lo mismo antes de hablar
de las preposiciones á los sordo-mudos ^ es
menester enseñarles esta especie de elipsis;
y he aquí el procedimiento que yo empleo
y el que recomiendo que usen todos los
que se dediquen á instruir los desgraciados
sordo-mudos*
Pongo sobre una mesa los mismos obje-
tos que nos han servido en los procedi-
mientos anteriores, Tomo uno solo, les hago
señas para que den cuenta de lo que acabo
de hacer v escribe uno de ellos.
Juan ha tomado pañuelo.
Tomo un segundo ^ y otro escribe se-
gunda frase igual á la i.^
Juan ha tomado relox^
Tomo un 3,^, 4.^, 5.® &g , y escriben
otras tantas frases cuantos objetos nieven
tomar.
No es indiferente escribirlas de tal ó tal
modo para conseguir el resultado que s^
desea obtener , y por lo mismo les hago es-
cribir sobre una misma linea 5 la una en
(356)
seguida de la otra , separadas por otra linea
perpendicular, cuidando de que pongan so-
bre cada palabra la cifra ¡ndicadoi a del pa-
pel que egerce la misma en la preposición,
y cuyo procedimiento es como sigue :
í « * 3 [ t I a 3
Juan ha tomado* pañuelo Juan ha tomado relox
^ I I a 3 1 í I 2 3
Juan ha tomado tintero I Juan ha tomado libro
Les hago observar que se ptieden omitir
en cada frase las palabras que se hallan en
la primera , que la repetición de estas pa-
labras inútiles las borran inmediatamente
no dejando subsistir mas que las cifras colo-
cadas encima y he aqui lo que qu^da:
I I a 3 1 « I ft 3
Juan ha tomado pañuelo I relox
I ! a 3 j I I a 3
tintero j libro
Disminuyo las líneas de separación has-
ta reducirlas al signo de la simple virgula,
y no dejando el lugar de las palabras supri-
midas nos resulta el procedimiento si-
guiente:
^* ■ í i 3 3 3 3
Juan ha tomado pañuelo, tintero, relox, libro
(357)
Asi es como llegamos sin ningún esfuer-
zo aprovechándonos únicamente de la oca-
sión que se nos presenta al conocimiento de
la virgula que ocupa el primer lugar en la
puntuación, y asi escomo se preparan á la
lección de las preposiciones.
Les digo que los objetos que tengo en
la mano los voy á llevar á una caja, y los
llevo en efecto. Mando á uno de ellos que
dé cuenta por escrito de esta acción. Le Im-
go que cambie únicamente el verbo de la
última frase, y añadiendo el nombre de ca*
ja á los nombres de los objetos y la frase
quedó construida asi :
Juan ha llevado pañuelo, tintero^ relox, libro, caja.
Aqui se nota una falta ; pero los sordo-
mtados no tienen aun ninguna idea de la
preposición; ni de la necesidad que tenia-»
mes de ella, en el discurso. Si se les hace
señas que escriban encima de todas las pa-
labras de la frase bs cifras correspondien-
tes escribirán la cifra 3 sobre la palabra ca-
ja como lo hablan hecho sobre todos los
nombres precedentes.
No es tiempo de turbarles , ni ha-
cerlos conocer de otro modo que por sus
(£58)
propias investigaciones, las faltas que po-«
dian cooieter. En este caso me contento con
llevar la caja cíomo todos los demás objetos
haciendo al mismo tiempo ei signo de que
me obligaban á ello, y di á la palabra caja
la cifra que no convenia mas que á los ob-
jetos que estaban bajo la dependencia del
^érbo, y que reciben la iaflueacia de sil
acción.
La perplegidad de los niños esestrema-
da; pero se les ve salir de ella, á la mane-
ra que sale la cbispa del pedernal golpea-
do con el acero disipando nuestras tinieblas
y poniéndonos en camino de lo que busca-
mos^ y aunque seria mas corto ei hacerles es-
oú\^\v\ví preposición (\UQ nos ñd taba , conie^
teriaraos un error acostumbrándolos á no ade-
lantar nada masen el camino de los conoci-
mientos , que lo que adelantan en el suyo los
que lo hacen siempre en un carruage. ¡Qué
errbr tan imperdonable cometería si mis
discípulos no aprendiesen mas que lo que
yo les dictase, sin buscar por sí; mismos
nada ! (i)
(i) Cuando la educación no deja'discurrir al '
educando contentándose el maestro con que le imite
aquel material b rutinariamente; no sera jamas sino
una maquina cuyos movimientos carecen absoluta*
(359)
Vuelvt) al procedimiento de 1 a propmi-
:eion ^ctiya seguida de su complemento;.
Idilio aplicación de este procediaiiento 4 ca-
da uno de los objetos llevados de la mane-
jra siguiente:
]uan lleva j Pañuelo es llevado
Es necesario decir del mismo modo res-
pecto a la ca/a pues que su nombre estaba
marcado por la cifra 3 asi como los oíros
pbjetQs.
Juan lleva { caja es llevada
Los mudos quedan convencidos , de que
ésta cifra no puede convenir á aquel nom^
bre pues que él no podrá convertirse colmo
Ibs otros en sogeto de la frase pasiva com-
plemento de la activa, ¿Pero qné c*ifra sé ha
de dar á este nombre, pues que nv 3^ ni ia
ni I le conviene? ¿ Qué papel baria en ía
frase? Esto es lo que yo^büéco y lo que Ids
■'•'.'■• f .■' ■■ .. ,■ 'i ' í
líbente de racionalidad ; ya esta vienen á redumr§e
los Sordo-mudos por el méíodo gu.e desgraciadaibep-
te se sigue en nuestro colegio de Sorclo-mudoSo No
es fácil atinar con la causa de tan pertinaz próe^e-
der á vista de lae obvias ventajas que¿ resultan del
métoda.que yo he adoptado..
(36o)
sordo-mddos deben hallar sin el maestro:
he aqni una muestra de lo avanzados que
esran pues que saben que el nombre de lá
caja no es ni sugeto de la proposición ( no
pudiendo señalarse con la crifra i) ni el
complemento de la proposición activa no
Siendo y no pudiendo ser sugeto de la pro-
posición pasiva.
Mis discípulos no saben que hacer de
este nombre que no depende de ninguii
otro, bien diferente de los demás niños que
preguntan sin cesar que se les indique ó
apunte , ellos nada preguntan. Esperan sin
impacientarse que algún procedimiento nue-
vo como XJamino seguro venga asa rcarles del
escollo en que se encuentran, pero esta es fe-
ilizmente la ultima dificuliad que podia hallar-
se en la ñ'ase simple y he aquicomo se vence.
Me presento delante de los sordo-mudos te-
niendo en una mano los objetos que voy á
llevar preguntándoles por mis miradas , sí
era necesario llevarlos sobre el banco á que
hizo uno de ellos con la cabeza un signo
negativo. Les pregunto si estaban sobre la
mesa, y respondieron aun por el mismo
signo. Les preguntaba aun con Jos ojos para
pedirles donde debia yo llevarlos (signo in-
terrogativo que habia yo aprendido de ios
(36 i)
mismos sordor-mudos ) y me respOncl¡eron
indicándome la caja qqe me rnostrq qna
con el dedo.
Me aprovecho de este signó que esf
precisamente el de ja prpposicion mism^
cuya A no es mas que su traducion la ac-?
cion del índice dirigido hacia la caja es
traducido por A. La dificultad queda van-?
cida , ya comprenden bien la necesidad de
l>a preposición ^ aprenden la palabra misma
y llenos de alegría escriben i§ frasp si-?
guien te;
Juan ha llevado pañuelo, tintero, rjelox, l¡t>rQ A pa}^
Cuando llegan á este caso ya no hay ne-t
cesidadde decirles mas, conocen la })3|:uraT
leza de la cifra que jdebien empljear y m e§
que escriben 3 sobre |a prepo^icipij y § pp^
bre el complemento.
Por estos egejrcjciGs quedan idpsciibier-
tos los medios de comunicación y ppdria
decirse quje desd^e este dkhpsp ftioroenfQ
estos desgraciados dejaban de ser sofd|DS y
mudos con sus ojos pueden Piedir pl l^tefi^
Talo que falta que recorrerá
Siguiendo nuestras investigaciones ¿es^
C|i|)ri,mof que 1? preposiciion A nos indipa-T
(362)
rá toda la serie. La preposición hallada in-»
dicada es objeto hacia donde se dirlgia, la
cnal como la mayor parte de las otras debe
tener su preposición opuesta y esta es DE
que se puede ingerir en la misma frase y
decir
DE banco, Ramón lleva pannelo , tintero , felox» liBro A mesa.
Trazo una línea qué comienza en la
proposición DE y que se termina en la A*
La primera de estas preposiciones de-*
signa el higar de donde se quitan los obje-
tos, la segunda á donde se llevan.
Después de un largo egercicio sobre es-
tas dos preposiciones se pasará á las otras
aplicándolas á las acciones, y oponiéndolas
unas á otras como en los ejemplos si-
guientes:
Antonia estará en jardín I Pedro estará fuera ¡^^¿if^
ll^auel ha pneslo globo sobre mesa j £1 ha puesto cepll.o bajo mesa»
Ramón ha venido con madre • Rafael ha venido sin madre
Pero los mudos aun ignoran que la pre-
posición con su complemento pacde transa
ponerse, y hay necesidad de enseñarles es-
tas transposiciones.
La preposición ligada con su comple-
mento era una porción desunida de la pro-
posición y que era ai mismo tiempo una es-
pecie de proposición que sirve para maní--
festar una circunstancia de la proposición
principal y por alli es por donde se les
acostumbra á servirse del adverbio cuya na-
turaleza se diferencia poco de la prepo-
sición seguida de su complemento.
Sin embargo hasta después de mucbsis
lecciones consagradas á la investigación de
todas las preposiciones no puede pasar ál
estudió de adverbio
(364)
Debajo de los itiiserables andrajos ^ úl*
titnd trage de un jugador die distinción y
riquezas, á quien su vicio habia degrada»^
do y envilecido ^ pusieron el letrero si-
guíente: "Ultimo trage del señor don Fu-*
lan§,i y seguiaa todos sus títulos y conde-
coraciones;
¿ Queréis consolar á üri infeliz? Guar-^
doos de decirle que se consolará , decidle
por el contrario que nunca podrá conso-
larse^
ÜÉHHMHMMHtaaéMAri
En 1 699 , reinando en Francia Luis ÍX,
y cuando el marques de Lyonne era mi-
nistro de negocios estrángeros , dio en Su-
reña una audiencia al enviado turco , en la
que se sirvió el primer café que se vio en
IPrancia, La gaceta de entonces que lo anun-
ció le dio por dos veces el nombre de cm^é^
o que prueba que tan poco familiarizados
staban coa el nombre como con la cosa.
(3^5)
El Sr, Gé***á quien estaba confiada una
casa de comercio de París ^ recibió una su-
ma de 1 5^ francos para hacer diversas
compras. El infeliz entró en una casa de
juego y perdió toda la suma: de allí se fue
á los campos Elíseos y se levantó la tapa de
los sesos á los veinte y cinco años de edad.
Los holandeses riegan por la prlrhaVfe-
ra los árboles cubiertos de musgo con aglia
de cal, lo que corroe el musgo sin atacará
la corteza del árboK
Un sngeto enviado á dej^ositar una su-
ma de dinero en el banco de París, entró
en una casa de juego de Palals Royal con
la esperanza de duplicar la suma de que
era portador; mas habiendo salido sin un
cuarto 3 se ahogó arrojándose al Sena.
Se riega la tierra con agua de lluvia en
la que se halla incorporado media onza de
aceite de vitriolo. Al cabo de algunas horaa
(366)
todos los insectos que abrigaba aquel terre-
no escapan ó perecen en él. Se puede regar
una grande estension de terreno con tres
libras de aceite de vitriolo*
Yendo por la primera vez un estudian-
te á caza de conejos , le avisaron los caza-
dores prácticos que no hablase luego que
los viese ü, porque los asustaria ; á poco des-
cubrió muchos en un pradillo ^ y esclamó
diciendo: Ecce cuniculi multiv los cone-
jos á la voz tomaron la fuga y desaparecie-
ron. Reprendiéndole el descuido los com-
pañeros, respondió: ¿Quién hahia de pen^
sar que los conejos entendiesen el latín ?
Luis Felipe ha regalado al joven Le-
vesque , alumno del colegio Rollin , la co-
lección , completa de los autores clásicos
franceses;, publicada por Lefebre /magnífi-
camente encuadernada y adornada con sus
armas, en recompensa de los cinco prime-
ros premios que ha obtenido en los exá-
menes públicos*
(367)
Casa de pensión hajo la dirección de don Fran^
cisco Serva ^ establecida con r^al permiso en
Madrid , calle de JBarrionuevo*
Convencido el director de que las ofertas mas
lísongeras nunca equivalen á los elogios que se de-
ducen de los reguUados que ofrece el tiempo , al
anunciar al publico el ensanche que con aprobación
de S. M, acaba de dar al establecimiento de ense-
ñanza pi^imaria, que por espacio de doce años ha
tenido abierta en esta corte en la cf|lle del León ^ se
limita á decir que en la dirección de él no omitirá
gasto ni diligencia alguna para corresponder á la
confianza de los que 1^ honren eijcaigáadole la
educación de sus hijos. La asistencia mas esmerada,
losjnejores profesores en todos los ramos que abra-
za la enseñanza , y el mas vivo interés para lograr
los adelantos de los alumnos, son las bases sobre
que girará la dirección del establecimiento ; por lo
mismo, conociendo que el local que habitaba en di-
cha calle del León no reunia todas las circunstan-
cias necesarias para la mas cumplida comodidad y
desahogo de los alumnos, se ha trasladado á la ca-
sa que ahora tiene el honor de ofrecer al publico,
donde ademas dé los espaciosos y ventilados dormi-
torios, comedores y otros sitios para las aulas res-
pectivas , hay un hermoso jardín y grandes patios
para las horas de recreo.
El establecimiento abraza los ramos de ense-
ñanza siguientes :
Primeras letras, latinidad, francés, ingles,
italiano, matemáticas, geografía astronomía, física^
dibujo, música y baile.
Los profesores son los siguientes: el director
con el correspondiente numero de profesores subal-
ternos para primeras letras y latinidad don José
Marqueta, para el francés don Mariano Nicolás Pe-
f368)
rez, para el ingles don Sebastian Fábregss, parar
el italiano don Agustín Oliva y Moreno, para ma-
temáticas don Miguel Dolz de Castellar, para geo-
grafía don Sebastian Fábregas, para dibujo el mis-
mo director, para rpiisica don José Sobejano Ayaia,
enseñando por los métodos compuestos pqr él mis-
mo, y para baile don Andrés Beliuzzii
Habrá tres ciases de alumnos, á saber; pensio-
nistas, medio pensionistas y estemos,
Sprá de cuenta de los alumnos la compra de li-
bros y parteras, y del establecimiento el surtirles de
papel, plumas, tinta y demás ufensilios.
El eqnipage de cada pensionista debe constar
de tablado pintado al oleo, dos colchones, cuatro
sábanas, dos tirantas ^ una colcha, dos almohadas,
cpatro fundas, dos toballas, dos servilletas con su
aro, peines, cepillo^ uti cubierto y vaso de plata;
debiendo ser la ropa de su uso la mas decente po-
sible.
Se les dará chocolate ó almuerzo por desayuno,
á medÍQ dia sopa variada, buen cocido, principio y
postre, fruta del tiempo para merendar, y á la ce-'
na guisado, ^nsal^da cocida ó crtida, y algunas ve-*
ees fruta.
No se les permitirá mas salidas que los prime-
ros y terceros domingos de mes y las vacaciones de
reglamento.
Los medio pensionistas deberán tenef una to-
balla, un cubierto y vaso de plata con un arq pa-
ra la servilleta 5 que deberán mudar lunes y jueves.
Estos comen y meriendan con los ¡nteri:>o§, saleiiL
unos y otros á pasgo los jueves por la larde , y en
los demás dias tienen algunos ratos de desahogo.
Nada mas üíií que el aumento de colegios par-
ticulares, y el de don Francisco Serra asegura los
(369)
mas felices resultados. La elección de tan dignos
como esperimentados profesores atraerán á su esta-
blecimiento lo mas precioso de nuestra juventud : el
difícil como necesario estudio de las lenguas vivas
inglesa y francesa está desempeñado por los bien
conocidos maestros don Sebastian Fábregas y don
Mariano Nicolás, y esto solo llamará á su casa á
los distinguidos jávenes que deseen poseer dichos
idiomas. La esmerada asistencia de los pensionistai
inspeccionada por una madre de numerosa y tier-
na familia ; la asidua vigilancia del director , que
sin separarse de las clases observa sus juegos y re-
creaciones , acompañándoles á los dos paseos sema-
nales, debe inspirar toda la confianza á los padres.
Esta reunión de circunstancias que nos hicieron
vaticinar un buen éxito al establecimiento de don
Francisco Serra , han superado á nuestras esperan-
zas viendo con el mayor placer que en el corto es-
pacio de dos meses cuenta ya mas de cuarenta in-
dividuos de las dos primeras clases. Padres de fa-
milia 5 no titubeéis en depositar vuestros hijos en la
Casa pensión úe Barrionuevo: los cuidados higiéni-
cos están á la par con los de la educación ; de tan
hermoso establecimiento , formado según los deseos
que manifestó desde un principio la Minerva ^ sal«
drá una juventud robusta y sabia. "
(370)
índice
de las materias contenidas en el como 4'
Páginas.
A mis lectores • ♦ .
Efemérides ....
A las jóvenes . . ,
El pian de educación .
Los cangrejos. • . •
Eduardo y Florentina •
Laacadíímia de ciencias
De la religión cristiana
La salud y las riquezas
Los perros célebres .
Educación física. .
Biografía . • - •
Las hormigas •
Educación de ciegos .
Modo de enseñar la moral
Instrucción primaria.
Mosaico ... .
Literatura. . . • .
Efemérides ....
Los hijos del rey Eduardo
Instrucción primaria
Los dos hermanos . .
Educación física
El amor fraternal . .
Oda de idem. . . .
Utilidad de la miísica .
3.
6.
as.
34-
38-
42.
55-
os-
83*
89.
97-
99-
1 12.
117.
122.
128.
130.
13S.
í^í)
Paginas.
Biografía 5 Milíon^ •' . .
Él cerro del Mirial • • •
Emigración de las aves «
Antigüedades de Segovia •
Lápidas del Benafelis. •
Conocimientos útiles • •
Geografía de Prusia • •
Educación de Sordomudos
Mosaico •••••!
Efemérides • • » • •
El perro de Montargis
Religión • • • .• » •
El méndigo • • • « •
Educación física . • ♦
El real museo militar • .
Educación primaria . •
Biografía. Numa Pompilio
Historia natural . . •
El acueducto segoviano •
El gilgusro y la rana .
Julia y el Perro . . .
Geografía
Educación de ciegos . •
Mosaico
Anuncio industrial . . •
Efemérides
Batalla de Areola . . •
El Napoleoncito
Educación física
Víctor, h la indolencia .
De las casas de juego . •
La pasión del juego
Feniraoore Cooper • »
146»
149*
i6r«
i65.
17o*
1 78.
lU.
19U
163.
^63.
s,ot^
ao3.
&a8«
^33-
&44«
249.
£56.
d6a«
a6f.
^73-
281.
283.
292»
305*
310.
316.
320.
32a.
/
í Páginas.
Historia *••••••• 3í5,4,
Cortesía y urbanidad • • , , 33a.
El Parthenon de Minerva . • 338.
Las bibliotecas • • • • • • 341*
Edücacioh de Sordo- mudos • . 354.
Mosaico . . • • • • • • 364,
Anuncio • « • • • • • 368.
'-.■»%
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